ESTUVO DETENIDO UN MES POR EL HOMICIDIO

Lo habían sobreseído, pero después la Cámara Penal no ratificó esa medida

Laura Margaretic, la fiscal que instruyó esta causa. Cuando el imputado fue sobreseído en noviembre de 2013, apeló la medida ante la Cámara Penal. Y en el debate que finalizó la semana pasada, en su alegato pidió la misma pena que los jueces le impusieron al autor de este homicidio atenuado.
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Laura Margaretic, la fiscal que instruyó esta causa. Cuando el imputado fue sobreseído en noviembre de 2013, apeló la medida ante la Cámara Penal. Y en el debate que finalizó la semana pasada, en su alegato pidió la misma pena que los jueces le impusieron al autor de este homicidio atenuado.

Durante la instrucción de esta causa penal relacionada con ese homicidio de connotaciones pasionales en la estancia “El Porvenir”, en noviembre de 2013 el autor del hecho había sido sobreseído. Apelación mediante de una fiscal, luego la Cámara Penal rechazó esa decisión, lo que hizo que el caso se convirtiera en materia de ese juicio donde el encausado fue condenado el pasado miércoles a tres años de prisión en suspenso.

Tras aquel homicidio considerado -ahora que fue condenado a tres años de prisión en suspenso- “con exceso en la legítima defensa” que Facundo Rafael García cometió en la estancia “El Porvenir” de Benito Juárez, los dos abogados que desde que esta causa penal comenzó a instruirse patrocinaron al joven trabajador rural habían pedido que fuera sobreseído.

Osvaldo Bolpe y Carlos Saparrat, a pocos días de ocurrido el hecho, lograron una acogida favorable a ese pedido: un mes después a sucedido el crimen, una jueza -Mariana Irianni, por entonces a cargo del Juzgado de Garantías número 1 departamental- sobreseyó a García.

La magistrada itinerante, en su decisión, que data del mes de noviembre de 2013, ordenó también que el cachariense fuera excarcelado, ya que en ese entonces estaba preso en la Unidad 30, la cárcel del Servicio Penitenciario Bonaerense que está en General Alvear.

Lo dispuesto había sido el resultado de una audiencia donde la jueza había rechazado un pedido de la acusación para que la detención del joven fuera convertida en prisión preventiva, en oposición a lo sostenido por los defensores particulares del encausado, que en esa ocasión habían pedido el ya mencionado sobreseimiento y su libertad “por falta de mérito”.

Desde ese entonces el ahora condenado en esta primera instancia por este crimen que tuvo connotaciones pasionales está en libertad, más allá de que al mes siguiente de que fuera excarcelado su sobreseimiento no fue mantenido desde la Cámara Penal que funciona en el tercer piso del Palacio de Justicia local.

Laura Margaretic, la fiscal que tuvo a su cargo la instrucción de esta causa penal y que en el juicio que finalizó la semana pasada representó al Ministerio Público, evitó que aquella resolución de primera instancia adquiriera rango de firmeza al recurrirla ante la Cámara.

Que vaya a juicio

En diciembre de aquel mismo año 2013, dando lugar al recurso presentado por la titular de la UFI 2, la Cámara Penal revocó el sobreseimiento del joven que dos meses antes había cometido este homicidio.

Mientras que en una primera instancia la jueza Irianni, para sobreseer al joven,  que había actuado amparado en una causal justificada y en respuesta a una agresión ilegítima provocada por los dos hermanos que fueron a buscarlo al campo, ante esa aparente infidelidad con la esposa de uno de ellos, el enfoque de los camaristas que intervinieron en el recurso fue bastante distinto.

Los jueces Eduardo Uhalde y José Luis Piñeiro, en esa segunda instancia, se pronunciaron a favor de anular el sobreseimiento de García.

El juez tandilense, ya retirado del Poder Judicial, calificó como precipitada a la decisión en principio tomada por la jueza Irianni, actualmente desempeñando funciones en Mar del Plata.

“La solución definitiva tomada por la señora Jueza de Garantías cuando tan sólo había transcurrido poco más de un mes del inicio de la causa y se estaba lejos del plazo establecido para la finalización de la IPP no puede menos que sorprender a la investigación, que bien pudo programar su cometido teniendo en cuenta el lapso temporal restante y que por esta decisión su tarea le es dejada trunca”.

“Lejos de poder presumirse que la finalidad de esta etapa había sido alcanzada, considero que es evidente que existen medidas pendientes de producción y que cabe la realización de otras que se avizoran como derivación del propio curso investigativo”.

“Sin ir más lejos -enumeró el por entonces camarista- un mejor y preciso interrogatorio a quienes ya depusieron, unido ello a la realización de un croquis que permita situar adecuadamente dichos relatos, se presentaba como una medida que difícilmente pueda sostenerse que la Fiscalia fuese a soslayar”.

“La precariedad de los elementos de prueba hasta ahora recolectados en este incipiente período procedimental hacen que la propia resolución de la Magistrada carezca de una sólida base de sustentación”, se indicó también desde la Cámara Penal.

“Sin dejar de desconocer la posibilidad de que luego de una más acentuada investigación la única solución posible sea la del sobreseimiento, lo cierto es que hoy la necesidad racional del medio empleado por García para poner fin a la situación está en dudas y esa misma duda obliga a postergar la aplicación de la norma permisiva de la legítima defensa”, sostuvo Piñeiro.

Y al referirse a las circunstancias que rodearon al caso, escribió: “Sin desconocer que no hubo provocación por parte del imputado y que éste fue objeto de una agresión ilegítima, en la resolución que se analiza no queda rigurosamente dilucidado a qué bien jurídico estaba dirigida la repulsa del causante para, establecido ello, poder determinar la proporcionalidad del medio empleado. Si era la vida, la propiedad o ambos en su conjunto”.

A criterio de la Cámara Penal, la jueza no había explicado “cómo interpretar que si el bien efectivamente amenazado hubiese sido la vida, Esteban Porras -siguiendo el relato del propio imputado- no hubiese matado a García cuando, apuntándolo con el revólver, lo tenía a muy escasa distancia; o por qué razón, pudiendo abrir a puntapiés la puerta de ingreso, no penetró en la vivienda para enfrentarse con el imputado; o por qué motivos su ataque final se dirigió a romper los vidrios de una ventana por la que no podía penetrar a la casa y, a su vez, tampoco disparó con el arma hacia el interior de la vivienda en vez de dar simples manotazos”.

“Si lo que se intenta justificar es la defensa de la propiedad, una fundamentación absolutoria no podría haber dejado de considerar la disparidad de los bienes protegidos con relación al mal producido, pues aún no habiendo ponderación de bienes en la legítima defensa sí debe hacerse mérito entre la absoluta desproporción que implica quitar la vida para defender a los pocos vidrios sanos que quedaban en ese momento”.

“Finalmente, válido para uno y otro caso, merecía un mayor análisis la posibilidad de vías alternativas al disparo mortal. Si bien es cierto que el causante contaba con sólo dos proyectiles en el cargador de su carabina, bien podría haberlos utilizado de manera disuasiva en la medida que contaba con muchos más en la habitación -lugar de donde presuntamente tomó la carabina- a la que podría haberse dirigido ante la escasa distancia que lo separaba de ella y la carencia de un peligro inminente”, se había mencionado también.

Ante estas observaciones, desde la Cámara se decidió anular el fallo que había sobreseído a García. Y ahora, arribada a una decisión de primera instancia a través de ese juicio donde el joven fue condenado, un Tribunal lo halló autor de un homicidio simple con exceso en la legítima defensa.

El dato

Inicialmente, en el juicio la fiscal Margaretic acusó al joven del delito de “homicidio simple”. Pero después, contando para eso con los testimonios escuchados en el debate, en su alegato pidió que al trabajador rural cachariense lo condenaran como autor de otro delito: ese homicidio atenuado por el que los jueces del TOC 2 le impusieron una pena de tres años de prisión en suspenso.

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