TORNEO APERTURA DE PRIMERA DIVISIÓN

Lo empató dos veces y, en el final, lo Acostó

River venció a Alumni en el Emilio S. Puente, al cabo de un gran partido jugado ayer. El albinegro estuvo un par de veces en ventaja pero no consiguió mantenerla. En tiempo cumplido, cuando el conjunto alumnista (ya con 8 hombres) dispuso de un penal, Lucas Acosta defendió la diferencia al rechazar el remate de Borda.


Fiesta riverplatense, desazón alumnista. Gran triunfo del equipo de Seminara en el comienzo del Apertura. 
NACHO CORREA 
Tiempo casi cumplido, penal para Alumni y la posibilidad heroica del empate. Lucas Acosta tiene otros planes y rechaza el remate de Borda.
OSCAR LUNA
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Tiempo casi cumplido, penal para Alumni y la posibilidad heroica del empate. Lucas Acosta tiene otros planes y rechaza el remate de Borda. OSCAR LUNA

Vale apostar por un Alumni-River, incluso después de haber perdido en la creencia de que iban a jugar un partidazo. Pero siempre vale jugar sobre el paño una ilusión cuando los equipos de Primera albinegros y millonarios se cruzan dentro de un campo de juego, al menos las últimas reediciones de esta rivalidad argumenta este consejo.

El último antecedente en ese estadio aún permanece fuerte en la memoria: un partidazo, con muchos de los matices que ayer rebozaron en la tarde de Plaza Oubiñas y con una victoria reluciente de la banda roja por 4 a 3 (La mala noticia de ese cotejo fue la dura lesión de Ramiro Ibáñez en su mandíbula).

Los que apostamos por este nuevo Alumni-River ganamos, pues el que abrió el Apertura 2016 de la máxima categoría volvió a ser un juego de emociones extensas y mezcladas, no siempre con grandes vidrieras futbolísticas que lucir, pero con una entrega constante, incluso cuando todo se había desnaturalizado por las expulsiones.

Y tan bueno fue el partido que a los 30 segundos, Emiliano Mazzante ya estaba mano a mano con Acosta en el punto penal, cita que gobernó el arquero, una figura importante del cotejo. Ese espasmo resultaba sintomático del desarrollo inicial. El escenario general evidenciaba la superioridad local desde el albor; Alumni ya lograba profundidad, hacia su juego vertiginoso y ancho, demasiado inquietante para un conjunto riverplatentese que aún buscaba hacer pie.

Hubo otra acción que fue síntoma de un nuevo panorama en la disputa, no tanto por la esencia de la jugada, sino porque era una señal de paridad: Esteban Etcheverry rodeó con su gambeta la zona derecha del fondo local y casi sobre la meta llegó hasta Ibáñez, quien contuvo el previsible disparo al primera palo.

River recuperaba ahora más adelante el balón y con eso conseguía empequeñecer el tiempo que disponía para pasar de la posición defensiva a la ofensiva, y lo hacía con un panorama cada vez más favorable. La cebra se veía obligada a lateralizar excesivamente en la zona media y a lanzar pelotas muy largas, envíos que sin embargo le resultaban provechosos puesto que la defensa visitante quedaba curiosamente desactivada en esas circunstancias.

El primer gol de Alumni combinó algunos elementos arriba descriptos, o dos caras de la misma moneda: las ventajas ofensivas del albinegro y ciertas deficiencias defensivas en la banda. Una acción centralizada, combinación de Ridao hacia Pouyannes dentro del área, las marcas que no están, y el “Loco” que, frente a Acosta, vio algo más y cedió hacia su izquierda, corto, para que Mariano Borda empuje al gol.

Sin llegar a tener el mismo tenor que en el nacimiento de la disputa, el elenco dirigido por Mariani recobraba para sí el control del partido, agilizaba sus alternativas en ataque y volvía a condicionar bastante la producción de su oponente, cuya relevancia sólo se manifestaba (en un momento que podríamos ubicar por la media hora de la etapa) esporádicamente, en ráfagas.

Pero el ocaso del primer tiempo trajo una nueva era al encuentro, de nuevo con River ímpetu renovado. Primero vio la roja De la Canal por un supuesto golpe –en un avance visitante por izquierda, contra el fondo– en el rostro de Morales. Luego, a los 37’, Ibáñez practica una gran atajada, el balón cae hacia la derecha del ataque riverplatense, van “Patuco” Etcheverry y Joaquín Rodríguez, primerea el de River y el defensor golpea el apoyo del volante. Penal sancionado por Chaparro y gol de Gastón Tapia, que volvió a vestir la banda que lo vio formarse como jugador.

Terminaron arremolinados, confusos, asimilando cada uno a su manera los incidentes acontecidos.

En una circunstancia capicúa, el complemento trajo pan bajo el brazo (el gol es alimento en el fútbol). Al minuto, Pomphile jugó de asistidor y lo hizo de manera perfecta, filtrando un hermoso pase entre defensores estáticos que, al darse vuelta, vieron cómo Mariano Ridao vencía, con una definición acorde a la jugada, al portero rival.

No pudo extender demasiado tiempo su alegría Alumni, ya que River volvió a empatarle. Otro defensor disfrazándose de talentoso hacedor de ocasiones profundas: Pablo Perafán asestó una pelota certera y valiente para el pique corto de Pérez, levemente sobre la derecha; el “Negro” salteó el intento del 1 con un toque alto, repentino.

Progresivamente, el juego en Plaza Oubiñas fue abandonando instancias intermedias en su dinámica alocada y vertiginosa; no surgían aduanas ni peajes, iban y venían en fulgurantes aventuras ofensivas que al tiempo que dotaban al espectáculo de emociones y atractivos, comenzaban a malograr otros aspectos del juego (por ejemplo, la construcción corporativa), tal vez más detallistas. En Alumni, luego de la expulsión del central, Perafán se había retrasado a la saga central y Blando (de gran partido) se establecía como volante central.

El tercer gol de River, además de poseer valor por el hecho de ser Marcelo Duarte (en el regreso) su autor, desencadenó el matiz definitivo que adoptaría el cotejo. El “Gordo” pudo convertir luego de una buena habilitación de Pérez, puesto en funciones con un nuevo pase filtrado contra el fondo local.

Las tres expulsiones restantes (Máximo Etcheverry, Rodríguez y Arrigoni), en un lapso de poquito más de veinte minutos, colocaron aún más al encuentro de vértigo, de cierta liberación de casi todos los jugadores, un ímpetu lógico específicamente en Alumni, que abordó el final con 8 jugadores. La cancha era entonces más espaciosa, por los expulsados y por el desgaste físico que había generado el barro. Una contra respondía a otra, así hasta el final.

Pudo Alumni rescatar un empate de tinte heroico, en un contexto en que River pugnaba por no descuidar su valla y conseguía disponer de contras muy claras. Pero emergió Lucas Acosta, como a los 30 segundos del partido, para rechazar hacia su derecha el esférico que desde los doce pasos había conectado Borda.

De nuevo (al igual que en 2015) al cabo de un partido harto emotivo, River utilizó el Emilio S. Puente para desatar su propia fiesta. El Tío, agradecido.

LA FIGURA   

Lucas Acosta

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Tuvo, al menos, dos intervenciones fundamentales en dos instantes cruciales. Antes del minuto inicial, cuando le ganó el mano a mano a Mazzante, y en tiempo cumplido, momento en que contuvo el penal de Borda. No fueron sus únicos méritos, pero ambas intervenciones de Acosta, ahora pueden leerse como imprescindibles en pos del triunfo.

 

 

 

 

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