TORNEO CLAUSURA DE PRIMERA DIVISIÓN 

Los tricolores “Tanqueriendo” clasificar

Comenzaron los octavos de final y en el sur hubo clásico barrial. En el estadio de Avenida Bidegain, Chacarita se impuso a Cemento con gol de “Tanque” Mariano Escribano en el complemento. Un magro partido (a diferencia de los antecedentes más recientes) que inauguró la instancia que completarán, el 29 de octubre, en Urioste y Rauch.


Un “Tanque” lleno de abrazos. Escribano queda perdido en el festejo con sus compañeros, luego de convertir el único tanto del clásico del sur.
FOTOS NICOLÁS MURCIA
De las mejores ocasiones que tuvo Cemento en todo el partido: Casali (8) ya buscó el gol por lo bajo; el arquero Cáceres rechaza con su pie izquierdo casi sobre la línea.
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Un “Tanque” lleno de abrazos. Escribano queda perdido en el festejo con sus compañeros, luego de convertir el único tanto del clásico del sur. FOTOS NICOLÁS MURCIA

Hubo un partido, hubo una escenografía como quizá no la tenga ningún clásico en suelo azuleño, hubo festejos. Pero si no se dice que este nuevo Cemento – Chacarita finalizó con bochorno en zona de vestuarios, con agresiones cruzadas, con un ladrillazo que pudo haber golpeado a algunos jugadores visitantes, con imprudencia policial, con acción tardía de dirigentes, con culpas ajenas que son más fáciles de explicitar que las propias, no se está diciendo algo de lo más trascendental que tuvo lugar en el estadio cementista.

Pero, como se dijo, previo a este lastimero final hubo un partido, la ida de octavos de final entre la banda azul y el tricolor. Un partido muy áspero de transitar por el paladar, lejos del potencial (el ideal) que pueden ofrecer ambos conjuntos, y al que para colmo de males, algunos fallos arbitrales clave no acompañaron (tal vez el más grosero haya sido una mano de Pizarro, en el área visitante, para detener un remate que rumbeaba, muy bien, hacia Cáceres).

El que mejor abordó el encuentro fue Cemento, con mucha injerencia de volantes y delanteros que, en ese lapso, se movieron como un bloque uniforme con mucha inspiración para anular la salida del oponente. Puesto que no obstante manejos dubitativos del fondo funebrero, el local sacaba ganancia por méritos propios en ese presionar con una fisonomía expansiva y ejercicio alto. Así, condicionaba a que Chaca reaccionase –para desactivar esa política– con desprendimientos largos, verticales, que de momento facilitaban la resolución defensiva cementista.

Este escenario no se prolongó demasiado y Chacarita empezó a lacerar la tranquilidad ajena por el sector derecho; por allí Bossolasco conducía un andamiaje que completaban Miglino y Pizarro en proyección. Con ellos la visita empezó a detentar relativa cohesión y a evidenciar potencial ofensivo. No era completo ese bienestar en ataque porque, por un lado, no involucraba otros actores determinantes (Escribano, Raidigos) y, por el otro, porque no había traducción contundente en oportunidades frente Domínguez.

La banda azul empezó a detentar la dependencia del “Gallego” García, aunque al menos por esos minutos se producía una paradoja: dependía de un García que no conseguía trascender, ni como conductor ni en la resolución última de las escasas chances destacadas. Pero era evidente cierta “atmósfera” compartida entre los cementeros a la espera de que el 10 acomodara las cosas.

Un partido de escasas resoluciones colectivas (el postrero gol sí ostentaría bastante de eso que ahora escaseaba), con mucho énfasis en alejar los peligros y sin reales novedades en los metros finales. Poca gravitación de los volantes en términos generales, con la excepción de Bossolasco, el más activo en la intensión de amalgamar intervenciones para avanzar.

El complemento devolvió la acción al desparejo campo de juego sureño y fue Chaca el primero en mostrar variantes: desde el banco llegó Borda a pararse como volante central; dentro de la cancha, Palermo dejó ese lugar y se liberó (llegando a producirse jugadas en las que Escribano y Raidigos se abrían y “Petaca” usurpaba el espacio del 9 contra los centrales. La variante que no pareció favorecer a Chacarita (ni al jugador tampoco) fue el traspaso de sector de Bossolasco, hasta aquí la figura: Germán ocupó la izquierda que dejó Pioli en el cambio y perdió esa muy buena gravitación de todo el primer tiempo. En cambio, el ingreso de “Chiky” sí trajo el pan del orden y el adelantamiento bajo el brazo.

El primer cuarto de hora mostró una preponderancia visitante, con dominio territorial, presión más alta y con cierta mejora  –ya con el balón en control– de la figura de ataque, ahora delineada con más cantidad de intérpretes. Pasados los 15’, reaccionando bien a unos pocos estímulos, Cemento comenzó a inventarse caminos hacia Cáceres, incorporando otros nombres (por ejemplo, Tortorella), pero sin poder anestesiar la dependencia de García, que tiene todo el derecho de no jugar esplendorosamente todos los partidos, como cualquiera de los jugadores de alto nivel. El local podía responderle, y con eso entusiasmarse, a un Chaca al que Borda ya no podía anclar al otro lado del círculo y que debía retrasarse, incómodo y menos vigoroso.

Sin embargo fue Chacarita el que, a los 31’, plasmó una de las acciones más sobresalientes del clásico, sobresaliente dado su matiz colectivo: una serie de toques cortos por izquierda que derivó, más allá de no ser una acción del todo diáfana, en un muy buen desborde largo que halló, cerrando la fila de jugadores en el área, a Mariano Escribano sin marcaciones acuciantes; el “Tanque” no titubeó, mandó un cabezazo corto al primer palo y festejó.

Hasta el final se abrió una coyuntura previsible: desentendiéndose Cemento de todo cuidado defensivo y lanzándose por la paridad, mientras que el tricolor se agrupaba contra su área, erradicaba cualquier pelota que fuera sospechada de peligrosa y se aprestaba a usufructuar los espacios en ataque. Ambos dispusieron de ocasiones importantes para marcar, pero la mínima ventaja funebrera terminó cristalizándose.

LA FIGURA  

Germán Bossolasco

El jugador de Chacarita, durante el primer tiempo, fue el mejor rendimiento del clásico. Cuando su equipo no traslucía grandes méritos de funcionamiento grupal, Bossolasco se hizo del balón y, sobre la derecha, generó asociaciones con las que el tri prosperaba y, a la vez, retrasaba a Cemento. El cambio de sector en el ST lo desactivó

 

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