LOS IDUS DE MARZO

La administración Macri enfrenta por estas horas un período de fuerte inestabilidad política, económica y social que lo coloca en una posición poco confortable en su poltrona de Balcarce 50. La crisis docente, un clásico de esta época del año, y los escándalos que rodean a empresas vinculadas con su conglomerado familiar, beneficiadas con la concesión de servicios, añaden más incomodidad.

Pero lo que más perturba el clima en Olivos y en la Casa Rosada, es la economía que no arranca. Las únicas noticias positivas que se consignan son las colocaciones de deuda -ciertamente a un costo elevado-, que le permiten seguir oxigenando el abultado déficit fiscal. “Mientras haya financiamiento externo y nos aseguremos cumplir con el programa financiero para 2017, no habrá sobresaltos”, razonan en el Palacio de Hacienda.

Sin embargo, el fastidio de Macri apunta a la comunidad de negocios que no da muestras de encarar inversiones para el sector productivo. “No sabemos qué quieren. Salimos del default, del cepo cambiario, se abrieron los mercados, hay abundancia de dólares, la inflación está bajando, pero las inversiones no aparecen”, se escuchó rezongar a un cercano funcionario presidencial.

Pero las inversiones productivas requieren de otro escenario y más tiempo de maduración. Los números macro todavía no convencen. Hay sectores que pareciera que arrancan pero todavía muestran capacidad ociosa. “Para qué invertir, hay capital de trabajo disponible”, responden los empresarios. Los economistas privados coinciden en que la curva del nivel de actividad económica va a graficarse con marcados altibajos durante un largo tiempo y eso se debe a la persistencia de la inflación, el elevado nivel del gasto público, un deterioro del tipo de cambio y una presión impositiva que descoloca de la competencia a los productos nacionales.

Los números saltan a la vista. Si bien hay una mejora del consumo -así lo explican los ingresos por IVA y el Impuesto a las cuentas bancarias-, el comercio exterior se desplomó muy por debajo de la inflación. Mientras suben las ventas de vehículos 0 km y maquinaria agrícola, liquidando stocks para bajar costos financieros, las terminales automotrices suspenden personal y trabajan a un 50 por ciento de su capacidad.

Por ahora, los efectos del blanqueo y las mejoras sobre los sectores de ingresos fijos, no generan el efecto de derrame esperado sobre la economía.

Todo esto conforma un escenario poco propicio todavía para esperar un afluente de inversiones. Pero hay un obstáculo mayor. Las principales compañías mundiales y los fondos de inversión tienen limitada su disponibilidad de inversión en países o empresas que no cuenten con una calificación crediticia por lo menos de nivel A.

Esto es lo que desvela al gabinete económico de Macri: no poder cambiar la nota soberana del país para poder recibir inversiones, por la persistencia de un cuadro de “fundamentals” que presenta un entorno de debilidad extrema.

Se buscó incluir a los títulos soberanos dentro del índice de bonos de mercados emergentes del J.P.Morgan, para intentar maquillar el atractivo por la deuda argentina.

Pero ocurre que los mercados saben que la Argentina aún no es considerada como un mercado emergente sino como un “mercado de frontera” y por eso su deuda soberana lleva una calificación apenas levemente superior al “Default”.

Sin esa mejora de la nota, las inversiones son una quimera. Los riesgos aún son muy notorios. El gradualismo aplicado desde 2015, se encuentra ahora un callejón sin salida y los costos son muy elevados a medida que el tiempo se esfuma.

Ahora, empieza el tiempo de descuento para la coalición oficial. La campaña hacia las elecciones de medio término está lanzada. Se llega a los comicios a los tumbos por errores propios y ajenos, por la terquedad de aferrarse a un fútil gradualismo y por la presión de grupos que, dadas las endebles condiciones actuales, intentan aferrarse a viejas prebendas, imposibles de mantener y que los terminan convirtiendo en rebeldes facciosos.

Macri sabe que corre peligro pero como Julio César no sabe quién está detrás de la conspiración. El confrontativo discurso ante la Asamblea Legislativa fue la evidencia más palmaria del cambio de clima que caracteriza al tercer mes del calendario, algo en lo que coincide con su principal aliada la diputada Elisa Carrió. La pulseada con los rebeldes se va a reiterar la semana próxima cuando la CGT muestre hasta dónde está dispuesta a horadar el poder del oficialismo. A partir de allí, marzo deja el campo yermo para la disputa paritaria y con ello un gran interrogante para el proceso inflacionario y para la carrera electoral.

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