TORNEO FEDERAL C - REGIÓN BONAERENSE PAMPEANA SUR

Los ojos ciegos terminaron bien abiertos

El pésimo comienzo, condimentado por una derrota parcial de 2 a 0 a los 11’, presuponía una noche futbolística fatal para Piazza. El elenco azuleño no veía el partido y Newbery ganaba con holgura y sin notorios padecimientos. Pero todo cambió al comenzar el segundo tiempo: los cambios fueron aportándole al villero relevancia en el juego y goles en el arco de Berdún. Había luz al final del oscurísimo túnel.

Con los ojos de Ramón. Sánchez festeja el tercer gol de Piazza, el que le permite al conjunto azuleño sumar sus primeros tres puntos en la Zona 7.
FOTOS NICOLÁS MURCIA
“Hola, soy Sergio Valdez”. “Encantado, Diego Berdún”. Encuentro cercano en el área. Piazza igualó la línea de puntos de Newbery y permanece tres por debajo de Racing. Cierra UNICEN sin puntos.
La expectativa de Raúl. Tortorella ya tocó por el costado de Berdún y espera un final feliz para su definición. Era el 2 a 2.
NICOLÁS MURCIA
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“Hola, soy Sergio Valdez”. “Encantado, Diego Berdún”. Encuentro cercano en el área. Piazza igualó la línea de puntos de Newbery y permanece tres por debajo de Racing. Cierra UNICEN sin puntos.

Será el segundo tiempo el que motive y “venda” cierto potencial de Piazza; será el primer tiempo el que mayores replanteos e incógnitas genere, el que fomente la preocupación industrial. El entretiempo funcionó anoche en cancha de Alumni: Hourcade metió mano y no sólo resultó importante quién entró, Janson, sino también quién salió, Pérez. Ese cuarto de hora de vestuario fue el principio de un nuevo partido para el conjunto azuleño (luego de una etapa inicial, fundamentalmente los primeros 20 minutos, de mucha pobreza futbolística). Y si el cotejo varió para Piazza, en consecuencia lo hizo para Newbery, que perdió todo aquello que lo había transformado en un cómodo vencedor parcial.

Así como Racing sorprendió al villero en el suspiro del ocaso, Newbery hizo lo propio cuando recién el partido comenzaba a estirar las piernas y, seguramente, todavía había hinchas sacando su entrada en boleterías. Los 120 segundos del albor resultaron un suplicio para el local. Es que al control territorial que Newbery ejercía, había que sumarle que su apuesta por los centros sobre los dominios de Barbieri, generaba ante la anquilosada resistencia piazzista peligros difíciles de comprender, pero tan concretos como la hermosa noche dominguera.

Esa insistencia y con esa vía como recurso, redundó en ventaja para el elenco de La Madrid. Una acción que a cada metro, merced a otro quedo defensivo, fue ganando en peligrosidad; un balón que nació en un lateral (por derecha del avance visitante) contra el área y que derivó en el anticipo de José Monclá, quien con una suerte de media volea venció a Barbieri sobre su poste diestro.

El conjunto villero, que ya tempranamente dependía de la entrega y la lucidez gigante de Bedoya, no tuvo tiempo de auto cachetearse y reaccionar, pues nueve minutos más tarde ya perdía 2 a 0. Otro centro desde la derecha, el 1 de Piazza que salió mal, todos sus compañeros dormidos y Luciano Eccher, arrojándose al piso, cabeceó bajo y estiró la cifra.

A esta altura se podía afirmar que Piazza no tenía explicación ante tan errante comienzo, o que en realidad, como si se tratara del acusado en un juicio, las debía todas a las explicaciones. Cada una de las pelotas largas que partían del plácido fondo albirrojo, cruzadas contra los laterales piazzistas la mayoría, generaba un trauma profundo; y el paso de los minutos no ofrecía soluciones. Podría sumarse también para graficar parte del mal de Piazza, que cada pelota dividida que se producía, la misma se resolvía en los pies de un jugador de Newbery, otro impedimento más para, al menos, prosperar modestamente.

En el mediocampo industrial se hallaba otra gran porción de las razones de por qué el elenco amarillo no terminaba de contraponerse al status quo de la disputa. Bedoya era el punto de apoyo de cada acción con apetencias ofensivas, pero ese punto rara vez podía proyectarse a otros puntos y engendrar continuidad en la tenencia. Valiéndose de su despliegue, Castro se dirimía en juntarse con Timpanaro (parado más por derecha) y en cubrir la zona izquierda por donde Giménez, muy desaprovechado en el primer tiempo, soltaba amarras. Completaba el cuadro la irresolución de Pérez, quien no lograba ingresar al deficitario sistema creativo y sufría mucho cuando quería auxiliar a De la Canal en el bando derecho. Como conclusión, el volante colombiano disponía de un enorme espacio para cubrir.

El descuento de Timpanaro, a los 32’, al cabo de una buena acción vertical por el centro del área, fue la máxima expresión de una mejora local que no encandilaba, pero que venía a evidenciar la posibilidad piazzista de fortalecer el ánimo y sospechar cuáles eran los senderos más convenientes para volverse virtuoso en el trámite.

Como dijimos, no bien inició el complemento, la escenografía del partido distaba bastante de lo anterior. Establecido en mitad rival, Piazza timoneaba el juego: Castro (ahora por derecha) gravitaba mucho más en ofensiva, no corría tanto y hallaba interlocutores en sintonía. Timpanaro pareció liberarse, se definió más como enlace y ahora encontraba más seguido el área rival de frente. El ingreso de Janson terminó de equilibrar ese mediocampo desde donde Bedoya continuaba matizando el andar.

Ante esto, Newbery trocó actitud y potencial y se tornó un conjunto mucho más pasivo, a la expectativa. Ya no conseguía lanzar hacia Barbieri y ya obtenía otro tipo de respuesta del fondo rival, donde Iztueta se agigantaba. Se agazapaba lejos y cuidaba la ventaja. La asignatura pendiente industrial todavía era la conexión con Parodi y Valdez.

Raúl Tortorella llegó al partido y se posicionó como delantero por derecha. Una de sus primeras incursiones relevantes terminó en el empate. Se escapó de la línea que tiró el fondo de Newbery ante el pase profundo (pareció posición adelantada) y corrió para vérselas con Berdún. Tortorella le quitó toda oportunidad con un justo toque suave, por lo bajo, cruzado. Al fin, el juego de Piazza ponía a un delantero con ventaja en una situación concisa de gol. En el primer tiempo se produjeron otras dos, pero ninguna tan cómodas como la que disfrutó el 16 (a Valdez se la quitaron del buche y a Parodi le cometieron penal y no fue sancionado).

El empate se vislumbraba, pero el inmediato 3 a 2 pareció mucho en ese momento (Piazza terminaría justificando el triunfo). Ramón Sánchez tomó un rebote en el ingreso al área grande y soltó un hermoso remate, a pie lleno, que mandó el esférico contra el palo. La “caja de ahorro” del banco le aportaba otro gol al elenco azuleño.

El cierre del partido sirvió para que el juego industrial terminase por argumentar lo que indicaba el tanteador. Enfrente, Newbery tal vez estuviera lamentándose no haber apostado un poco más una vez que advirtió que su oponente estaba creciendo y ya no era el descalabro del comienzo. Ese lapso final también sirvió para que Barbieri “ganara” el encuentro: un tapada provindencial en un mano a mano sobre el área chica, en el ingreso de Eccher por derecha.

Por la derrota en Olavarría y la manera en que la misma había llegado, los tres puntos en juego anoche resultaban muy valerosos para Piazza. También cotizaban por el desarrollo mismo de un torneo que puede expulsarte en un parpadeo. El gran mérito colectivo del industrial fue reaccionar a su propia carencia.

LA FIGURA

Diego Bedoya

En el devenir del partido surgieron muchos rendimientos destacados. Pero todos ellos de manera momentánea. Lo de Bedoya no sólo fue de nivel, sino que también fue constante. Fue sostén de un equipo deshilachado (primer tiempo) y aporte fundamental de un conjunto mejorado y dominador (segundo tiempo). La batuta.

 

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