FALLO DE UN JUICIO ORAL

Lo procesaron por un homicidio y fue absuelto

 

El inculpado, en septiembre de 2013, había matado a un hombre en Las Flores. Los jueces que intervinieron en este debate que finalizó ayer concluyeron que en el hecho existió “la causal de justificación de la legítima defensa”.

 

Un trabajador rural que en septiembre de 2013 mató a un hombre en inmediaciones de un paraje situado en el Partido de Las Flores fue absuelto en un juicio que se hizo en Azul y finalizó ayer, al concluir los jueces que intervinieron en el debate que había actuado en legítima defensa.

El fallo se anunció ayer en horas del mediodía en el Tribunal Oral en lo Criminal número 2.

Desde semanas atrás, la sala ubicada en el segundo piso del Palacio de Justicia local estuvo siendo escenario de este proceso que ayer concluyó, sin que en esa audiencia estuviera presente el imputado: un hombre nacido en Las Flores que tiene 51 años y se llama Horacio José Calandrelli.

Si bien Calandrelli había llegado a este juicio acusado del delito “homicidio agravado por el uso de arma de fuego”, ayer -y de manera unánime- los jueces Gustavo Abudarham, Alejandra Raverta y Carlos Pagliere (h) se pronunciaron a favor de su absolución “por mediar la causal de justificación de la legítima defensa”, según indicaron al hacer alusión en el fallo a la norma contemplada para casos de estas características en el inciso 6° del Artículo 34 del Código Penal.

 

El homicidio

 

La muerte de un hombre de un disparo, ocurrida en Las Flores el 6 de septiembre de 2013, se convirtió en el tema principal de lo que fue este juicio desarrollado en Azul.

El fallecido se llamaba Edgardo Adolfo Aguirre. Y según escribió el juez Abudarham en el fallo al referirse a la existencia material del hecho, el día antes señalado Calandrelli lo mató de un disparo que fue efectuado con un revólver calibre 22 que portaba.

Las circunstancias en que el homicidio se produjo se convirtieron en un factor de fundamental importancia para que los integrantes del TOC 2 se pronunciaran a favor de absolver al inculpado.

De esa manera, los jueces dieron por probado que la muerte de Aguirre se produjo en horas de la mañana del día ya señalado, en inmediaciones de un paraje llamado “El pago de Oro” que está situado en el Cuartel I del Partido de Las Flores.

En ese lugar, según quedó demostrado en el debate, fue Calandrelli quien, “mediante el empleo de un arma de fuego tipo revolver calibre 22 mm, le efectuó un disparo al cuerpo de Edgardo Adolfo Aguirre, impactando en la región hemitórax izquierdo, línea axilar anterior, a la altura media de la axila, provocándole la muerte por shock hipovolémico y posterior paro cardio-respiratorio”.

Ni bien resultara detenido acusado del homicidio, el encausado declaró. Y después lo hizo durante el transcurso de este debate, admitiendo también en ese testimonio haber sido el autor del disparo.

Las especiales circunstancias en que el hecho se produjo se tradujeron en que a Calandrelli los jueces del TOC 2 no le endilgaran reproche penal alguno y que, en consecuencia, lo absolvieran.

Esa situación se vio reforzada, además, con el pedido que en su alegato hiciera su Defensor Particular, quien sostuvo que el hombre había actuado en legítima defensa, por lo cual correspondía, tal como finalmente sucedió ayer, absolverlo.

 

Una situación que venía desde antes

 

Calandrelli y Aguirre se conocían desde tiempo antes y ya se habían registrado diferentes inconvenientes entre ambos.

En ese contexto, en el fallo los jueces citaron la declaración que el encausado diera en la sala de debates, donde contó que el hombre que murió en el marco de este homicidio había adquirido, tiempo antes a que el hecho sucediera, una propiedad lindera a la que él alquilaba.

“Allí yo tenía sembrado de maíz y Aguirre me juntaba las espigas más grandes de maíz. Me rompía los alambrados y mandaba sus animales a mi campo. Me afectaba económicamente”, contó el acusado.

También refirió que por la situación había recurrido a la Policía, aunque sin obtener una respuesta favorable a su reclamo, lo que después hizo que reforzara los hilos de los alambrados del establecimiento rural que en ese entonces arrendaba para, de esa manera, evitar que los porcinos de Aguirre se metieran en el maizal.

Pero esa situación no sirvió de mucho, ya que posteriormente -según dijo en el juicio el acusado- los animales continuaban ingresando al establecimiento rural que él alquilaba, luego de que Aguirre se asociara con otra persona que había adquirido un terreno en ese sector de la zona rural de Las Flores.

“Cuando les iba a avisar que sacara los chanchos que se metían en mi propiedad, no los sacaban. Yo iba a Cuatrerismo para que interviniera la Policía”, relató.

Los inconvenientes continuaron a raíz de la misma situación y de otras, sin que el hombre que fue absuelto ayer obtuviera alguna respuesta favorable a los reclamos que efectuaba en la Policía y ante otras instituciones del Estado.

Y según contó Calandrelli en el juicio, todo se volvió más grave cuando “en represalia me empiezan a matar vacas. Me matan once vacas y un toro”.

“Después -dijo también- empezaron a comprar las vacas y como no las podían tener en el campo, las sacaban a la calle. Los vecinos llamaban para denunciar”.

Calandrelli relató que sufrió varias amenazas por parte de Aguirre. Además, una vez un conocido del fallecido le pegó en la cabeza con un rebenque trenzado.

 

Su versión de lo que pasó

 

El encausado contó que el día en que se produjo el homicidio él estaba arreglando unos alambrados de un campo donde se hizo presente Aguirre.

“Llega Aguirre gritando y haciendo gestos. Estaba del otro lado del alambrado de donde yo estaba. Salta el alambrado y me dice: “qué te pensás que me vas a estar prepoteando”. Pega una atropellada cortita y me pega un pechazo. Me hace retroceder unos metros. Le dije que estaba armado. Me agarra y cuando me da un metro de diferencia, saco el arma de adelante. Me manotea con las dos manos. Yo tiro la mano hacia atrás y se produce el disparo. Desde que saltó el alambrado hasta el disparo habrán pasado 10 segundos”.

Desde tiempo antes, teniendo en cuenta esas amenazas que sufría, Calandrelli comenzó a portar un arma de fuego que era de su papá.

Ni bien Aguirre recibió el disparo, que ingresó a la altura de una de sus axilas, el encausado contó en el debate que guardó el revólver y llamó a la Policía.

Después, dijo que también se comunicó con otras personas que estaban en el lugar para que vinieran “a ayudar”.

Para cuando la Policía llegó al lugar, Calandrelli fue aprehendido en la casa del campo donde trabajaba, todavía con el revólver en su poder que antes había utilizado para efectuarle el disparo a Aguirre en medio de lo que fue un forcejeo.

“Le asiste la razón a la Defensa en cuanto a que se ha verificado una inicial agresión ilegítima por parte de Edgardo Aguirre configurada por la conducta de ir en busca de Calandrelli hasta el lugar a donde éste se encontraba y, luego de cruzar un último cerramiento, increparlo verbalmente primero, saltar el alambrado que los separaba, y pecharlo después”, escribió el juez Abudarham en el fallo.

“En las circunstancias aludidas, el imputado continúa la descripción de la secuencia diciendo que le advirtió que llevaba encima un arma y que no obstante ello Aguirre arremetió contra él agarrándolo, como buscando el arma mientras le decía que le iba “a meter el arma en el culo”, con lo cual resulta claro que medió una agresión ilegítima por parte de Aguirre. Esa dinámica de los hechos determinó que Calandrelli extrajera el arma que llevaba en la cintura para detener a su agresor”.

Con relación a la situación previa al homicidio, en el juicio quedó probado que Calandrelli había sido amenazado por Aguirre y que varias denuncias había al respecto, tras ese conflicto iniciado con los animales de uno que se pasaban al establecimiento rural que alquilaba el otro.

Diferentes testimonios escuchados en el juicio demostraron que existía un conflicto previo al homicidio entre ambos protagonistas de esta situación, generado sobre la base de la “desaprensiva actitud” de Aguirre para con Calandrelli y otros vecinos de la zona. Además, quedó probado que el muerto había amenazado tiempo antes al hombre absuelto ayer.

“También se pone en evidencia la personalidad egoísta y altanera que presentaba Edgardo Adolfo Aguirre, las múltiples conductas perjudiciales y dañosas que de continuo desplegaba hacia terceros, y las actitudes desaprensivas, prepotentes y a veces violentas que frecuentemente exhibía con sus vecinos”, señaló el juez Abudarham.

En ese contexto, para los magistrados del TOC 2 surgió como algo justificado que el hombre absuelto ayer decidiera portar un arma de fuego.

Volviendo a lo sucedido el día del homicidio, se indicó: “Especialmente hay que tener en cuenta que, una vez que Aguirre llegó al lugar del hecho, desplegó una conducta de progresiva agresividad contra Calandrelli, increpándolo primero con amenazas e insultos, saltando luego el alambrado para lograr un mayor amedrentamiento y posibilitar el contacto físico y, finalmente, comenzándole a empujar y pechar violentamente, lo que verosímilmente preanunciaba una agresión de mayor envergadura”.

“Ninguna provocación efectuó Calandrelli hacia Aguirre. Como ya lo expresara, el encausado se hallaba solo, reparando unos alambrados en el campo, cuando hasta allí llegó Aguirre para increparlo”.

Además, en el marco de las circunstancias señaladas, los jueces no descartaron que el disparo que dio muerte a Aguirre haya sido “accidental”, lejos de la conducta desplegada por alguien que actúa con intenciones de matar.

“Si efectivamente la intención de Calandrelli hubiera sido sesgar la vida de Aguirre, tenía varios proyectiles colocados en el tambor de su arma con los cuales podía eventualmente asegurar el resultado letal. No obstante ello, sólo hubo un único disparo, luego del cual se fue hacia la casa de Loyudice en donde se quedó, dejó el arma sobre la mesa y permaneció sentado hasta la llegada del personal policial que procedió a su detención y al regimiento del arma empleada en el hecho”, se indicó en el fallo.

 

El dato

Cuando ayer en horas del mediodía se anunció el fallo para el inculpado, tanto en la sala escenario de este juicio como en los pasillos de Tribunales, familiares del hombre fallecido increparon a los jueces. La situación obligó a que intervinieran los efectivos del SPB que desempeñan tareas en el Palacio de Justicia, con el fin de calmar los ánimos.

 


LA CÁMARA PENAL LO HABÍA EXCARCELADO

Horacio José Calandrelli, según mencionó ayer en diálogo con este diario su abogado defensor, el Dr. Julio César Vélez, había llegado en libertad a este proceso, después de que un mes más tarde a ocurrido el homicidio por el que ahora fue absuelto había sido excarcelado desde la Cámara Penal de Azul.

“Mi cliente sólo permaneció detenido un mes, ya que desde la Cámara Penal, luego de una apelación que fuera presentada en ese entonces, le fue otorgada una excarcelación extraordinaria”, contó el penalista azuleño.

Esa decisión, explicó el abogado Vélez, estuvo basada tanto “en la situación personal” del imputado como también en las “especiales circunstancias” que el hecho tuvo, lo que ya en ese entonces llevaba a los camaristas a advertir que se podía estar ante un homicidio cometido en legítima defensa, tal como ahora lo consideraron los jueces del TOC 2 que intervinieron en el debate.

 

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1 Comment

  1. Norman

    marzo 10, 2016 at 11:35 pm

    Ahh perfecto,legítima defensa ??, alguien puede explicarme la racionalidad del medio empleado, un revólver contra un pechazo de la víctima, Dios mío no te paga nadie,pobre familia, por algo tenemos en Argentina el 70 % de reincidencia delictiva. Vergonzoso fallo.

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