“Lo último que vamos a perder es la lucha” 

Fabriquero añejo y uno de los símbolos del reclamo por las fuentes laborales en  FANAZUL, Omar Menchaca cumplió ayer 59 años. Los “invitados” fueron esencialmente sus compañeros y la multitud que nutrió la caravana. Entre todos ellos, una compañía fundamental para “Mencho”: su hija Silvia.

Omar Menchaca en andas, mientras toda la concentración de los fabriqueros en la puerta de FANAZUL cantaba por su cumpleaños. Treinta de los 59 años que cumplió lleva “Mencho” dentro de la fábrica azuleña.
FOTOS NICOLÁS MURCIA


Decirle “Feliz cumpleaños” a Omar Menchaca ayer se oía algo contradictorio. Es una apreciación que en nada invalida el genuino sentimiento que impulsó las decenas de saludos y abrazos (incluso cánticos) que recibió “Mencho”, el tipo al que todos quieren. En la puerta de FANAZUL, con tanta compañía como tal vez nunca tuvo en un cumpleaños pero inserto en una escenografía (propia de una coyuntura) que jamás hubiera deseado, uno de los más antiguos trabajadores de Fabricaciones Militares en Azul celebró sus 59 años, 30 de los cuales se los ofrendó a la empresa que ahora lo ha despedido.
No estaba solo “Mencho”, su familia viajó con junto a él los 35 kilómetros que separan la ciudad de la fábrica. Y en ese sentido, una de las compañías más especiales el cumpleañero es la de su hija Silvia, quien comparte la condición fabril desde hace 7 años. Hija, compañera de trabajo y ahora, codo a codo, ladera en las malas.
EL TIEMPO les solicitó interrumpir brevemente ese festejo conjunto, otra manera de hacer catarsis mientras las penurias se sostienen. Mientras la concentración en el acceso a FM comenzaba a transformarse en caravana de regreso, Omar y Silvia, padre e hija, dialogaban con este medio. Abrazados durante toda la nota, riendo pese a todo, el consuelo de ambos es reconocer en el otro a uno mismo: “El que deja de luchar pierde. Tengo fe que la vamos a recuperar a esta fábrica, porque en definitiva es nuestra”.

Dice Silvia, sobre el cariño que le profesan a su papá: “No me extraña, todo el mundo lo quiere a él. Cuando falta el “Mencho” algo falta, te das cuenta”.


–La circunstancia más indeseada para contextualizar tu cumpleaños. ¿De qué manera podés describir lo que te sentís ahora?
–Es duro. Viniendo para acá, ella me preguntaba “¿qué sentís?”. Se me ponía la piel de gallina. Hace 30 años que estoy acá, entré muy jovencito. Y por distintas circunstancias… en el 91 también nos quedamos sin trabajo, pero hoy es peor. De todas maneras, ver la fábrica me maravilla, es mi segunda casa y después de mi familia, es lo más importante que tengo.
–Silvia, es dado sospechar que jamás imaginaste acompañar a tu papá en su cumpleaños en un momento tan doloroso.
–La verdad que es muy triste, nunca lo imaginé. Es como que… este lugar es nuestro, nos pertenece, y no poder entrar me da una impotencia… Veníamos y le decía a mi marido “¡qué triste!”. Que todo esté así y que nosotros seamos como extraños. Es muy triste.
–Omar, ¿qué pasó internamente cuando, en el viaje hasta aquí, volviste a tomar la Ruta 80?
–Fue raro, una sensación rara: venir para acá, con tanta gente…Lo que más me emociona es el pueblo, el sentir del pueblo, de la familia…de los amigos (se emociona), bueno…de todos.
–Vale destacar que la lucha por no perder las fuentes de trabajo sigue, que hay una “brasa” encendida en ese sentido.
–¡Sí, por supuesto! Estoy acostumbrado. Estoy desde el año 83 en el sindicato, así que imaginate si tengo luchas, las marchas, las asambleas, movilizaciones impresionantes. Perdí la cuenta ya. Pero lo último que vamos a perder es la lucha, porque el que deja de luchar pierde. Tengo fe que la vamos a recuperar a esta fábrica, porque en definitiva es nuestra. Somos la tercera generación. Yo he visto pasar a mucha gente acá, vi pasar accidentes con víctimas fatales y eso es bravo. Son cosas que mientras viva serán difíciles de olvidar.
Por eso que todos los que trabajamos en esta fábrica es que la tenemos como pertenencia.
–Esa pertenencia es un sentir común en todos los trabajadores.
–Siempre digo ¿qué tiene FANAZUL? Algo tiene, no sé si es el viaje, no sé si es la distancia, el estar en peligro.
–Silvia: Somos una gran familia, por eso la pertenencia.
–Omar: Hay un alto grado de compañerismo y eso te lleva a valorar la fábrica cada vez más. Tuve el honor de ser elegido como mejor compañero, y eso no hay plata en el mundo que lo pague.
–¿Y poder compartir la lucha con tu hija?
–Sí, sí. Yo luche para que ella entrara acá y ahora estamos los dos despedidos. Pero de algo los dos estamos seguros: vamos a volver a recuperar esta fábrica.
–Cuando lo viste a tu papá en andas y todos cantando por él, ¿gana la alegría o la tristeza de la circunstancia?
–Fue muy emocionante. Pero no me extraña, todo el mundo lo quiere a él. Cuando falta el “Mencho” algo falta, te das cuenta.

“Ver la fábrica me maravilla, es mi segunda casa y después de mi familia, es lo más importante que tengo”.

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