EDITORIAL

LAS POTENCIALIDADES ESTÁN; SÓLO FALTA EXPLOTARLAS

Sorprende gratamente la enorme potencialidad que, desde el punto de vista cultural y turístico, Azul sigue sacando a la luz.

Más allá de las obras arquitectónicas de Salamone; las colecciones de platería mapuche, y las obras de Martín Fierro y de Don Quijote; el valor del Teatro Español, la Catedral y el Paseo Bolívar; la natural belleza del Parque, el curso del arroyo y el Balneario; hay otras maravillas que van surgiendo.

Recientemente este diario publicó el resultado de una investigación del colega Marcial Luna, a partir de la cual quedó confirmado que Roberto Arlt, el eximio periodista y escritor argentino, trabajó en un medio gráfico de esta ciudad.

Como tantas revelaciones, creen algunos que esto debería haber derivado en el diseño de ideas para analizar la viabilidad de la explotación de la nueva potencialidad. No debería ser un dato menor, cuanto menos para el turismo latinoamericano, que Arlt haya plasmado algunos de sus escritos periodísticos en un medio de esta comunidad.

Lamentablemente, el turismo no termina de posicionarse como una fuente generadora de mano de obra ni de ingresos al comercio local derivada de la captación y atención de quienes puedan venir a conocer lo que este distrito tiene para mostrar.

La necesaria articulación entre lo público y lo privado, al menos en el caso de Azul, no está; o está pero no luce eficaz.

Las décadas pasan y la riqueza del sector adyacente a la Boca de las Sierras –un lago artificial donde años atrás se podía ir a pescar, un corral para encerrar animales construido por los pobladores originarios y una piedra similar a El Centinela, de Tandil- sigue alejada del poblador, y mucho más del turista.

Las sierras más antiguas del mundo están en Azul y, sin embargo, las formaciones rocosas llevan muchos años siendo inaccesibles para el ciudadano, reservada a la custodia de Fabricaciones Militares para un uso relativo y escaso. Años atrás, un sector era utilizado para la prueba de explosivos.

Para peor sectores a los que no está permitido acceder, pero a los que algunos curiosos ingresan, no parecen estar lo suficientemente cuidados.

En este diario se ha dado cuenta de dos incendios, el último de ellos desatado en el Cerro La Armonía, que tuvieron que sofocar los bomberos voluntarios del paraje María Ignacia Vela. Los servidores públicos recorrieron más de 50 kilómetros y salieron de su jurisdicción, que finaliza en el Arroyo De los Huesos, para trabajar en la extinción de focos ígneos que tenían lugar en las sierras azuleñas. Todo un despropósito.

El Monasterio Trapense es un lugar clave en lo que tiene que ver con la captación de eventuales turistas. Es común que los domingos lleguen a la Trapa y aledaños, colectivos procedentes de la Ciudad Autónoma repletos de turistas y, si algo nadie ha reportado haber visto, es a promotores locales “vendiendo” los demás atractivos que Azul tiene para ofrecerles. Mientras tanto operadores turísticos de Tandil “venden” el colosal edificio al que algunos acuden para retiros espirituales como inserto en el vecino distrito, cuando forma parte de nuestro Partido.

En regiones con menos recursos e infraestructura llevan años apostando al turismo rural con resultados positivos, habiendo podido crear puestos de trabajo a integrantes de las mismas comunidades. Otra faceta que aquí parece no ser considerada. Los cascos de estancia históricos están y también el desarrollo de actividades campestres. Sería cuestión de gestionar con los propietarios la posibilidad de incluirlos en una futura oferta turística de turismo rural o de estancia.

Una calamidad que, al tiempo que se siguen descubriendo en Azul “riquezas” con potencialidad turística, éstas no son aprovechadas con la premisa de la preservación del patrimonio.

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