La tercera edad

Mientras que para algunos la tercera edad puede significar el momento ideal para dedicarse a uno mismo, para abocarse a las tareas que habían sido postergadas en otra etapa de la vida, y aprovechar el tiempo libre para descansar, para otros no resulta tan sencillo encontrarle el lado positivo.

Y viven con pesar el proceso de envejecimiento. Los trastornos médicos crónicos, la pérdida de amigos y la incapacidad para realizar actividades que antes se disfrutaban, pueden generar tristeza, baja autoestima y ansiedad, entre otros trastornos que perjudican la vida emocional.

Las personas de edad avanzada pueden sentir que pierden el control de sus vidas debido a problemas varios, como ser con la vista, la pérdida de audición y a presiones externas. Estos asuntos traerían aparejado emociones negativas como puede ser la sensación de soledad, que a su vez podría conducir al aislamiento y la apatía social.

La depresión es una enfermedad que afecta significativamente la salud física y mental de las personas y tiene repercusiones en la vida familiar, social y laboral. Entre los síntomas que, de persistir en el tiempo, deberían entenderse como señales de una posible depresión, figura el desinterés en hacer las cosas habituales, las dificultades para dormir o, por el contrario, dormir demasiado, la baja autoestima, desajustes en la alimentación y los pensamientos negativos, entre otros.

Muchas veces se confunde la depresión con la tristeza, el decaimiento temporal, la falta de motivaciones y la situación de duelo que es frecuente como proceso y que es la reacción natural y normal a las distintas pérdidas: muerte de seres queridos, mudanzas, alejamiento de los hijos, soledad, separaciones, falta de cuidado y de afecto por parte de los familiares directos, la pérdida de grupos de referencia, entre otros cambios.

Todo duelo lleva implícito un estado de tristeza que a veces se prolonga en el tiempo. Muchas veces está precedido de estados de enojo y desconcierto, de aislamiento y desapego.

En los adultos mayores este estado de “duelo” suele agravarse con la aparición de tres miedos: a la vejez, a la soledad y a la muerte.-

El cambio de rutina que sobreviene a, por ejemplo, la jubilación suele resultar un momento difícil de sobrellevar hasta que se logre reacomodarse. Encontrarse con mucho tiempo libre, sin exigencias, sin responsabilidades a cumplir, entre otras modificaciones, repercute en el cambio de imagen que se proyecta para si mismo y para los demás. Las personas se interrogan acerca del sentido de la vida.

Se ha editado una guía que contiene algunas técnicas dé manejo personal para controlar los síntomas de la depresión y ejercitar el autocuidado. Entre ellas figura el pensamiento positivo (los hechos reales no se pueden cambiar, pero si la manera de verlos y de reaccionar frente a ellos), participar en actividades placenteras, salir a caminar, encontrarse con amigos, disfrutar de un excelente encuentro.

Si bien envejecer es una parte inevitable de la vida, la depresión no debe formar parte de ella. Para ello hay que ser consciente de las limitaciones físicas, respetar las preferencias individuales e interpretar expresiones de aliento y estímulo bien intencionadas y sentir que está recibiendo mucho afecto y cariño.

 

 

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