Las ratas del viejo López

Por Adolfo Mirande – Especial para EL TIEMPO

“Ratas gigantes podrían invadir el planeta por efecto de la evolución”. Jan Zalasiewicz, de la Universidad de Leicester

Cuando el chico Yoliván López, a los diez años, fue  por primera vez al cine en su ciudad natal de La Plata quedó tan impresionado, que jamás volvió a ver ninguna película que le  interesara como las que habían proyectado en el continuado del Roca;  todas de ratas y ratones. Reiteradamente ,Yoliván, que era un niño curioso, cuando las pasaban, volvía por las mismas cintas que habían producido ese efecto tan determinante en su personalidad.

Las ratas  habían encontrado un verdadero amigo con Yolivan López.

Sesenta años después en la imaginación del viejo, que no era viejo ,pero si lo parecía,  se había mantenido intacta la impresión recibida tan profundamente en el cine de La Plata.

Siempre convivía con numerosas ratas.

Sabia el viejo que esa atracción era patológica, pero producía gran placer en un ser absolutamente solitario; ¡ Es cierto que las amaba!, sin duda.

López había comentado a unos estudiantes vecinos que las amaba , que las amaba mas que a la gente, decía.

Eran estudiantes de biología y zoología con especialidad en etología y el viejo les propuso un experimento; y lo realizó con tres grupos de estudiantes y tres niveles distintos de animales.

El primer grupo trataría con inteligencias brillantes, el segundo grupo trabajaría con inteligencias promedio y el tercero con mentes obtusas.

Las genios respondieron como genios. Las promedio no demostraron nada excepcional y las idiotas demostraron su idiotez.

Entonces el excéntrico personaje les contó a sus amigos estudiantes el truco que encerraba la cuestión.

No había en el experimento ratas genio, ni promedio, ni estúpidas.

La única diferencia era la “actitud” de los estudiantes que participaron y trataron con distinta disposición a los grandes ratones, de acuerdo al coeficiente que ellos suponían en cada nivel.

Ellas también tienen percepción, y captaron el interés de los estudiantes.

La “actitud” es un lenguaje universal, les dijo a los jóvenes el viejo Yolivan López.

Además  las ratas tienen inteligencia emocional y eso les otorga “esperanza”.

Y la esperanza y la actitud tienen el poder de una gran presión en el proceso evolutivo.

El viejo Yolivan estaba realizando sus propias pruebas de selección  con sus mimados ejemplares de laboratorio.

Era sumamente alarmante que todos los casos de gigantismo que venían acompañados de una explosión notable en la esfera cognoscitiva de las ratas no eran fenómenos aislados sino que  nos llevaban a la muy fundada sospecha de que estábamos ante el indicio de un gran salto evolutivo y que la mutación podía estar produciendo en la especie,  monstruosos ejemplares. Inteligentes y de gran tamaño.

Mientras tanto Yolivan López seguía manteniendo su criterio de firme optimismo para con el futuro de las ratas.

El viejo convivía en su casa con más o menos dos docenas de ellas, enormes, que él conocía una por una de acuerdo a sus nombres propios.

Tenía la historia clínica de cada uno de los animales y mantenía una salud envidiable en la comunidad.

No dudaba del gusto por la música clásica de las ratas, que fomentaba profusamente.

La manía del viejo López  y su desnaturalizado cariño por la especie catalizaban el exagerado tratamiento privilegiado a los roedores.

Existía una eficiente medicina de punta en el grupo y gozaban las ratas de un adecuado diagnostico preventivo.

Pero algunas de ellas, las mas sensitivas y de intuición mas fina, comenzaron a estar inquietas y alerta.

Comenzaron a comportarse de manera extraña.

Habían sentido la presencia de individuos ajenos al grupo.

Daban la impresión de estar tensas y olfateaban las paredes, los pisos y miraban los techos de la enorme casa del viejo.  López no se percató de la inquietud reinante entre  sus ratas.

No aceptó la existencia de competidoras en los enormes entretechos, entrepisos, y escondrijos de la antigua casa.

El gran error fue negarlas o ignorarlas y subestimarlas.

Cada vez fue creciendo  mas el movimiento de los animales extraños y la preocupación de las ratas de la comunidad del viejo Yoliván  fue en aumento.

El tamaño de las nuevas ratas y su intelecto no desaprovecharían la ingenuidad de las que venían a suplantar.

Y las  intrusas atacaron con furia y decisión.

Una vez estando  allí compitieron con la especie local y la llevaron  a la extinción.

Las ratas aburguesadas del viejo no eran competitivas y perdieron.

Un  bucólico y placentero mundo de ratones amantes de la música solo existió en la notable imaginación de Yolivan López.

En tanto los etólogos observaron un hecho nuevo absolutamente enigmático y alarmante.

Y este hecho era otra disparada en la evolución que se ubicaba en la esfera de la más violenta pendencia.

Al tamaño y a la gran capacidad cognoscitiva había que añadir  ahora una creciente agresividad.

Con cruel ironía el viejo Yoliván López murió debatiéndose en el terror más primitivo.

En el ataque  fue devorado con fruición y golosamente por las feroces ratas mutantes, que el nunca había concebido.

Era un salto evolutivo alucinante.

Algo que resultaba significativamente trascendental para la historia natural, o del más negrísimo terror para los hombres, estaba sucediendo.

¿Seria el momento en que vendrían las ratas por nosotros?.

 

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