LOS AMIGOS DE MACRI HACEN COLA PARA DEJARLO DESAIRADO

 

“Soy yo, Mauricio, pel…” Nadie sabe si verdaderamente el presidente de la Nación lo llamó por teléfono a su amigo Juan José Gómez Centurión, ni mucho menos si copió la expresión que su antecesora le endilgó a Oscar Parrilli. Pero, seguro que el jefe de la Aduana se la merecía por inoportuno y provocador.

Al gobierno nacional le había costado varios días salir del jardín en que se metió solito al firmar el Decreto que cambió la inamovilidad del 24 de marzo, junto al de otros feriados. Había sido vapuleado por muchos sectores que creían que la fecha de la instauración de la última dictadura militar debía ser recordada el mismo día en que sucedió, incluídos algunos aliados de Cambiemos.

Otros, desde adentro mismo del Gobierno, hicieron autocrítica por la falta de tino político a la hora de entrar a un laberinto adónde nadie los había llamado.

Y después de haber salido el sábado pasado de tan previsible atolladero y de evitar las portadas de los diarios dominicales con la marcha atrás que conlleva la promesa de retrotraer los cambios, a las 24 horas exactas Gómez Centurión se descolgó con sus declaraciones y a desgaste, desgaste y medio.

Ni el contundente comunicado de la secretaría de Derechos Humanos, ni las declaraciones de algunos ministros ni tampoco el pedido de disculpas del propio funcionario alcanzan para soslayar el golpe político que representó para Macri el episodio.

Es verdad que todo el mundo tiene derecho a expresarse sobre cuestiones tan delicadas, pero es misión de los funcionarios públicos tener apego a las leyes y es el caso de la cuestión de los muertos que provocó la represión generada desde el Estado, que tiene una sentencia.

No pasa lo mismo con el número de los desaparecidos o con el reconocimiento de las muertes del otro bando, temas sobre los que todavía hay que debatir y mucho, en la Argentina.

Lo que se le debe criticar a Gómez Centurión es su desapego a la Ley y no su opinión, por más que a muchos les parezca abominable de verdad y aunque otros la censuren por conveniencia política. Para pegarle por elevación al Presidente, Cristina Fernández y otros de su entorno han dicho que “lo que opina el jefe de la Aduana es lo que opina Mauricio Macri” y esto no consta ni tampoco es lo que ha señalado oficialmente el Gobierno al respecto. Lo cierto es que el principal perjudicado por este nuevo tiro a los pies ha sido una vez más Macri y en todo caso si se lo echa al funcionario no será por lo que dijo, sino por el nuevo brete en el que ha metido al Gobierno todo.

Es lo mismo que si otro viejo conocido del Presidente, Gustavo Arribas, no presenta de una vez la famosa escritura brasileña. Por el delito de mentir no tendrá pena, pero le habrá sumado un grandísimo descrédito político a su amigo y, si ocurre, eso ni siquiera se podrá arreglar con un insulto telefónico.

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