RELATOS DESDE EL ENCIERRO  

Luis

 

Por Matías Verna  (*)

“Hay calumnias frente a las cuales la inocencia misma se siente desfallecer”

Napoleón 

Luis Mercado Rosas no tenía nada que ver con Emilio Mercado Rosas, pero el apellido de aquel violador hizo que este joven niño, ladrón a punta de pistola, cargara con ese peso y fuera violado reiteradas veces por los presos del pabellón para darle la bienvenida –“y por violín”- decían.

El nuevo privado de la libertad terminó viviendo en una celda de “refugiados” practicando religión evangelista y rezándole a Dios para que lo absuelva por el delito cometido.

-Ya está amigo- le decían los compañeros de celda, -Dios acá existe para pasarla mejor, no para irte antes-. Y por un año aproximadamente Luis Mercado Rosas estuvo procesado y la condena recibida en un juicio abreviado fue algo más de tres años de cumplimiento efectivo.

Cuando lo condenaron lo trasladaron a otra cárcel y la historia se repitió una y otra vez.

Luis Mercado Rosas fue violado, golpeado y estigmatizado para siempre. Por las noches no dormía, los ansiolíticos estaban vencidos o eran de baja dosis, temblaba, se sobresaltaba con el ruido que hacen los candados en los oscuros pabellones durante la madrugada y no lo aceptaban en el pabellón evangelista – “por violín” -, decían.

Cansado de todo. Negando las visitas a sus familiares para que no lo vean mal. Enfermo, con poco peso y todo lo que se imagine, Luis Mercado Rosas ató una sábana a la reja y se ahorcó a los 23 años con menos de la mitad de la condena cumplida.

Fue encontrado al otro día por el encargado que hacía el recuento de la población para entregar todo al guardia entrante. Su cara de muerto no se diferenciaba mucho a cuando vivía.

La noticia tardó cinco minutos en llegar a todos los rincones de la cárcel.

Algunos se sorprendían, otros decían que ya sabían. Los oficiales no paraban de escribir informes, los teléfonos no paraban de sonar, los medios de insistir y los fiscales de preguntar.

Desde el interior de una celda, entre la cumbia volumen bajo y el silencio de muchos, un habitante me miró por el pasa platos y me dijo: “Vio que le dije encargado…era violín nomás”.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría y recientemente publicó su séptimo libro titulado “Crudo”, editado en el mes de abril pasado. En esta sección se comparten textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos.

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