Los carnavales y la cultura del abuso

Durante las tres noches de desfile se pudieron observar distintas situaciones que no son agradables para quienes van a un festejo popular a divertirse. Un juego que disfraza situaciones de manoseo a chicas por parte de adolescentes. Poca seguridad por parte del municipio dio lugar a complicadas situaciones.

Miles de personas asisten a los carnavales. En los costados del desfile principal hay personas jugando al carnaval en donde hay situaciones de manoseos disfrazados en juego con nieve.
NACHO CORREA


Por Simón Scalcini – De El Tiempo
Ya pasó una semana desde que terminaron los Carnavales 2018. Sin dudas esta es una fiesta más esperada del año por las clases populares para poder salir de sus casas a ver un espectáculo artístico gratuito. Fueron tres días de desfile y uno de entrega de premios en donde aparentemente estuvo todo bien, mas no fue así.
A lo largo todo el desfile hubo muchas cuestiones negativas que se pudieron observar. Es sabido que muchos jóvenes van con sus amigos a disfrutar de la noche y a jugar “al carnaval”. El juego es muy sencillo y tiene décadas de historia: se compra una nieve en algún puesto y se trata de empapar a personas conocidas o a los del género contrario.
Hasta ahí tampoco pareciera haber nada de malo. Sana diversión adolescente que busca en esta fiesta pasar un tiempo con amigos mientras se disfruta de un juego.
Pero como todo entretenimiento sano puede llegar a otro nivel. Durante las tres noches de corso en todas y cada una de ellas se podían ver situaciones de abuso por parte de jóvenes hacia distintas mujeres.
Hay que relatar una situación puntual para poder entender de qué se trata. En la noche del viernes, ya alcanzado la mitad del recorrido se pudo ver una situación que resultó indignante para las personas que se encontraban cerca de la esquina de Bidegain y Urioste: un grupo de casi 10 hombres adolescentes arrinconaron a dos chicas de más de 15 años para tirarle la tradicional nieve pero una vez que ambas jóvenes tuvieron la vista nublada comenzaron a tocarla en partes de su cuerpo sin su consentimientos.
Ambas comenzaron a sacarlos. La situación contenía un nivel de violencia tal que tuvieron que interceder algunas personas que se encontraban caminando por el lugar y cuando se dispersaron las jóvenes tenían sonrisa de incomodidad. Ellas también se fueron inmediatamente naturalizando esta parte del juego, parte de una cultura del abuso y la violación. Las personas que estaban alrededor siguieron mirando el desfile.
Uno puede pensar que esta pudo haber sido una situación aislada, que fue sólo ese hecho. Obvio que no deja de ser grave, violento y uso del más crudo machismo que se ha visto.
Pero esto no quedó sólo ahí. A lo largo de todo el desfile se pudieron ver situaciones no tan visibles como estas: chicas caminando por el costado y otros de su misma edad pasando por el costado “aprovechando la situación” para tocar alguna parte del cuerpo del otro.
Algunos no tenían más de 10 años y, quizá, lo vivían como un juego, pero otros ya están en edad de discernir qué es el consentimiento, qué es lo que la otra persona quiere y respetar el espacio corporal de la otra persona.
Gran parte de la gente naturalizaba estas situaciones dándole total impunidad a estas personas de seguir abusando de otras. La palabra abuso a veces suele estar ligada a situaciones muy fuertes que son las que salen en los noticieros, o a personas adultas. Pero en los carnavales se podían ver situación de abuso a simple vista y nadie hacía nada. Esta era la situación más grave, pero el machismo cala tan hondo en las relaciones que tenemos con nuestro entorno que nos hace naturalizar lo aberrante.
A esto se le suma la falta de seguridad oficial. A lo largo de todo el recorrido se podían ver dos o, a lo sumo, tres policías en los alrededores para contener miles de personas. Es cuestión de hablar con mujeres y saber cuál es su experiencia en el corso y siempre va a contar que situaciones parecidas a esta.
También arriba del escenario
Ya contada la situación más grave, se podían observar ciertas cuestiones que tienen que ver desde el discurso de quienes llevaban la voz en estos carnavales. Por nombrar un ejemplo de los tantos que forman parte de esta cultura tiene que ver con las preguntas que se les hicieron a las aspirantes al reinado (otra institución en crisis de las fiestas populares).
Las mismas tenían que ver con cómo se sentían en esta situación, por qué se habían presentado, quiénes la apoyaban, entre otras. Hasta ahí todo bien, pero luego venía la pregunta típica “que todos quieren saber”, dijo el locutor.
Esa era nada menos que conocer acerca de la vida privada de las jóvenes: “¿Ténes novio?”, se escuchaba recurrentemente cuando todas las aspirantes al reinado pasaban en frente al escenario.
Aquí hay muchas cuestiones para hablar pero lo primero que hace ruido en esa pregunta es la llamada “presunción de heterosexualidad”. Esto siempre se hace de manera inconciente, pero puede ser cualquiera orientación sexual de las jóvenes. Pero el tener que saber de la vida privada de las chicas era más importante que sobre los conocimientos, cómo representarían a Azul si se llevan la corona a casa y muchas cosas más.
Cuando algunas chicas respondían afirmativamente la siguiente pregunta fue siempre: “¿Es celoso?”. La incomodidad en ellas también respondía de manera variada, una de ellas dijo que “sí”, el locutor no tuvo mejor respuesta de que “al novio hay que hacerle caso”.
Escuchando esto y viendo lo que sucedía abajo del escenario no había mucha distancia. Las mujeres salen perdiendo en este tipo de eventos. Es muy complicado para ellas poder ser espectadoras con total normalidad y tranquilidad sin pensar que alguien puede ir y tocarlas sin su consentimiento o decirles que tienen que hacerle caso a su novio.
Javier Aníbal y la transfobia 
El día de cierre estuvo como acto central la presentación del cantante de música tropical, Javier Aníbal. Con una relación de amistad (así lo dijo él arriba del escenario) con el intendente Hernán Bertellys, el artista estuvo en nuestra ciudad muchas veces haciendo shows en distintos eventos. A lo largo de su show hizo algunos comentarios al público, de divirtió con sus fans y cantó los temas de moda y algunos de su propia autoria.
En una de las pausas de su show, comenzó a presentar a los integrantes de su banda con algunas complicidades internas que eran simpáticas. Cuando hizo lo propio con el tecladista dijo que le gustaba de todo “hasta los travas”. Este comentario transfóbico teñido de chiste no fue bien recibido por las personas que no se lo celebraron.
La transfobia hace referencia a la discriminación, conductas y actitudes negativas hacia las personas transgénero o transexuales. Eso se pudo vivir en la noche final de los carnavales y no hubo ningún tipo de retractación posterior.
EL PAPEL DE GUADALUPE
Pero como el carnaval puede tener situaciones que angustian y excluyen, también hay otras que dan una luz de esperanza en este tipo de eventos. En esta edición de los carnavales se presentó como aspirante al reinado Guadalupe Zabala, la primer mujer trans que formó parte del grupo de chicas que buscan la corona.
En todas las pasadas que hizo, Guadalupe fue capaz de deconstruir la mirada de los otros, de hacer sentir la voz de las personas oprimidas y de la comunidad LGBT en general.
Con tan sólo 27 años fue capaz de cambiar muchas cosas en la historia de los carnavales. En las pasadas nunca dejó de agradecer a quienes la acompañan pero también en visibilizar reclamos de la Asociación Diversidad Azul que fue a quien representó en estos carnavales.
Uno de ellos, y quizá por el que se está luchando fuertemente en Azul, es el Cupo Laboral Trans. Sobre su carroza, maquillada, peinada y vestida para la ocasión Guadalupe nos recordó que el Sector Público de la Provincia de Buenos Aires, debe ocupar, en una proporción no inferior al uno por ciento de la totalidad de su personal, a personas transexuales y transgénero que reúnan las condiciones de idoneidad para el cargo.
Fue una mirada distinta en los carnavales. Desplegó alegría, humor, conciencia social y muy buena energía arriba del escenario. Una verdadera reina.

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