PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Las dos lunas de miel de Macri y un desafío: cómo hacer para que el clima externo ayude a moderar la inflación

 

Ahora que el glamour de Davos se terminó, le toca al Presidente retomar, sin ningún voluntarismo, la pelea diaria para edificar lo que prometió adentro en la campaña y en estos tres días afuera: que Argentina vuelva a ser un país normal, próspero, abierto al mundo y con metas de progreso para todos sus habitantes por igual.

 

Por Hugo E. Grimaldi.

Agencia DyN

 

Cuando los relojes marcan las 12 y la realidad vuelve a mandar hay que embarrarse nuevamente los pies. Es la ley de los sueños, cuyo artículo 1 dice claramente: “No creérsela”. Y como la luna de miel con el mundo que vivió Mauricio Macri en medio del glamour de Davos se ha terminado, ahora le toca al Presidente retomar, sin ningún voluntarismo, la pelea diaria para edificar lo que prometió adentro en la campaña y en estos tres días afuera: volver a ser un país normal, próspero, abierto al mundo y con metas de progreso para todos sus habitantes por igual.

Si no se persiste en esta senda, Davos habrá sido un gran paso necesario, aunque no suficiente, para que la Argentina muestre un apego al mundo que sus antecesores despreciaban. Si se trata con benevolencia aquella política de encierro que llevaron adelante las dos últimas administraciones, bien podría decirse que los Kirchner tenían prejuicios y que no se habían dado cuenta de la evolución global, pero si se sigue la línea de sus detractores, habrá que concluir que quizás lo que ellos buscaban era solo moverse en ambientes opacos que disimularan eventuales transacciones non sanctas.

Hubo subas antes y después de la salida del

cepo y del sinceramiento cambiario  

Macri no es para nada un improvisado en materia de negociaciones comerciales y políticas. Porque estuvo del otro lado del mostrador, él sabe muy bien que enfrente siempre hay alguien que desea sacar tajada, que todos los acercamientos conllevan una puja de intereses y que las sonrisas y palmadas buscan siempre una contrapartida. Cada vez que habló ante empresarios locales, para pedirles que “saquen la plata del colchón” o para solicitarle “prudencia con los precios” les hizo sentir que era un par y que conocía sus mañas como el que más.

Sin embargo, no logró eco en el segundo de los ítems sobre todo, habida cuenta que las subas se produjeron antes y después de la salida del cepo y el sinceramiento cambiario, que bastante bien hecho estuvo en materia de manejo de expectativas. Si bien el Gobierno aduce, con certeza, que “el dólar ya valía 15 pesos” debido a los desequilibrios macroeconómicos que toleraba el gobierno anterior por cuestiones electorales, con eso solo no alcanza, ya que fabricantes e intermediarios actuaron en la  remarcación como si hubiese habido un salto cambiario adicional. Y si es que no lo hubo, la inercia lleva a que todos piensen que puede haber uno nuevo pronto.

Esta circunstancia, más la necesidad política de avanzar con pie de plomo gradualista en cuanto al tema inflacionario y fiscal, es lo que prende luces amarillas en el futuro inmediato en relación a un nuevo ajuste del tipo de cambio y a otro eventual salto inflacionario, contingencias que necesariamente van a derivar en mayores y lógicos pedidos de aumentos en las paritarias.

Arduo trabajo puertas adentro    

Mientras los gremios ya han dicho que van a ir por cubrir la inflación pasada, de seguro el Gobierno no querrá convalidar nada que supere la máxima inflación prevista para este año. El equipo económico sostiene que los aumentos de precios más fuertes se van a dar durante el primer semestre y que durante el segundo será otro cantar y que, en promedio y por eso, se jugaron a una banda declinante de inflación para todo este año de entre 20 y 25 por ciento. Una salida sería desdoblar las paritarias, aunque se corre el riesgo que el envión inflacionario se torne creciente y que la velocidad en realizar nuevos aumentos la potencie. La gran paradoja de todo el asunto es que para que se concreten las más de una promesa de inversión que debe haber recibido en Davos, ahora el Presidente tendrá que trabajar puertas adentro en desactivar este escenario y ordenar todo para generar un ambiente de previsibilidad. Por varios motivos, la consigna es que deberá domar el potro en el menor tiempo posible.

En medio de un contexto económico tan delicado, deberá romper primero con armonía el círculo vicioso tipo de cambio-precios-sueldos tan conocido en la Argentina, dando señales claras a todas las partes y aún sin confiar en que los desajustes se podrán financiar rápidamente con colocaciones de deuda, algo que será en todo caso un paliativo para transitar el primer desierto. Quizás por eso, Macri confesó que aguardaba mayor celeridad en las negociaciones con los holdouts, aunque es evidente que del otro lado están buscando maximizar la ganancia ante un gobierno que quiere arreglar.

De allí que, a toda costa, los litigantes quieran oscurecer las negociaciones y que les haya caído muy mal las manifestaciones del Gobierno sobre que nada se hará “de espaldas al Congreso” porque “no tenemos nada que ocultar y la mejor manera de tener una negociación transparente es que sea pública y abierta a todos. Si les parece mal, mala suerte”, sentenció el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay.

No sólo por esto del Congreso, que deberá dar marcha atrás con al menos dos leyes kirchneristas si el Ejecutivo quiere convalidar el acuerdo, sino también porque Macri tiene también restricciones políticas para encarrilar el año, la más acuciante, de allí la celeridad, que no se le termine la otra luna de miel, la interna con la opinión pública, ciertamente bastante limada por el kirchnerismo más duro, aunque luce cada día más deshilachado.

La confusión kirchnerista  

Esta columna había señalado la semana pasada que sin las polleras de Cristina Kirchner de dónde colgarse, los ultras de La Cámpora y los jerarcas de las organizaciones sociales y de partidos menores que vivieron a la sombra del kirchnerismo parecían no tener futuro. De allí, que están buscando el modo en que la ex Presidenta salga al ruedo y tome las riendas de modo explícito nuevamente. Mientras tanto, Macri & Cia están chochos que su contraparte sean Máximo Kirchner, Martín Sabbatella. Guillermo Moreno, Hebe de Bonafini, Agustín Rossi, Luis D’Elía o Milagro Sala, y que hagan ruido oponiéndose a todo, aunque es notorio que cada día se deshilachan más.

El grado de confusión del kirchnerismo duro es monumental y no sólo porque los peronistas se les despegan de a montones, sino porque ahora están en una postura obsesiva. Es como si un boomerang los castigara: nada les viene bien, critican todo con el énfasis de los ángeles de la película y acusan a los demás de generar hoy todo lo que ellos ejercieron antes.

Desde el costado de los más fanatizados, muchos militantes rayanos en lo obtuso abrieron más la grieta que antes con sus amigos y familiares, mientras sus difusores mediáticos van de tropiezo en tropiezo. En tanto, los opositores más ultras no construyen y sólo piensan en ponerse en víctimas, con los DNU, el AFSCA, la Coparticipación, la vuelta atrás con los nombrados de apuro en el Estado y hasta con la distribución de los despachos en Diputados.

Nada de todo esto hoy les preocupa de la misma manera al resto de quienes acompañaron a Daniel Scioli en las últimas elecciones, ya que no participan en nada de aquello que proponen los más radicalizados. La propia Hebe se quejó el respecto: “Les digo a los diputados, a los nuestros: hay algunos que están todo el tiempo en la calle pero, hay otros que ni aparecen. Los queremos ver, salgan a decir algo, muestren la cara, deben acompañar a los compañeros que están echando. Que nadie se ofenda por lo que digo, vemos siempre a los mismos. Hace falta que salgan, les estamos pagando un sueldo, los necesitamos”, reprochó.

Esta actitud de los legisladores tiene que ver con que en la interna del justicialismo los más kirchneristas tampoco la pasan nada bien, ya que es notorio que el Frente para la Victoria está partido y si La Cámpora fue alguna vez peronista, ahora es apenas una pata de aquel todo que no sólo salió segundo en las elecciones, sino que perdió su bastión emblemático, la provincia de Buenos Aires. El grupo está devaluado y está acusado desde adentro de ser el mariscal de la derrota.

Los que ya están en carrera  

En todo este mosaico, hoy todavía desperdigado, pero que apunta a reconstrucción del justicialismo, ya están en carrera desde hace bastante Juan Manuel Urtubey, Florencio Randazzo, Diego Bossio, muchos de los intendentes bonaerenses que han decidido hacer rancho aparte y, por supuesto, Sergio Massa y José Manuel de la Sota, quienes se salieron del PJ, pero que se sienten más peronistas que aquellos que estaban el año pasado más cerca de la entonces Presidenta. Por eso, a Scioli casi todos lo miran algo de costado, ya que le endilgan errores tácticos de demasiado apego a Cristina y, de momento, no se lo observa demasiado cercano a alguna facción que pueda sostener su eventual candidatura a senador en 2017, algo que por ahora sólo está en su cabeza.

Otro que apareció en el juego en los últimos días y bastante ruido armó es el jefe de la bancada del FpV en el Senado, Miguel Pichetto. Primero, porque se mostró con Ricardo Echegaray, Sergio Urribarri y el gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, con quienes habló de confluir en un espacio “racional” dentro del PJ, que sea opositor al gobierno de Macri, pero “alejado de una posición extrema”. Los más duros lo criticaron con fuerza y piden su cabeza como jefe de bloque, por haber ido a negociar a la Casa Rosada hace unos días y por no haber defendido a los 2 mil empleados del Senado que desplazó Gabriela Michetti.

Todos estos entuertos lo dejan al macrismo bien posicionado para intentar sacar las leyes que necesita para arreglar la deuda, para nombrar los jueces de la Corte y para modificar la Ley de Medios kirchnerista. Ya en la provincia de Buenos Aires, el FpV se partió en las dos cámaras y el PJ, sin La Cámpora, le aprobó el Presupuesto y el endeudamiento a la gobernadora María Eugenia Vidal.

Tal como viene la cosa, en algunos días nada más va a pasar algo parecido con la oposición en el Congreso Nacional. Sólo se necesita que el oficialismo llame a sesiones extraordinarias y que se comiencen a discutir cosas para que se verifique el cisma.

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