A 123 AÑOS DEL EPISODIO  

La Revolución Radical del ’93 en Azul  

 

 

El pasado sábado se cumplió un nuevo aniversario de la Revolución iniciada en el territorio bonaerense y, también, en otras provincias argentinas contra el régimen fraudulento imperante. Hipólito Yrigoyen y otros revolucionarios radicales perpetuaron en nuestro pueblo la primera acción de una lucha que, aunque en principio se vería derrotada, marcaría el puntapié inicial de cambios sustanciales para la política del siglo XX.

Hipólito Yrigoyen junto a otros revolucionarios radicales comenzó en Azul una lucha que significaría el puntapié inicial de cambios sustanciales para la política del siglo XX.
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Hipólito Yrigoyen junto a otros revolucionarios radicales comenzó en Azul una lucha que significaría el puntapié inicial de cambios sustanciales para la política del siglo XX.

 

Por Eduardo Agüero Mielhuerry

El 30 de julio de 1893, procedente de Las Flores, Hipólito Yrigoyen arribó de incógnito en tren a Azul…

Desde la Revolución de 1890, la Unión Cívica se presentaba ante la sociedad como una organización que proponía una nueva forma de hacer política. Pero en su seno se percibían notables diferencias entre sus dos conductores. Los objetivos de Alem y Mitre eran notablemente diferentes. Sólo coincidían en expulsar a Juárez Celman del gobierno. Pero mientras Alem luchaba por elecciones libres y transparencia gubernativa, el mitrismo, aliado con el roquismo, pretendía recuperar el poder para colocarlo en manos confiables que aseguraran que nada cambiaría.

La Unión Cívica Radical se orientó hacia la intransigencia. Sus dirigentes negaron la legitimidad del acuerdo entre mitristas y roquistas y decidieron pasar a la resistencia.

A principios de julio de 1893 se realizó una importante reunión entre el ministro del Interior, el cívico Aristóbulo Del Valle, Leandro N. Alem y Bernardo de Irigoyen. Los dos líderes radicales se esforzaron por convencer a Del Valle para que diera un golpe de Estado y asumiera el gobierno con el apoyo del radicalismo. El ministro se negó para “no sentar un funesto precedente”. Fracasada esta gestión la Unión Cívica Radical se lanzó a la lucha revolucionaria.

En su campo “El Trigo”, ubicado en el Partido de Las Flores, Hipólito Yrigoyen se había retraído un tiempo atrás pergeñando su revolución contra un régimen político fraudulento y autoritario que, según su visión, hundía al país en una profunda crisis política, social y económica. Tras un importante esfuerzo logró reunir un gran número de hombres a los cuales se ocupó de armar.

La Revolución del ’93 fue la primera en concretarse en la provincia de Buenos Aires y comenzó, tal como lo había decidido el “Peludo”, con la toma de la ciudad de Azul. Aquel frío día invernal Yrigoyen llegó con una considerable fuerza revolucionaria armada con la cual buena parte del pueblo azuleño hizo causa común “porque el gobierno municipal era un semillero de escándalos y latrocinios” de la mano de los hermanos Manuel y Evaristo Toscano.

Las autoridades comunales y los toscanistas se atrincheraron en el Palacio Municipal. Sin embargo, pronto debieron deponer su actitud. Hipólito Yrigoyen armó una comisión y puso al frente de la Comisaría al “Gorra Colorada”, el Comisario Luis Aldaz, quien supo con habilidad persuadir a los que se resistían. Empero, además, Yrigoyen había traído en el tren un valioso rehén: ni más ni menos que Evaristo Toscano, el conflictivo diputado e intendente de Azul. Encontrándose en Las Flores ansioso de llegar a Azul, Toscano se había enterado de la llegada de un tren y creyendo que era ordinario se subió en uno de los coches. Así cayó en la trampa…

El doctor Narciso Mallea, como testigo de los episodios, un tiempo después hizo una extensa descripción de los mismos destacando: “Hipólito Yrigoyen está en el centro de un montón de gentes envuelto en una enorme humareda, todos fumaban, menos “el cristo mudo”. Viste de chaqué. Está como si tuviera que dictar su clase en la Escuela Normal… Se ve en él una severa energía; no levanta la voz, ordena sin descompostura. Una boina se mueve por encima de todas las cabezas, es el Comisario Luis Aldaz… que ha venido a incorporarse a Yrigoyen.”.

En Azul, que era un pueblo fundamentalmente mitrista (vale mencionar que entre los múltiples homenajes que desde Azul se hicieron en vida de Mitre, la calle paralela a las vías del ferrocarril, hoy llamada Islas Malvinas, llevó el nombre del ex presidente), el radicalismo no tenía caudal político, pero la revolución pudo triunfar, paradójicamente, gracias al apoyo de los seguidores del general Bartolomé Mitre que constituyeron los contingentes más numerosos para la lucha.

Con el doctor Isidoro Sayús en la Intendencia y Luis Aldaz en la Comisaría, Yrigoyen, la Junta Revolucionaria y la tropa radical pasaron a almorzar en la cancha de pelota de Miguel Olasagasti. Luego, Yrigoyen se fue tan silencioso como había llegado…

Pasando por Sierra Chica, los revolucionarios se dirigieron a Olavarría, que había sido tomada por el Dr. Ángel Pintos, a quien Yrigoyen dejó al frente de la situación aunque no era radical. Dominada la ciudad vecina, las numerosas fuerzas, engrosadas con la policía de los sitios tomados, partieron a Temperley.

La revolución que se había iniciado simultáneamente en más de ochenta ciudades, triunfó en todas partes de la provincia. El ejército radical llegó a contar con 8.000 hombres bien armados bajo el mando directo de Marcelo T. de Alvear. El día 8 de agosto tomaron la Capital e instalaron como Gobernador provisorio a Juan Carlos Belgrano (vinculado familiarmente a Azul).

Cuando ya se celebraba el triunfo de la Revolución, sus dirigentes cometieron varios errores que los llevaron a la derrota. En primer lugar, Aristóbulo del Valle se negó a dar un golpe de estado y desplazar al Presidente Sáenz Peña, como le reclamaban Leandro Alem y el grueso de los dirigentes radicales. Del Valle se negó a violar la Constitución y preparó un plan legal, por el cual intervino las principales provincias para luego garantizar elecciones libres. El Senado aprobó las intervenciones, pero la Cámara de Diputados no, y de ese modo hizo fracasar el plan.

El segundo error se produjo cuando Hipólito Yrigoyen liberó a Carlos Pellegrini, uno de los líderes clave del autonomismo oficialista, que había sido apresado en Haedo por los revolucionarios. Una vez liberado, se dirigió a la Capital y reorganizó las fuerzas del oficialismo.

Finalmente, el tercer error se produjo cuando, inexplicablemente, Aristóbulo del Valle decidió abandonar la Casa Rosada y dirigirse a Temperley donde estaba acampado el ejército radical revolucionario para estar presente en el momento de la entrega de las armas. Así, el 11 de agosto, Pellegrini y Roca aprovecharon astutamente los proyectos de intervención que aquel había mandado al Congreso, para hacer aprobar la intervención de las provincias de Buenos Aires, San Luis y Santa Fe, ahora en poder de gobiernos revolucionarios.

Cuando el radicalismo se enteró de la intervención, la única alternativa era que Aristóbulo del Valle desconociera la ley del Congreso y marchara a Buenos Aires con el ejército radical. Alem se lo pidió encarecidamente. Pero predominaron los principios legales de Aristóbulo del Valle y presentó su renuncia al gabinete el 12 de agosto, siendo reemplazado por el roquista Manuel Quintana.

El 25 de agosto de 1893 el Comité Provincia de la Unión Cívica Radical decidió entregar las armas. Aparentemente la Revolución había fracasado, sin embargo, había encendido la voz de alarma en el seno del régimen fraudulento gobernante, el cual haría su mayor esfuerzo para perpetuarse en el poder, pero no lo lograría por mucho más tiempo…

 

 

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