ESTUVIERON TRES DÍAS ALOJADAS EN EL CAMPING MUNICIPAL

Las familias evacuadas volvieron a sus hogares, y a sus antiguos problemas

Se trata de tres mujeres y nueve criaturas que tienen domicilio en el sector de Mujica y Rauch. Ayer, EL TIEMPO las visitó y constató que las condiciones de habitabilidad están muy lejos de ser las óptimas. Una de las familias duerme en un ambiente con paredes de chapa, piso de tierra y techo de lona. 

Camila Moreno regresó a su hogar luego de haber permanecido tres días –en condición de evacuada- en el camping municipal.Gabriela Sosa y Diego Armando Fresco estuvieron ayer aprovechando la jornada de sol para secar ropa y calzado.La familias Fresco-Sosa-Moreno esperan poder contar con ayuda oficial para mínimamente mejorar las condiciones de habitabilidad de cinco adultos y nueve menores radicados en Mujica y Rauch.
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La familias Fresco-Sosa-Moreno esperan poder contar con ayuda oficial para mínimamente mejorar las condiciones de habitabilidad de cinco adultos y nueve menores radicados en Mujica y Rauch.

Por Augusto Meyer

ameyer@diarioeltiempo.com.ar

Las dos familias que tuvieron que ser evacuadas como consecuencia de los anegamientos que se produjeron el fin de semana en el sector de Avenida Mujica y calle Rauch regresaron el martes a sus hogares luego de permanecer alojadas en el camping municipal, donde fueron convenientemente asistidas en la emergencia por la comuna. Sin embargo al retornar a sus domicilios, que quedaron con aproximadamente medio metro de agua y al cuidado de los dos jefes de familia, afloraron los problemas de fondo que tienen allí. Ayer, EL TIEMPO llegó al sitio para interiorizarse de las condiciones en las que viven estos dos grupos familiares (cinco adultos y nueve menores).

Construcciones que van de lo humilde a lo sumamente precario predominan en el terreno, que a simple vista está por debajo del nivel de la avenida, por lo cual es casi inevitable que se produzca la acumulación de agua de lluvia.

Con este diario conversaron Camila Moreno –su marido no estaba en el lugar-, y Gabriela Sosa y Diego Armando Fresco, quienes dieron cuenta de los inconvenientes con los que se encontraron una vez que el agua escurrió.

“Yo llevo quince años viviendo acá, pero mi marido –Miguel Ángel Fresco– hace más de treinta años que está. Necesitamos que la Municipalidad nos ayude a levantar el terreno”, expresó Moreno, quien aseguró que jamás habían tenido el ingreso de agua como sucedió el pasado fin de semana. “Ni siquiera en la última inundación”, afirmó la mujer.

“Nosotros tenemos dos piezas y el agua se filtró, pero al menos tenemos hecho el contrapiso. Mucho peor están ellos (su cuñado, Diego Armando Fresco, con su mujer Gabriela Sosa y los cuatro hijos de ambos), que no tienen techo de chapa y sólo se cubren con una lona”, agregó.

El hombre confirmó que, junto con su hermano Miguel Ángel, mientras las mujeres y los nenes pernoctaron en el camping ellos se quedaron a cuidar los domicilios. En ese sentido indicó que, cuando las familias fueron evacuadas, “el agua me llegaba a media bota y la calle estaba tapada de punta a punta”.

Moreno ratificó que “es la primera vez que pasa” una situación como la sucedida el pasado fin de semana, cuando el agua ingresó en las viviendas. “Cuando llovió mucho se han llenado las calles, pero no entraba el agua. Una, que es grande, sabe cómo manejarse pero los nenes se asustan. Yo no lo podía creer cuando vi que estaba entrando agua en la casa. Ni en la última inundación pasó algo así”, afirmó.

Preocupada y angustiada por el déficit habitacional de la familia con la cual comparten el terreno, Moreno expresó: “Yo pido que a ellos les den una mano para construir una pieza de material y así puedan estar más cómodos. Sería de gran ayuda que la Municipalidad nos pueda rellenar el terreno, cosa que cuando llueva no tengamos que pasar por una situación similar. Es como que estamos en un pozo y el agua viene a parar toda acá. Tuvimos que salir ‘con lo puesto”; menos mal que después nos ayudaron con ropa y alimentos”.

El sol del martes y de ayer, jugó a favor del arduo trabajo que debieron hacer estas dos familias para secar prendas de vestir, ropa de cama y calzado que, en el apuro por dejar el lugar, quedaron a merced del temporal. La parte de arriba del capot de un viejo auto en la víspera cumplía las veces de soporte para que las zapatillas estuvieran expuestos a los rayos del sol. La salamandra estaba con leña encendida; no porque hiciera frío sino para secar la humedad impregnada en las pertenencias de quienes duermen en una casilla con paredes de chapa y techo de lona.

Respecto de la atención que recibieron mientras estuvieron evacuadas con los chicos, tanto Moreno como Sosa confirmaron que recibieron dos bolsas con alimentos y ropa de cama –de parte de la Municipalidad- y, fundamentalmente, prendas de vestir y otros elementos que acercaron vecinos.

“Hace quince años que estoy acá y vivo peleándola. Esa pieza (mientras dirigía su mirada hacia una habitación de ladrillos huecos) me la hice con la plata que cobro por los nenes y con una pensión que cobro desde hace dos años, porque tuve un accidente en el que falleció un hermano de ellos (por Miguel Ángel y Diego Armando Fresco). Ayer (por el martes) vino Carlos Peralta (responsable de Acción Social de la comuna) a preguntar qué precisábamos y le dije que más que nada colchones, porque se mojó todo y las cosas quedaron con olor a humedad”, explicó.

“Volví a nacer”

Camila Moreno quedó con importantes secuelas físicas por un siniestro vial ocurrido el 1 de Mayo de 2015 donde, lamentablemente, perdió la vida su cuñado Pablo Luis Fresco, quien dejó una viuda y tres criaturas huérfanas. El hombre que falleció trabajaba en una fábrica de piletas de fibra de vidrio que funciona en el Parque Industrial I, a pocos metros del lugar donde están las dos casas que estuvieron anegadas.

“Estuve un mes en coma y ‘volví a nacer’. Tuve que dejar de trabajar como empleada doméstica; el único día que no trabajaba era el martes. Me quedaron varias secuelas del accidente y a mí marido se le complicó para seguir trabajando en el campo como lo hacía, ya que sufre por la cadera”, afirmó.

La mujer sostuvo que no recuerda nada del accidente y que, ese día, les tocó vivir una “cadena de desgracias”. “Mi marido había ido a acompañar a un amigo al que se le ahorcó un hijo. Llegamos bien y, a la vuelta, pasó lo que pasó. Yo tuve quemaduras por el agua del radiador, me fracturé la clavícula, me extirparon la vesícula y el bazo y quedé con secuelas en la cadera y el pulmón. La doctora me dijo que me tuvieron que armar de nuevo; era un rompecabezas”, aseguró.

Vivir como se puede

Camila Moreno advirtió que no tiene la documentación como propietaria del  terreno donde tiene su casa y desde hace cinco años viven su cuñado con la familia, pero que el dueño del predio les garantizó que no los iba a sacar porque de hacerlo se vería obligado a asumir el pago de muchos impuestos atrasados. En el lugar no tienen formalmente ningún servicio. Lo más grave acaso sea la imposibilidad de tener baño. Tampoco tienen gas natural ni agua de red, por lo cual se abastecen de lo que extraen del pozo con una bomba manual.

Según afirmó, pese a que ha realizado las gestiones del caso, el último colchón que recibió de donación fue uno de los que regaló Matías Almeyda para una inundación.

De mal en peor

Las evidencias saltan a la vista. Si las condiciones de habitabilidad de Camila Moreno y su grupo familiar no son las mejores, ni qué decir del estado en que se encuentran Gabriela Sosa, su marido y cuatro hijos. Tienen como único ingreso mensual, según aseguraron, los 700 pesos de un subsidio por discapacidad. No cuentan con la Asignación Universal por Hijo, de acuerdo con lo que manifestaron, por tener esa pensión. El hombre trabaja cuando consigue changas –básicamente de albañil-, aunque las oportunidades laborales –sabido es- no abundan.

Fresco, en la charla con EL TIEMPO, pidió al Municipio que lo ayude aportando los materiales para que él mismo pueda edificar una pieza donde pueda vivir dignamente con su familia.

Sosa, según contó, se anotó para recibir chapas en el tren de Desarrollo Social cuando estuvo en Azul por primera vez, pero que le dijeron que no figuraba en la planilla. Tampoco han recibido leña que, en el invierno, el Municipio debió haber repartido entre las familias de bajos recursos.

Moreno rescató el hecho de que sus hijos gocen de buena salud y aseguró que, después de la recuperación milagrosa que tuvo del accidente, no hay adversidad que la desanime. “Gracias a Dios mis hijos están bien y la seguiré luchando. He sido testigo de la entrega de cosas a gente que alquila para construir techos, y de otros reciben cosas y al poco tiempo las venden”, expresó. Antes de quebrarse emocionalmente denunció que su marido sufre discriminación laboral por ser ex presidiario, lo que hace que se reduzcan las chances de poder llevar el pan a su mesa.

“Estuvo preso por robo casi cinco años y él dice: ‘morir de hambre no me voy a morir; con más razón teniendo hijos’. De un campo lo echaron por haber estado preso y se anotó en el frigorífico, pero no lo llaman. El tema es que si nadie te da trabajo, ¿de qué vivís? Un grande puede esperar hasta el día siguiente con un mate, pero es triste que los chicos no tengan para comer. Ellos (la familia Sosa-Fresco) la están pasando re mal…en lo que podamos, los ayudamos. Hay gente que trabaja en el Municipio y mete a familiares suyos, en vez de dejar ese empleo para alguien que realmente lo necesite”, se quejó.

EL DATO

El siniestro en el que perdió la vida Pablo Luis Fresco y Camilo Moreno sufrió lesiones que la dejaron al borde de la muerte, se registró el 1 de Mayo de 2015 a la altura del kilómetro 253 de la Ruta N° 3, en jurisdicción de Cacharí. El hombre guiaba un Volkswagen Gacel que chocó contra un camión cargado con piedras. La mujer del automovilista, Alicia Mabel Bargas, sufrió lesiones leves; mientras que Miguel Ángel Fresco, hermano del conductor que murió, tuvo golpes que merecieron su internación durante algunos días.

AYUDA OFICIAL 

Para conocer la ayuda oficial que recibieron estas dos familias evacuadas, este diario consultó a Carlos Peralta, responsable del área de Acción Social de la comuna. “El sábado una gran masa de agua se les acumuló en el patio y se les anegaron las tres viviendas, que son precarias. Nosotros trasladamos a las femeninas y a los chicos; los reubicamos durante la noche del sábado. El domingo fui a la casa, donde estaban los hombres. No había nada de agua en la calle ni en el patio pero obviamente no estaban dadas las condiciones para que vinieran los chicos porque adentro estaba todo mojado”, expresó.

“Es de destacar la labor de vecinos e instituciones intermedias como Cáritas y Caminos, porque si bien el Municipio trató de estar a la altura de las circunstancias, la comunidad reforzó lo que nosotros entregábamos en materia de ropa y comida”, subrayó.

Puntualizó Peralta que “el lunes volví a la casa para hacerle otra entrega de agua mineral, porque si bien todo había vuelto a la normalidad, ellos acusaban que no tienen agua de red, por lo que ahora se los está asistiendo con eso”.

Respecto de una de las cuestiones de fondo, como es mejorar las condiciones de vida de estas personas, advirtió que se tratará de incluir a las familias en un plan de erradicación de precariedad habitacional. “Ese es un trabajo a largo plazo”, aclaró y adelantó que, en lo inmediato, se aportará a estas familias “mobiliario, colchones, frazadas y alacenas” afectadas por el agua.

 

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