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Maestras de vocación: Negrita Vilches

Elsa “Negrita” Perissé de Vilches en el año 1965 aproximadamente, cuando era Directora de la todavía Escuela N° 161 hoy Escuela N° 24, en el salón de la escuela durante una fiesta escolar con Función de Títeres. Se ven los pisos de madera y las persianas de las ventanas originales. Entre los chicos, algunos alumnos de la escuela y otros invitados, están: parado en el centro Juancito Baigorria, José María Copla, Nenucha Murillo de García, María Inés Granieri, Hernán Wallace, Claudio Rocha, Jorge Pina y Mario Mammarella.
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Elsa “Negrita” Perissé de Vilches en el año 1965 aproximadamente, cuando era Directora de la todavía Escuela N° 161 hoy Escuela N° 24, en el salón de la escuela durante una fiesta escolar con Función de Títeres. Se ven los pisos de madera y las persianas de las ventanas originales. Entre los chicos, algunos alumnos de la escuela y otros invitados, están: parado en el centro Juancito Baigorria, José María Copla, Nenucha Murillo de García, María Inés Granieri, Hernán Wallace, Claudio Rocha, Jorge Pina y Mario Mammarella.

Por Lis Solé.

 

Un 27 de marzo de 1947 llegó a Alvear una nueva maestra. Hace justo 70 años, cuando General Alvear solo tenía asfalto alrededor de la Plaza Principal y en la calle Mitre hacia la estación, Elsa Perissé llegaba desde su Ayacucho natal con mucha inexperiencia, miedos, pero también con su personalidad aguerrida que la caracterizó siempre. Había partido un día antes de su pueblo en tren hacia Buenos Aires donde la esperaba su hermana, que trabajaba en el Congreso de la Nación y que la acompañó hasta Constitución.

Hacía poco que tenía su flamante título de maestra, y en Ayacucho trabajaba en el campo dando clases a los hijos de los puesteros de la estancia “Langueyú” de los Pereyra Iraola. Su madre, había escrito una carta a la Fundación Eva Perón solicitando trabajo para su hija. Una vecina, en diciembre de 1946, tocó el timbre en la casa de Negrita diciendo que su nombre estaba en el diario entre las mujeres designadas como maestras en diferentes lugares del país.

A los pocos días, llegó una tarjeta firmada por Eva Duarte de Perón donde se le asignaba su destino como maestra en la Escuela Nacional N° 161 de General Alvear (hoy Escuela N° 24 de la Provincia de Buenos Aires).

Con su “valijita” como ella misma recuerda, tomó el tren de las 5 de la tarde a General Alvear. A las 11 de la noche, llega a la estación. Sola. La atiende un turco que tenía un negocio donde actualmente está el supermercado Panaché en Mitre y Vicente López que le indica un lugar para pasar la noche: el Hotel de Peredo, que luego fue el Hotel El Argentino de Solé.

Después de no haber podido dormir durante toda la noche por el miedo y la angustia, Negrita se fue temprano para la escuela. En la puerta la recibió don Ricardo Rodrigo, maestro y después Director de la Escuela, quién la hizo pasar y le presentó a las demás docentes mientras le explicaba que debía volver en el turno tarde designado.

Primeros tiempos, primeros amigos  

La secretaria de la escuela en 1947 era la señora Clotilde Legorburu de Fernández, y la directora, Filomena Ariente de Thefs que le pasó su primer grado: 2 A, con 27 alumnos. Fueron momentos duros donde hasta pensó en volver a Ayacucho por la falta de asesoramiento y respeto de la directora pero sus compañeras de pensión y colegas la ayudaron. Junto a Pilar “Porota” Llantada de Soria todas las mañanas planificaba la tarea, los deberes de matemática o de historia. Puso tanto empeño que la misma directora escribió en su cuaderno: “… la Srta. Perissé, desde el primer momento pone de manifiesto la mejor voluntad y dedicación para salir airosa en la empresa que el estado le ha confiado. Prepara las clases, las ilustra, cumple el horario, interpreta los programas, se ocupa en todo momento por los cuadernos de los alumnos y presenta muy bien sus trabajos escritos…”. Ésa era Negrita, dueña de una fuerza de voluntad sin medida. El mal ejemplo no fue imitado por ella: se prometió a sí misma que si algún día sería Directora, siempre se ocuparía de asesorar y acompañar a cada maestra que llegara.

Del Hotel de Peredo, sus compañeras la llevaron a la pensión donde vivían, una casa de alto que estaba en Perón y Pellegrini, a una cuadra de la plaza, enfrente del Gimnasio del Club Comercio. En la planta baja funcionaba la Telefónica, salón de fiestas y comedor; arriba, hotel y pensión de la señora Celia Bosco de Langoni. Allí vivían Rocha y su amigo Vilches, un muchacho de Veinticinco de Mayo que trabajaba en el Ministerio de Trabajo y Previsión, Beto Madinabeitia, un empleado de la Tienda Gómez de apellido Dimartini y tres o cuatro maestras, Betty Di Primio, Loli Massolo, Coca Palacios que venía de Luján, Rosario García de Temperley, una maestra de apellido Rodríguez… Se subía por una escalerita de mármol que daba a un patio cerrado con vidrios de colores, una hermosa casa donde se enamora de Juan José Vilches, docente también en la escuela y con quién se casa al poco tiempo en Ayacucho.

Fue maestra de grado durante 15 años, compañera de Betty Diprimio, Ethel Camisassa, Ketty Valerga, Odelsia Villaverde, Ana y Nomi Escande, Susana Viola, Mimita Pena, Pupe Molina, Ana Propato, Mirta Luisi y tantas más… Muchos chicos y maestros, anécdotas, tiempos de angustias y alegrías, calles de tierra, barro y agua, con inundaciones que no permitían ir a la escuela caminando, pero sí en sulky con el agua a la rodilla.

Precariedad de época y recuerdos     

En la escuela todo era precario. En un salón, servían la comida, en otro Dirección y aula; los actos se hacían en el patio con un escenario sobre tambores de combustible… Se entraba por la calle Nueve de Julio, donde un gran patio, descampado, era la delicia de los chicos en épocas donde los castigos a veces habían sido excesivos.

Asistían más de 200 chicos que venían desde Villa Belgrano, de atrás del Hospital o la cancha de Colorado. Muchos concurrían al comedor… Negrita recuerda a Isabel Menvielle de Garate, portera y cocinera, y a Carlitos De Pierro quién se ocupaba de todo, hasta de ayudar a los chicos con las Libretas de Ahorro comprando las estampillas.

Y fue Directora… En el año 1961, rinde examen en Villa Adelina, cerca de La Plata, y se hace cargo de la Dirección al jubilarse Ricardo Rodrigo. Fiel a su promesa, con seriedad y responsabilidad se dedica a recibir, acompañar y asesorar a las maestras que están a su cargo tal como lo afirman Teresita Bedecarrás y Chelita Subiza. Imposible contar en pocas páginas tantas experiencias vividas, tantos recuerdos que como  pantallazos aparecen en la memoria de muchos…

Tiempo de descanso  

Y pasan otros 15 años… El fallecimiento de Vilches, su esposo, la sorprende y lágrimas inundan sus ojos cada vez que sube la bandera en el mástil.
Elsa “Negrita” Perissé de Vilches decide dejar la escuela donde trabajó durante casi 30 años y se jubila en 1975. La inspectora Julia Cabral de Sivero escribe la última página de su impecable Cuaderno de Actuación: “… termina una etapa de rica labor en beneficio de la niñez de una gran barriada de este ‘su General Alvear’. La Escuela 24 sabe de sus afanes y desvelos y ello no ha pasado desapercibido para esta inspección que le hace llegar sus congratulaciones…”.

Maestra de vocación, de perfil bajo, casi silenciosamente, pero firmemente convencida que la misión del maestro va más allá del enseñar, que educar es lo más importante y principalmente, con las acciones y el ejemplo.

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