MIENTRAS QUE EL PAPA LOS ALIENTA

Macri no logra desentrañar a los movimientos populares

Una relación que parece estirarse cada día más: la del Papa con el presidente argentino.
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Una relación que parece estirarse cada día más: la del Papa con el presidente argentino.

Por Guillermo Villarreal / Agencia DyN

BUENOS AIRES – El presidente Mauricio Macri no logró desentrañar en sus primeros siete meses de gobierno la encrucijada que le plantean los movimientos populares, que esta semana volvieron a salir a las calles para reclamar asistencia alimentaria para comedores comunitarios, mientras reciben el respaldo del Papa Francisco. No fue casual que el mismo martes en que las organizaciones sociales instalaron ollas populares en la capital y el conurbano bonaerense, en el marco de una jornada de protesta, Radio Vaticano repitió el discurso que el pontífice pronunció hace un año en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, donde animó a estos movimientos de base a “no achicarse”.

“Los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de las tres T: Trabajo, Techo, Tierra”, abogó el Papa en aquella proclama en tierra sudamericana considerada histórica.

Tampoco fue casual que el responsable de la programación en lengua española de la emisora vaticana, el sacerdote argentino Guillermo Ortiz, jesuita como Jorge Bergoglio, alentara ese mismo día a la audiencia a reflexionar y opinar sobre ese discurso papal. Coincidencias, o no tanto, que ratificaron la preocupación del pontífice por ese 40 por ciento de argentinos “sin derechos”, ni apoyo gremial que los ampare, y confirmaron el respaldo del Papa para la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), una suerte de “CGT de los precarios” o “CGT villera” que busca representarlos.

La relación del gobierno de Macri con los movimientos populares es compleja, distante y se reduce -afirman las organizaciones- a un diálogo informal y entrecortado con funcionarios de segunda línea del ministerio de Desarrollo Social, a cargo de Carolina Stanley.

El Papa no ayudó tampoco a flexibilizar esta situación de cabotaje, al nombrar consultor del Pontificio Consejo de la Justicia y de la Paz al dirigente argentino Juan Grabois, fundador del Movimiento de los Trabajadores Excluidos y de la CTEP. Grabois, referente de esos movimientos que reúnen a más de 10 mil trabajadores informales, ha sido muy crítico de la política económica del gobierno y advirtió que desde el desembarco de Cambiemos en el poder “en los núcleos duros de pobreza se vuelven a percibir situaciones de hambre”.

Ahora ya se especula en ambientes eclesiásticos y sociales que el tema de los movimientos populares surgirá “inevitablemente” en la reunión que el Papa mantendrá con Macri, la segunda desde el inicio de su gestión, en una fecha de especial significación para el peronismo, como es el 17 de octubre.

Desde la Argentina, obispos vinculados a la Pastoral Social reivindicaron también la lucha de los movimientos populares, en un contexto de país con transferencia de recursos, tarifazos e inflación muy por encima de las previsiones anuales que hizo el gobierno.

En una entrevista con DyN, el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Jorge Lozano, destacó la importancia que los movimientos populares tienen en la configuración social, porque “ayudan a visibilizar los problemas de los más frágiles y vulnerables, que suelen ocultarse”.

El prelado aseguró que el Papa alienta a estos grupos porque “ve que ponen creatividad y compromiso con ‘las tres T’ que hacen a la dignidad humana y a una sociedad equitativa”, e interpeló: “¿Quién puede no querer promover tierra, techo y trabajo como derechos fundamentales”.

Por su parte, el obispo de Merlo-Moreno, monseñor Fernando Maletti, reunió a movimientos populares en la ruta que une los dos partidos bonaerenses bajo su jurisdicción pastoral, en lo que se constituyó en la antesala de un encuentro nacional de esos grupos que está organizando la Pastoral Social, junto con Grabois, para los próximos meses.

RECALCULANDO 

Por Marcelo Bátiz / Agencia DyN

BUENOS AIRES – Además de las consecuencias en la política energética, el fallo de la Cámara Federal de La Plata también alteró las proyecciones oficiales sobre inflación y déficit fiscal. No fue la única razón que incidió en los errores de cálculo, productos de una suma de desaciertos que sería largo enumerar, pero su impacto será decisivo a la hora de presentar los resultados de esas dos variables a fin de año. El Gobierno creyó a mediados de marzo, cuando terminó de delinear los últimos aumentos tarifarios después del inicial para la electricidad, que los subsidios comenzaban a dejar de ser una carga en el déficit y la emisión monetaria. El revés judicial obligará a formular varios replanteos en las cuentas públicas y, además, postergar para no se sabe cuál semestre la rebaja consistente de la inflación. Porque la actual tendencia declinante no tiene garantía de duración en la medida que los ajustes tarifarios continúen pendientes.

En algún momento de los 41 meses que le restan, el presidente Mauricio Macri tendrá que completar las adecuaciones en transporte público (un 100 por ciento más), electricidad (170 por ciento) y la gran incógnita del gas, ya que el fallo judicial deja abierta una suba indefinida de entre el 30 y el 550 por ciento.

La complicada situación se apoya en una herencia de la que se habla mucho pero sin medir su verdadera dimensión. En los doce meses previos a la asunción del actual gobierno, la base monetaria tuvo un aumento punta a punta del 45,5 por ciento. Se considera que la política monetaria tiene un impacto en la inflación con una demora de 12 meses, por lo que el primer año de la administración macrista estará signada por lo realizado por Alejandro Vanoli en su último año de gestión en el Banco Central.

Con el agravante de que el grueso de ese 45,5 por ciento se concentró no ya en los últimos meses, sino en los últimos días de la Presidencia de Vanoli. Para expresarlo en números: entre el 9 de diciembre de 2014 y el mismo día de 2015, el aumento de la base monetaria fue de 196.926 millones de pesos, pero casi la mitad de ese monto correspondió a los últimos nueve días de gestión. Y con más precisión, en un solo día, el 1° de diciembre, la base monetaria se incrementó en 74.290 millones.

El efecto de ese desmesurado incremento en la inflación de 2016 es inevitable. Pero Alfonso Prat-Gay no puede aducir desconocimiento. Los números mencionados son datos públicos y el ministro los conocía al asumir. ¿Por qué, entonces, se anunció de entrada una proyección inflacionaria del 25 por ciento, siendo consciente además de la necesidad de revertir el atraso tarifario y cambiario? La otra mitad de la responsabilidad en la política antiinflacionaria le corresponde, precisamente, al sucesor de Vanoli. “Si tras la apertura del cepo el BCRA de Federico Sturzenegger no hubiese ‘limpiado’ el sobrante de pesos (stock) heredado de Vanoli ($ 200.000 millones) y bajado la emisión (flujo) de 47 % (diciembre de 2015) a 21 % (junio de 2016), la economía muy probablemente se habría dirigido a un escenario con inflación de 3 dígitos”, señaló al respecto la consultora Economía & Regiones.

Sin embargo, esa política de restricción tuvo un significativo viraje en las últimas semanas. Hasta el 31 de mayo, Sturzenegger podía exhibir un aumento interanual punta a punta de la base monetaria del 20,31 por ciento, menos de la mitad del heredado. Es más, desde el 9 de diciembre, la base se había reducido en un 8,44 por ciento.

Pero en los 30 días de junio, toda la prudencia se echó por la borda, con un 19,32 por ciento de incremento, nada menos que 111.363 millones de pesos en apenas un mes. Y una suba interanual que de golpe trepó al 37,41 por ciento.

Cabe preguntarse si, así como el efecto de la estampida monetaria de Vanoli se padece en la actualidad, el aumento de junio -mantenido en lo que va de julio- tendrá su impacto pernicioso en un 2017 del que oficialmente se espera una inflación del 17 al 20 por ciento. Y si las urgencias de un año electoral no se reflejarán en una nueva carrera por mayor emisión que, a su vez, impactará en los precios de 2018.

No hace falta extenderse demasiado en el tiempo. Mayo y junio de este año demostraron que una baja en la inflación mensual no impide que la tasa móvil de los últimos doce meses siga en aumento, de acuerdo con los números oficiales de la ciudad de Buenos Aires. Todo indica que eso volverá a pasar en julio, si la inflación supera el 2 por ciento del mismo mes de 2015.

Nadie puede anticipar qué sucederá a partir de agosto, en la medida que no se sepa cuál será la decisión que finalmente se tome con las tarifas del gas, a lo que debe sumarse la presión de muchos gremios cuyos incrementos salariales acordados en paritarias quedaron notoriamente retrasados. Dos variables, entre tantas, que no pueden ser soslayadas a la hora de recalcular la inflación y el déficit fiscal de este año. Y también el próximo, cuando ya no se le podrá echar la culpa a Vanoli.

 

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