LO QUE DICEN LOS GURÚES DE MACRI

Los gurúes que estudian la opinión pública a su alrededor ya le deben estar taladrando los oídos a Mauricio Macri, diciéndole que el caso del arreglo judicial que hizo el Estado que él administra con la empresa de su familia que explotaba el Correo Argentino hasta 2001, que una fiscal de Cámara calificó como “ruinoso”, no afecta o sí afecta su imagen o quizás la intención de voto. Sin embargo, su responsabilidad institucional excede ese marco de laboratorio, banal si se quiere.

Si bien desde el Gobierno buscan detener cualquier involución soplando al oído de los periodistas que la fiscal general ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, Gabriela Boquin es “amiga personal y discípula de la procuradora (Alejandra) Gils Carbó” o afirmando que “el Presidente no sabía nada de esto”, todo esto suena a pobres excusas para salvarlo del incendio.

Lo más concreto es que ahora Macri sí lo sabe y la sensación es que debería actuar de modo contundente al respecto, ya que el juego del deterioro está en marcha y que sólo de él dependerá hacer la crucial movida que evite que, en desventaja posicional, las próximas le signifiquen sucesivos jaques y pérdidas de piezas, algunas vitales para seguir en carrera. Ahora, le llegó el momento al Presidente de jugársela por las instituciones que dice querer reconstruir y dejar las encuestas de lado.

Esto que sucedió durante la última semana, aunque es una cuestión que viene de junio del año pasado, más que un problema de origen comercial-legal que le explotó políticamente en las manos a Macri con esquirlas todavía insospechadas, es la punta del iceberg de una grave cuestión institucional que, además, debería significarle un problema de conciencia.

Además, con la aceptación de un acuerdo concursal con la empresa que es de la familia Macri sin ponerse a ponderar las circunstancias morales de la situación, el Gobierno cometió un garrafal error político que horada buena parte de la base electoral de Cambiemos, desliz que le puede bajar las defensas a muchos votantes.

Cuando se conoció el dictamen de la fiscal, el Gobierno tardó 48 horas en reaccionar. Lo que indican los hechos es que, basado en situaciones incontrastables en las que se metió solo, el Gobierno se comió una operación de manipulación de cifras y de desgaste político que no supo prever.

Por otra parte el Presidente debería escuchar los cantos de los estrategas que le dicen que mejor es no salir a contestarle a Cristina Fernández ni en éste ni en otros temas, ya que es bueno que la ex presidenta se incendie sola y que sus argumentos suenen a victimización o a la necesidad de enchastrar a todos para tapar las decenas de causas judiciales que la aquejan a ella y a sus ex colaboradores.

 

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