ENFOQUE

Las comunidades que progresan

Por Guillermo Ravizzoli (*)

Cuando escuchamos sobre modelos de ciudades como ejemplos de progreso, desarrollo, crecimiento cultural e innovación, nos llama la atención. Hay algo en nuestro interior que reacomoda todas nuestras piezas para preguntarse: ¿Cómo lo hacen? ¿Por qué ellos sí y nosotros no? ¿Qué nos falta? ¿Nosotros, cómo queremos ser?

Las comunidades que progresan han ido innovando en el corto, mediano y largo plazo y han hecho de la planificación inteligente su valor más preciado. Las comunidades que progresan invierten en educación, en todos sus niveles, y principalmente en la secundaria. Porque es el momento en que los jóvenes comprenden todo el potencial que pueden desarrollar de varias maneras, explorando y explotando el conocimiento. Algunos pueden especializarse y otros hacer muchas cosas a la vez, siendo los nuevos “multipotenciales”. Y el desafío es motivarlos constantemente como agentes de cambio de su comunidad.

Las comunidades que progresan son aquellas que pregonan la humildad, el ejemplo y la confianza como valores clave para el desarrollo, junto con el trabajo en equipo, el disenso y la co-competencia. Son aquellas que comprenden que el talento se potencia con la diversidad, la interconexión y la tolerancia social a la “cultura del fracaso”. La inteligencia emocional y social se siente en cada rincón al escucharlos cómo respetan sus obligaciones y exigen sus derechos.

Son autoexigentes y tienen un alto nivel de autosuperación .Temen en todo momento quedar atrás. No son autocomplacientes. Son innovadoras, trabajan y se esfuerzan día a día por mejorar procesos de calidad a nivel público y privado. Incorporan el conocimiento y la creatividad para potenciar todo lo que tenga efecto en el ciudadano, buscan soluciones prácticas a problemas cotidianos. Son innovadores por naturaleza, disruptivos. El desarrollo se analiza, se interpreta y se acciona como un todo, segmentando por grupos etarios y estableciendo necesidades urgentes e importantes. Cambian la estructura total de su administración, focalizada no en los temas técnicos sino en la gente, con proyectos para niños, jóvenes, adultos y ancianos. Todos los temas que surgen de la información estadística y que producen intereses o necesidades se adecuan a programas que definen qué tipo de calidad de vida quiere desarrollarse en su comunidad.

Las comunidades que progresan se basan estratégicamente en la innovación, el desarrollo tecnológico y el conocimiento digital. Esto es porque se proyecta que, para dentro de 15 años, el 50% de los empleos en el mundo serán automatizados. Más si se tiene en cuenta el Plan “Made in China 2025”, cuyo objetivo es “ser la fábrica del mundo con los mayores estándares y al más bajo precio”; una alta competencia para el mercado mundial de manufacturas.

A partir de esto y para su desarrollo, las comunidades que progresan planifican e invierten en la creación y potencialidad de una economía basada en el conocimiento y la creatividad, siempre vinculadas con el desarrollo sostenible-sustentable y a la creación de nuevas fuentes de energías renovables.

Por tanto, con una buena calidad educativa, tolerancia por lo distinto, admiración por la innovación y una “cultura del fracaso” como aprendizaje, el progreso en una comunidad tiene un gran horizonte por delante. Para innovar no basta con crear negocios, industrias, empresas y organismos públicos sino también asegurar que la calidad de ese recurso humano que nutre a las organizaciones tenga ambición y ganas de superarse.

Solo resta tomar la decisión y dar el primer paso. “La tragedia no es apuntar alto y errar, la verdadera tragedia es apuntar bajo y acertar” (Miguel Ángel).

(*) Diseñador en Comunicación Visual UNLP, cursó la Maestría en Administración de Negocios UNICEN, ex presidente del CEDA y Director de Comercio en FEBA.

 

 

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