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Que el fuego que encendió Juan no se apague

5 de diciembre de 2019

Este martes se cumplió un año del fallecimiento de Juan Manuel Crocco. Fue una partida inesperada, dolorosa y que golpeó como un cross en la mandíbula de quienes lo conocíamos.



Era un tipo querible, solidario, familiero y amigo fiel. Siempre de buen humor y con un chiste a flor de labios (excepto cuando era él quien debía salir de la cancha en el partido de los sábados y refunfuñando por la bajo y mirando el césped aceptaba la decisión de los improvisados DT); siempre dispuesto a dar una mano; siempre dispuesto a soñar con un futuro mejor. Hincha de boca hasta la médula y gran “defensor” de sus ideas, en las redes sociales y en la vida misma.



Era un tipo al que era difícil no querer, excepto cuando tiraba caños, rabonas y tacos en esos lugares que no debía, pero era casi imposible que el enojo se extendiera por mucho tiempo ya que sabía “gambetear” muy bien con su risa contagiosa. También tiraba varias verdades en lugares en los que debía y solía ser “políticamente” incorrecto cuando la situación lo ameritaba.



Muchos lo miraron con desconfianza cuando cargó sobre sus hombros la mochila del reclamo por la Autopista en la Ruta 3. Muchos creyeron que estaba vendiendo humo, pero con el paso de los días, de los meses, de los años, fue abriéndose campo en una pelea en la que puso el pecho y el alma hasta el último día de su vida.



Con esfuerzo y tesón consiguió que en toda la zona el reclamo se emparente casi exclusivamente con su apellido. Fue la fuente de consulta de muchos medios locales y también de la región. Era el “Juan de la gente”, como le gustaba que lo llamen. Y claro que era así.



nos vamos a bajar de la ruta hasta que no veamos las máquinas trabajando”, repitió en infinidad de ocasiones. Pero Juan ya no está y la Ruta 3 sigue cobrándose vidas. No dejar que se extinga ese fueguito que encendió Juan es la tarea. Para eso está su familia, sus amigos, sus compañeros de los Vecinos Autoconvocados, quienes continúan enarbolando el reclamo a pesar de las promesas incumplidas de aquellos que sí venden humo.



Realmente se lo extraña. Nos debemos un asado y algunos “fulbitos”. Todavía recuerdo esa última charla. Aún espero que suene el teléfono y de otro lado suene un “amiguiteeen”. Nos volveremos a ver. Tomá por loco.



 


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