La Selección de Azul, a un “rulo” del título

Setenta años han pasado de un acontecimiento desde aquel carácter deportivo que calara hondo en el alma o el espíritu del pueblo azuleño. El motivador convocante fue “El Fútbol”.
Comenzaba cada 2 años el Campeonato Argentino. En la edición de 1948, la Selección azuleña disputa el primer encuentro con su rival eterno, Olavarría. El inicio no pudo ser más auspicioso: se impone nuestra selección por un resultado por demás optimista: Azul 5 – Olavarría 2.
Entonces, 16 años tenía y el fútbol era nuestra pertenencia, la pelota de trapo, la de goma, la de cuero con tientos. Todo es parte del folklore de este juego descubierto por los ingleses y al que le pusimos un sello muy particular.
En esos años el seleccionado había despertado cierta expectativa, pues estaban jugando en Azul Athletic valores muy interesantes, los que fueron convocados a la selección.
Superado este partido, Azul juega en Las Flores, desde donde vuelve ganador. Ahí se comienza a generar una expectativa distinta. El rival a enfrentar fue Maipú y Azul triunfó cómodamente, como local.
En éste, la alegría futbolera al máximo. El siguiente paso: Azul debe viajar a Mar del Plata. Poderosa formación la marplatense. Todos los preparativos en marcha, publicidad Cárdenas trasmite le partido y Azul se viste de fiesta. Logra el milagro futbolero ganado 2 a 1.
El próximo capítulo es enfrentar a otro cuco, Bahía Blanca. Luego de algunos intríngulis burocráticos, es Bahía Blanca el rival. Ahí aparece la figura del presidente de la Liga, Dr. Ricci, que ante el Consejo Federal justifica con creces que Azul debe ser local. Se designa la cancha de Athletic y en un día bellísimo se alinean las dos escuadras. Estadio repleto. Su modesto albergue se rodeaba con acoplados de camión, haciendo las veces de tribuna.
Nosotros en nuestro barrio y a las 10 de la mañana rumbeamos con chicos y algún grande (que no sabía de que se trataba) rumbo a la cancha de Athletic, para ingresar a partir de las 11, ubicarnos en la tribuna grande. ¡Qué hermoso lo que le relato! Qué delirio y entusiasmo.
También teníamos tribuneros alentadores, todos sepultados en el olvido. Los hermanos Porro, Lavolpe, el Indio Alaye. Eran los líderes alentadores. Todo se dio, Azul brillante, estampó un 5 a 0 a Bahía. Un lujo. En toda la región se reconocía tamaña actuación.
Pero…faltaba el último escollo para coronarse campeón de la provincia. Nos designan locales y el rival, la Liga Amateur Platense. En nuestro imaginario ego chacarero ya éramos campeones. Y ahí fuimos, colmados de optimismo, alegría, fervor, pero no contamos con el rival, más modernos veteranos del fútbol profesional. Y aquí lo impensado: en una jugada simplista, el wing izquierdo, el pelado Sabatini, shotea ubicado en la izquierda, el balón roda mansamente, sin pena ni gloria, nuestro portero Farina, como buen arquero se arrodilla para recogerlo y el maldito (que no era azuleño) hace un “rulo”, se escabulle de sus manos y nos hiere mortalmente. La Plata 1  – Azul 0.
Esta historia verídica, acompañada de mis recuerdos, no pretende ser sinónimo de conocimiento y no pretende ofender a nadie (menos a quienes se dedican a comentar deportes). Ustedes perdónenme. En tantos momentos que estamos solos, como ráfagas de vientos sopla en nuestro interior la nostalgia  –ese volver a aquello que fue, compañera inseparable de la lágrima íntima– y me otorga la valentía de animarme a charlar con ustedes. Con todo mi afecto.
Alfredo Simón Aranza.
En memoria de Miguel Oyhanarte y Alberto Clavelino.

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