LAS PATRIAS DE LAS MENTIRAS 

 

En la semana más difícil de 2017, el gobierno deberá sortear varios obstáculos para encarar la recta final hacia las elecciones de medio término. La falta de una política económica integral que permita reducir drásticamente los niveles de déficit fiscal, la elevada inflación, el alto endeudamiento, y que permita generar nuevas inversiones, es lo que llevó a la administración Macri a un callejón sin salida.

Si bien es cierto que el gobierno es el principal responsable de esta situación, no menos responsables son los distintos actores económicos, maculados bajo las arcaicas estructuras corporativistas que manejan el país desde hace 70 años, con un rotundo fracaso.

Todos son patriotas aunque la patria se desvanece a la par de sus fracasos. Todos afirman decir la verdad, aunque la mentira cruza transversalmente a todos los patriotas.

Son las distintas patrias que se convierten a veces en cómplices unas de las otras, pero que invariablemente no dejan de ser villanos. No hay héroes, no hay bronce y la república se desintegra a jirones.

La patria política no alcanza a comprender la magnitud de la crisis y desde su miopía intelectual pretende sentar sus reales sobre un país de escombros. El gobierno hace ajuste de las cuentas fiscales sobre la política de ingresos y dice buscar reactivar el consumo? Alegremente, la oposición levanta la mano para votar más impuestos y en las provincias y en los municipios no cesa el ajuste de tasas y gravámenes. Todo ello para financiar y maquillar un desempleo feroz que -de no ser por el exceso de empleo público y subsidios-, estaría orillando el 25 por ciento de la PEA.

La patria empresaria que apoya como siempre los nuevos planes económicos, pero que no define inversiones porque está asfixiada de impuestos y de regulaciones, no se anima a encarar al gobierno. En cambio, opta por hablar de fantasmas como “ola de importaciones” y cuando no, “retraso cambiario”, pero nunca de estructura de costos y baja productividad.

Todo reposa en la inflación y en el deterioro de los sectores de ingresos fijos.

La patria sindical mira para otro lado. Se ocupa sólo de sus cajas a las cuales nadie se anima a controlar, embolsa dinero público, no rinde cuentas y entabla su propia pelea en función del modelo económico vigente, a veces de carácter primitivo.

La huelga en la educación es un claro ejemplo del canibalismo sindical. La toma de rehenes que hicieron los gremios docentes con millones de chicos muestra el desprecio por el prójimo que atraviesa el país. ¿Alguien puede imaginarse que ocurriría si gremios como Luz y Fuerza o los petroleros u otros servicios, cortaran el suministro hasta tanto se resuelva su paritaria? ¿Por qué entonces el gobierno permite que lo hagan los docentes con los alumnos? El mantenimiento de los privilegios y prebendas sindicales aleja toda posibilidad de generar nuevos empleos productivos. Las últimas estadísticas de empleo en el país lo confirman: aumenta el empleo público, bajan los puestos de trabajo en el sector privado y se engrosa el ejército de cuentapropistas, desplazados del sistema productivo, El resultado es una economía de escasa calificación y bajísima productividad.

La patria piquetera sigue sus pasos. Con una estructura similar y tras rapiñar 30.000 millones de pesos del Tesoro y llevarse cobertura social, continúa con sus andanzas. Con niveles de ingresos familiares que superan ampliamente el Salario Mínimo Vital y Móvil y a los ínfimos haberes de millones de pasivos, la dirigencia piquetera arremete para obtener mayores prebendas.

Mientras tanto, la patria contratista se prepara para otro capítulo de su complicada historia y cruzada por hechos de corrupción que tocan desde el entorno presidencial hasta la desgastada oposición. Al amparo de la obra pública, los contratistas del Estado se aprestan a llevarse el botín de una economía inflacionaria.

En tanto, la patria rural, tras haber obtenido las mejoras de la salida del cepo y la baja de retenciones, también comienza a hablar de la necesidad de mejorar la competitividad, en otras palabras, retraso cambiario. Todos mienten, ocultando los reales problemas. Hablan de retraso cambiario, pero nadie se atreve a cuestionar los altos niveles de presión tributaria y mucho menos del gasto público que es la matriz de todos los problemas económicos.

El supuesto retraso cambiario tiene distintos afluentes. Ingreso de dólares vía exportaciones por mejor cosecha y mejores precios, blanqueo de capitales y mayor endeudamiento. Si hubiera una avalancha de importaciones como dicen algunos sectores empresarios y sindicales, la necesidad de divisas neutralizaría el exceso de dólares.

El aumento en el flujo de divisas está emparentado con el déficit fiscal. Si las cuentas públicas estuvieran en orden, la presión tributaria sería normal y no habría impuestos sobre impuestos tanto a nivel nacional como provincial. Tampoco habría necesidad de hacer un blanqueo y mucho menos de emitir deuda para financiar al Tesoro. El BCRA no tendría necesidad de emitir moneda ni de emitir deuda para absorber los excedentes de liquidez. No habría tasas de interés altas y al no haber exceso de pesos, no habría inflación y la economía argentina sería floreciente. “Es el Estado, estúpido!”. Pero de esto no se habla. Las patrias prefieren la mentira. Pero esto tiene un costo muy alto: generaciones de argentinos arruinadas.

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