La violencia simbólica en el poder judicial y los medios.

Por Moira Goldenhörn

¿Qué nos llama la atención de Nahir? ¿Será su belleza? ¿su cabello rubio? ¿su cara angelical? ¿su cuerpo de modelo? ¿los mensajes subidos de tono que enviaba a su novio? ¿sus videos y fotos hot?

Difícil de saber si una sola cosa, todas ellas o alguna otra más. Lo complicado aquí es que toda esa información personal de ella debió estar al resguardo de los medios de comunicación y los memes de las redes durante la investigación por la muerte de Fernando Pastorizzo y juicio en su contra.

¿Conocemos rostro, cuerpo e intimidad de los femicidas de Lucía Pérez de 16 años, Diana Sacayán de 43, Luciana Moretti de 15 años, Ángeles Rawson de 16, de Abril Sosa de 5 años, violada y asesinada, de Melina Romero de 19, de Candela Rodríguez de 11 años, de Chiara Páez, Araceli Fulles o de Lola Chomnalez todas asesinadas a sus 14 años?; poco sabemos de los femicidas de Micaela García de 19 años, Anahí Benítez de 16, de Natalia Melmann de 16, de Mónica Garnica de 25 años, de Érica Soriano, embarazada, con 28 años, de Mirta Celis de 32, de Otoño Uriarte de 16,  Rocío Juárez de 22 años, de Zahira Sayago de 20 años, de María Soledad Morales de 17, de Lucy Irma Hoyos de 44 años, Leila Rodríguez de 19, de Azul Montoro de 23 años, de Ayelén de 31 años, de Dalma Itatí Barreto de 32, de Yamila Pérez de 25, de Valentina Urbano de 16 años, de Nahir Mostafá de 9, de Jimena Hernández de 11, de Silvina Núñez de 3 añitos… la lista es inmensa.

¿Conocemos con tanta profundidad a los femicidas de alguna de las niñas, adolescentes y mujeres que, cada 36 horas en nuestro país, son asesinadas, en su mayoría después de violadas y ultrajadas?

No. No los conocemos. Es que muchas de ellas aún están esperando descansar en paz con sus femicidas presos. Pero en su enorme mayoría están libres, como está libres “la manada” en España.

Por si no quedara clara la relación entre los sucesos en ambos lados del Atlántico, nos estamos refiriendo a la violencia simbólica en su aspecto judicial. Pues bien ¿qué es esto de la violnecia simbólica? Un símbolo es algo que representa a otra cosa, una imagen que nos lleva, por medio de la identificación, a un concepto por él representado y que es de contenido abstracto. Si bien es algo complejo de explicar, podemos definir a la violencia simbólica como aquella “que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad” (Art. 5to inc. 5.- de nuestra Ley 26.485). Ahora bien ¿qué es lo que se está naturalizando aquí?

Este punto lo podríamos ver más claro en el tratamiento mediático -y judicial- de los femicidios de Melina Romero “la fanática de los boliches que había dejado la escuela”, de Micaela García como “la militante de La Cámpora que andaba sola a cualquier hora por las villas” o de Lucía Pérez como “la menor de edad que se drogaba” a quienes se intentó señalar, mediante esos estereotipos entrecomillados, como ellas mismas las culpables de su propio femicidio por llevar una vida típica de … una mujer “ligera” digamos: una mujer que sale de noche, una mujer que anda sola por la calle, una mujer que consume alguna sustancia recreativamente, todas mujeres que se arriesgan a ser violadas y eventualmente asesinadas por sus acciones socialmente reprobadas para el estereotipo de “mujer de bien”. Pero en el caso de Nahir, si bien aparece más oculto, el estereotipo es doble: por un lado una mujer asesina, una mujer, estereotipada como “dadora de vida”, aparece aquí quitándola y, además, es una mujer bellísima, cuyos videos y fotos “hot” encabezaron búsquedas en Google por semanas aumentando el morbo masculino sobre la “femme fatale”. Así, nos encontramos frente a una “condena ejemplar” hacia una mujer asesina que quita la vida en lugar de darla, mientras las miles de mujeres asesinadas por el sólo hecho de serlo, esperan en los cementerios.

En tiempo récord y con algunas cuestiones procedimentales poco claras, Nahir recibió condena a prisión perpetua el mismo día que Ricardo Panadero, el único acusado como violador y femicida de Natalia Melmann con contundentes pruebas en su contra, fue absuelto 17 años después de perpetrado el femicidio. Debe verse claro que el problema no es que la ley se aplique en tiempo y forma a Nahir, sino que el problema, el grave y urgente problema, son los miles de femicidios impunes o que son sancionados con penas menores y beneficiados con salidas transitorias y acortamiento de penas por “buena conducta”, que algunos femicidas, como Pablo Cuchán, aprovechan para buscar nueva novia en las redes sociales.

Viene siendo hora que, “el Poder Judicial” se tome en serio el mandato legal para “la remoción de patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres” en lo que a ellos atañe para impartir “justicia”. Porque cuando llega el día de las marchas #NiUnaMenos no falta quien proteste diciendo “nadie menos”, sin comprender la magnitud de los femicidios en Argentina y el mundo. Pero nosotras, sororas, vamos a seguir reclamando por una justicia con perspectiva de género: una justicia que piense en nosotras, que nos ampare; una justicia sorora, femenina como ella misma es.

* Abogada. Docente e investigadora.

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