Los niños deben sobrellevar los duelos

Como adultos responsables del crecimiento y la salud psíquica y emocional de los niños, deben tener en cuenta que lo que necesitan es ser escuchados, sentirse protegidos, con posibilidad de expresar lo que sienten, piensen y se pregunten.

Necesitan de un adulto que les muestre que el dolor es parte del proceso, que no hace falta hacer como que “todo está bien”, que llorar y expresar emociones es parte de la sanación, que la vida y las sonrisas pueden continuar a pesar del dolor y, sobre todo, que la persona que murió seguirá presente en los recuerdos.

La capacidad de recuperarse, la resistencia que puede generarse en cada niño es algo frecuente, existente y esperanzador. Si un niño esta bien acompañado, siempre puede volver a salir el sol.

Muchas veces se escuchan varios mitos en relación con este tema: los niños no entienden lo que sucede, no se dan cuenta, no hace falta explicarle demasiado, no le digamos nada así les evitamos el dolor y varias otras ideas desacertadas para un buen acompañamiento del niño en duelo.

Es el tabú que existe en la sociedad en relación con este tema que ha provocado que las emociones y realidades de la vida como las enfermedades, la muerte y todo lo que las rodea, se hubiera alejado del entorno familiar.

A la falta de formación se unen los pruritos en cuanto a no exteriorizar los sentimientos, ni las emociones.

Lo que los niños pueden entender sobre estas realidades de la propia vida depende en gran medida de su edad, su desarrollo cognitivo, sus experiencias anteriores y su personalidad.  Sin embargo hay cuestiones importantes que son recomendables de tener en cuenta en todos los casos.

No mentir es esencial. Dar explicaciones con verdades cortas. De acuerdo a la edad cronológica, intelectual y emocional del niño hay que brindarle información paulatinamente, midiendo lo que le sea posible asimilar y necesite saber, dice la directora de la Fundación Aiken.

Es recomendable no delegar la explicación en un familiar lejano o en una tercera persona. Los padres son las personas de mayor confianza para el niño y son las indicadas para hablar de esto con sus hijos.

De estar el adulto atravesando por la misma pérdida, es importante que no reprima su dolor. Expresar los sentimientos mostrará al niño lo importante de compartir la tristeza. Por otra parte, ver la expresión del dolor en los adultos le estará enseñando que llorar es una reacción natural ante el dolor emocional.

Evitar el recurrir a eufemismos. Dado que los pequeños piensan de manera literal esas frases, pueden derivar en trastornos del sueño o relacionar con un viaje que encierra una situación de abandono.

Es importante crear una atmósfera de confianza y apertura que genere en el niño la oportunidad de hablar de la persona fallecida y de preguntar todo lo que necesite para ayudarlos así a asimilar e incorporar racional y emocionalmente lo ocurrido.

Para los niños es muy importante, para que no queden secuelas negativas en su formación, que las emociones, y realidades de la vida que todos padecen, ya sea por causa de enfermedades, accidentes, muerte, etcétera, sean asimiladas con naturalidad, sin que ello se trate de ocultar el dolor, las emociones que estos hechos generan en los seres humanos.

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