EN EXCLUSIVA, SE REVELAN ELEMENTOS DEL CASO

La “Triple A” fue la responsable del atentado contra el abogado Minellono

Claudio Minellono, abogado de sindicatos y concejal socialista. Artículo de El Tiempo sobre el atentado contra el abogado Claudio Minellono. El ex juez federal Norberto Ippólito. Intervino personalmente ante la Policía Federal y evitó la desaparición del abogado azuleño.
<
>
El ex juez federal Norberto Ippólito. Intervino personalmente ante la Policía Federal y evitó la desaparición del abogado azuleño.

El hecho se produjo en Azul, a fines de 1975. Lo llevó a cabo el Comando Libertadores de América, núcleo central de la organización parapolicial que organizó López Rega. El ex juez federal Norberto Ippólito intervino personalmente y evitó la desaparición del abogado laboralista azuleño.

Escribe: Marcial Luna – lunasche@yahoo.com

EL DATO

Como anticipó en exclusiva EL TIEMPO, los abogados laboralistas víctimas del terrorismo de Estado serán homenajeados el próximo 7 de julio por la Asociación Nacional de Jueces y Juezas del Trabajo (ANJUT). La actividad tendrá lugar en la Asociación de Abogados de Buenos Aires (AABA), Uruguay 485 de la Ciudad Autónoma, el 7 de julio próximo a las 16.

NOTA III

La madrugada del 11 de diciembre de 1975, el Comando Libertadores de América de la “Triple A”, hizo estallar un artefacto explosivo en el domicilio particular del abogado laboralista Claudio Minellono, en la ciudad de Azul. El peritaje de Fanazul determinó que fueron cinco kilogramos de trotyl.

En la vivienda, ubicada en la avenida Pellegrini 1083, descansaba el matrimonio, sus tres pequeños hijos (planta alta) y tres personas ya ancianas (planta baja). No hubo víctimas fatales sólo por el hecho de haberse ubicado incorrectamente la bomba, según un peritaje y en relación con la disposición interna del inmueble. Los daños materiales y psicológicos fueron vastos.

La bomba, en casa del abogado y concejal socialista Minellono, estalló a las 4,05 horas. “Salvo las paredes, todo quedó destruido. Ventanas, puertas, vidrios y diversos muebles sufrieron no solamente el impacto de la onda expansiva sino de los vidrios que sobre ellos se desplomaron violentamente. El aspecto interior mostraba un panorama realmente desolador”, se indicó en las páginas de este diario (ver El Tiempo, 12/12/75, Págs. 1 y 7).

Esa noche estallaron otras tres bombas: en el acceso a la casa de la familia Pini, Pellegrini 1095; en el domicilio del farmacéutico Manuel Grosman, Necochea 635 (titular de la Farmacia López, ubicada por entonces en Necochea y San Martín). El último de los atentados tuvo como objetivo la oficina de Alfredo Pérez Abraham, en Yrigoyen 790. A los fines de este artículo, interesa el caso del abogado Claudio Minellono, por su desempeño como laboralista, puesto que es el tema de la presente serie.

Existe un antecedente inmediato. El lunes 10 de noviembre de 1975, efectivos de la Policía Federal realizaron un “allanamiento de rutina” [sic], en el domicilio del abogado Minellono. El informe emitido desde la dependencia policial, brevemente, consignó: “No se obtuvo en la requisa novedad alguna” (El Tiempo, 11/11/75, Pág. 1). A partir de 1976, los allanamientos al domicilio y estudio del letrado fueron recurrentes. Cesaron recién al inicio de los ‘80 aunque, como se verá más adelante, el espionaje continuó algunos años más.

 

Triple A     –

En el momento del atentado contra el abogado Minellono, poco y nada se sabía en torno a la organización “Triple A”. Con el tiempo se supo que uno de sus máximos responsables fue José López Rega, hombre cercano a Isabel y Juan Perón, y ministro de Bienestar Social desde la presidencia de Cámpora, en 1973, hasta promediar 1975.

El capitán Héctor Pedro Vergez fue uno de los máximos ejecutores. Los integrantes del Comando Libertadores de América fueron, en su mayoría, ex personal del ejército y, en menor medida, de las policías. Se contó con el apoyo de organizaciones como la CNU (en el artículo 2 de esta seria, se mencionó el caso Cincotta de Mar del Plata; ver edición del 14/6/17).

Las A.A.A. (así firmaron sus “mensajes”) tuvieron su significado: Alianza Anticomunista Argentina. Como organización parapolicial, se encargó principalmente del espionaje, secuestro y ejecución de individuos vinculados con los sectores de izquierda. Pero circunscribirlo a esa categoría sería un error. La Triple A también atentó contra sectores políticos de centro y derecha, como por ejemplo fue el caso del senador Solari Yrigoyen (radicalismo).

La actuación de la Triple A es anterior al golpe de Estado de 1976 aunque, una vez producida la caída del gobierno peronista, contribuyó con su “mano de obra” a la estructura ilegal que se montó desde el régimen del general Videla (desaparición forzosa de personas, centros clandestinos de detención, grupos de tareas, etc.).

 

Prueba     —

El elemento que prueba la presencia de la Triple A en Azul fue publicado en este diario, en 1975, aunque en ese momento pasó desapercibido, por las razones ya señaladas. La organización ultraderechista se atribuyó el atentado contra el abogado Minellono. El propio ejército efectuó la confirmación.

En efecto, la procedencia del informe fue la jefatura militar del Área 123. El comunicado llevó el número 15: “Se pone en conocimiento de la población que, en la madrugada del día de la fecha un autodenominado ‘Comando Libertadores de América – Pelotón Cáceres Monié”, hizo estallar cuatro artefactos explosivos” en Azul.

Como se indicó, en diciembre de 1975 pocos eran los que sabían que el Comando Libertadores de América era, en realidad, la organización comandada por López Rega.

Para el caso de Azul, el comando de la Triple A reivindicó el nombre de “Cáceres Monié”. El fenómeno puede observarse, sin embargo, tanto en los comandos de la ultraderecha, como en los guerrilleros del ERP y Montoneros (por ejemplo, la compañía del ERP que atacó el cuartel de Azul en enero de 1974 se autodenominó “Héroes de Trelew”, en referencia a los guerrilleros fusilados en agosto de 1972 en la base aeronaval Almirante Zar. Por su parte, Jorge Cáceres Monié era general de división y, en un atentado organizado por un comando de Montoneros, fue ejecutado el 3 de diciembre de 1975, es decir, una semana antes del ataque contra Minellono. El militar se disponía a cruzar un arroyo en balsa junto con su esposa, al momento del atentado. Ambos murieron en el hecho, acribillados).

Firmado por el coronel Aquilino Michelini, jefe del Área 123, en relación con el Comando Libertadores de América, el comunicado 15 además señaló: “Habiendo tomado conocimiento del hecho, el jefe del Área 123 dispuso el inmediato bloqueo de rutas, con el objeto de interceptar el probable repliegue de los delincuentes terroristas en toda la jurisdicción con personal de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, con la sección adelantada del R.C. 10 BL ‘Húsares de Pueyrredón’ que se encuentra en la ciudad de Benito Juárez, y con personal perteneciente al Arsenal Naval Azopardo que bloqueó las rutas 226 y 80. Además cuatro vehículos blindados del RC TIR BL 10, efectuaron un patrullaje en la ciudad de Azul, al tiempo que se ponía en conocimiento de los hechos a una base de combate del Área 124, instalada en Las Flores, solicitando igual procedimiento. Hasta el momento no se obtuvieron resultados satisfactorios”.

En sintonía, la delegación Azul de la Policía Federal también difundió un comunicado. La prensa se encargó de señalar que se transmitía “a solicitud de la jefatura militar” del Área 123: “La Policía Federal Argentina, Delegación Azul, recuerda que toda persona, indefectiblemente, debe portar consigo para transitar por la vía pública y/o concurrir a lugares de acceso público, su documentación de identidad” (El Tiempo, 12/12/75, Pág. 7).

La “Triple A” incursionó no sólo en las acciones comando, como fue el caso del atentado contra Minellono en Azul, sino en la propaganda: publicó la revista El Caudillo, dirigida por Felipe Romeo, y portavoz de organizaciones ultraderechistas como el Comando de Organización (CdeO), la Juventud Sindical Peronista, y la JPRA, además de la Alianza Anticomunista Argentina.

 

5K de trotyl   –

El abogado Claudio Minellono nació en Azul en 1941 y falleció en 1996, un día antes  del vigésimo aniversario del golpe del ‘76. Había comenzado a fumar, compulsivamente, luego del atentado sufrido en 1975.

En su familia, no pasa un día sin que recuerden la explosión. La casa, desde entonces y cotidianamente, continúa deteriorándose, como consecuencia de la explosión. El “cimbronazo” que sufrió la estructura hizo que, constantemente, aparezcan grietas en las paredes, filtraciones en las losas y caídas de mampostería, a pesar de las obras de refacción ejecutadas.

El peritaje fue realizado por personal técnico de Fanazul y confirmó que fueron cinco los kilos de trotyl utilizados en el atentado. La onda expansiva arraso la planta baja, arrancó de cuajo marcos, puertas y ventanas, en las dos plantas. En el lugar donde se colocó la bomba quedó un pozo y las baldosas aún hoy se ven quemadas.

La disposición interna de las paredes de la casa impidió que el inmueble se derrumbara completamente, ya que la onda expansiva (según el peritaje) se abrió paso por los lugares más “blandos”. Si hubiera existido alguna pared transversal, se hubiese derribado. En los fondos de la casa había paredes que se cruzaban y, a pesar de estar a unos treinta metros, sufrieron notables rajaduras. Los Minellono tenían un perro, “Caracalla”. Quedó ciego como consecuencia de la explosión.

Desde el 10 de noviembre de 1975, y sobre todo desde la bomba del 11 de diciembre siguiente, el abogado Minellono y su familia vivieron años de profunda angustia y desesperación. “El primer allanamiento fue el peor”, dice a EL TIEMPO Claudio Minellono (hijo), en referencia al realizado por efectivos de la Policía Federal. Era media tarde y, en el patio de la casa, “estábamos con mi viejo tratando de armar una carpa, que quería probar para irnos de vacaciones”.

El frente de la casa, en un instante, quedó cercado por una barrera de civiles, armados con ametralladoras y otras armas largas. Abundaban bigotes, Falcon y Torino. El abogado los reconoció: eran federales. Ingresaron al domicilio y al estudio de Minellono, ambos en Pellegrini 1083. Revolvieron todo el lugar. Rompieron sin siquiera mirar. Arrojaron los cajones al suelo, repletos de cosas. Barrieron los estantes con las puntas de sus armas.

 

Caras conocidas     –

Entre los efectivos que intervinieron “había uno que era el padre de un compañero mío del Jardín”, recuerda hoy el hijo mayor del laboralista. También había otro rostro conocido: un hombre que, con su carrito, pasaba periódicamente por el barrio, casa por casa, vendiendo café Bonafide. Luego fue visto en un desfile de instituciones, en la representación de Policía Federal.

El comisario Perrone encabezó el operativo. De casa de los Minellono se llevó un antiguo revólver Colt 38, herencia de un bisabuelo de la familia. Mientras se llevó esa arma al cinto Perrone, al retirarse, le advirtió al abogado Minellono: “De esta te salvaste. Vamos a ver en la próxima…”.

Al término del allanamiento, se llevaron al abogado para desaparecerlo. El laboralista fue trasladado hasta la comisaría, edificio en el que actualmente funciona el Juzgado Federal de Azul. Allí, Perrone le dio algunos sopapos a Minellono y lo insultó. El abogado fue mudado hacia el fondo de la edificación. Lo desnudaron y comenzaron los preparativos para la sesión de tortura. El comisario le hizo ver a Minellono que, además, dejaba su pistola reglamentaria sobre el escritorio.

Desde el núcleo familiar los Minellono se habían movilizado. Establecieron dos contactos inmediatos: con el ex juez federal Norberto Ippólito y con el periodista de EL TIEMPO Juan Miguel Oyhanarte, ambos conocidos de la familia. Ippólito fue quien logró la liberación: “Él hizo que lo largaran, si no tal vez, mi viejo no la contaba”, asegura hoy Minellono (h), quien tenía cinco años al momento del atentado de la Triple A.

Luego se sucedieron otros allanamientos, aunque la diferencia a partir del golpe de Estado de 1976 fue que los encabezaron efectivos de ejército. En la familia del laboralista se tiene muy presente esto y es un aspecto que, aún hoy, resulta inquietante. “Eran verdaderos despliegues militares, dignos de una película sobre nazis. Corridas, motores, voces de mando, ruidos de metales. Había que quedarse quietos y calladitos. Te hacían bajar las persianas”.

El hijo mayor del abogado recuerda, en su niñez, haberse despertado temprano, rodeado de fusiles y soldados. “Revisaban nuestro cuarto y la bibliotequita que teníamos, con libros infantiles”. Toda la casa fue puesta patas para arriba, con cada allanamiento.

Muy a menudo, durante la noche, cada vez que ladraba el perro, “mi viejo se levantaba y se asomaba por la terraza”. Al igual que su esposa, Marta Traversaro, el abogado no lograba dormir. Fumaba de manera compulsiva. “A nosotros no nos decían nada, pero entendíamos todo”, admite hoy Minellono (h).

El impacto de estos acontecimientos sobre la familia tuvo diversas aristas. Además del efecto psicológico, acarreó la falta de trabajo. Al estudio jurídico, por temor, no concurrió nadie, mucho menos los sindicatos.

“A nosotros nos tocó vivir desde adentro y como víctimas, primero la detención ilegal y después el atentado, en las vísperas de lo que se venía. Con el golpe de 1976 se mantuvo la persecución directa, a través de los procedimientos siempre a cargo del ejército, que cesaron con posterioridad a las inundaciones de 1980. No así otro tipo de persecuciones como los seguimientos y las escuchas telefónicas que hasta hace poco se mantenían”, explica Minellono (h). Es que, el teléfono de casa, quedaba a menudo ligado con el de una comisaría. Finalmente, la familia tramitó el cambio de número. Las “pinchaduras” se hacían desde el edificio viejo del Correo.

¿Por qué fue atacada la vivienda y, no directamente, el dirigente, a sabiendas de que vivía allí toda una familia?, es una pregunta clave en el caso. Claudio Minellono (h) admite que, en el entorno familiar, “creemos que fue para eliminar a toda la familia. La carga explosiva era muy potente. Vaya a saber qué intereses oscuros motivaban a esa gente. Claramente tenía que ver con la actividad política de mi padre, así como su actividad profesional, por ese entonces representando a los obreros del sindicato ceramista y con el sindicato de prensa. Pero fue una bomba para matar y demoler, no para asustar o amedrentar. La pusieron mal, por eso nos salvamos”.

FUENTES

 -Causas: N° 6511 (caso López Rega y Triple A); N° 1075/2006 (nuevo caso Triple A); N° 33013793/2007/TO1 y su acumulada (caso CNU).

-Entrevistas con Claudio Minellono (h), mayo-junio 2017.

-Archivo Diario El Tiempo, años 1975-1976.

 

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *