PANORAMA ECONÓMICO NACIONAL

Magra performance

Por Miguel Ángel Rouco. Agencia DyN

Los resultados del Tesoro del primer trimestre reflejan de manera elocuente la consecuencia de haber aplicado una política económica gradual, en materia fiscal.

El desequilibrio financiero del primer cuarto de 2017 supera los 70.000 millones de pesos, lo que equivale a un incremento de casi el 10 por ciento, respecto de igual lapso de 2016, debido al enorme peso del pago de intereses de la deuda pública, lo cual también pone de relieve la imprudente política de aumentar el endeudamiento para paliar el gasto público. Todo esto aun contando con los ingresos extraordinarios del blanqueo.

Indicadores que preocupan   

A este rojo fiscal, hay que sumarle el déficit comercial que muestra no sólo la escasa performance exportadora del país, reducida a granos y sus derivados, sino también el incremento de las importaciones de productos finales, lo que pone en evidencia, la  elevada presión tributaria que sufren los productores locales.

La balanza comercial acumula en el primer trimestre un déficit superior a los 1.000 millones de dólares, triplicando el desequilibrio del año anterior.

La actividad industrial no muestra signos de recuperación y acumula 14 meses de caída consecutiva. Mucho menos el empleo privado registrado donde la pérdida de puestos de trabajo se acentúa y sólo crecen las plantillas del Estado. La destrucción de empleos privados registrados es directamente proporcional al crecimiento del número de monotributistas y autónomos, lo cual revela un verdadero desplazamiento de trabajadores a oficios de menor calificación.

Huyendo hacia delante   

Estas circunstancias son la consecuencia lógica de no atacar el problema fiscal y dejar librado al azar o a la voluntad política, la suerte de la economía. Los números son concluyentes. El gobierno está en una huida hacia adelante, esperando que los resultados de los comicios de medio término le otorguen un respaldo mayor en el Congreso, “supuestamente”, para encarar reformas económicas, como la tributaria, de la cual ni siquiera se conocen los primeros trazos.

Simplemente una reunión de amigos 

En este contexto, el presidente Mauricio Macri encaró una visita “amistosa” a los Estados Unidos donde fue recibido por su par Donald Trump.

La visita a Washington ocurre en el peor momento. El embajador argentino en ese país, abandonó sus funciones, lo cual puso de manifiesto el tremendo yerro de Macri al designar a Martín Lousteau, al frente de esa legación. Lo que podía haber sido una visita de Estado con una agenda de temas de intereses bilaterales y con avances significativos en la relación entre ambos países, quedó reducida a una reunión de amigos. La gira de dos días, preparada por la Casa Rosada y por el Council of the Americas, no arrojó por el momento, resultados concretos, y sólo sirvió para ponderar el cambio de clima que se vive en la Argentina desde fines de 2015.

Las inversiones de empresas de los EE.UU. en la Argentina dependerán de los próximos pasos que tome la administración Macri, en especial, en materia fiscal, tributaria y de seguridad jurídica, un aspecto fuertemente cuestionado por las compañías norteamericanas.

En tales términos, los resultados del periplo son muy magros. No se trata sólo de las exportaciones de limones. Lo que está en juego y lo que deberá trabajar el gobierno argentino es que la Argentina vuelva a estar incluida en el Sistema General de Preferencias (SGP) de los Estados Unidos, un status que se perdió en 2011 debido a la impericia del régimen kirchnerista.

No son sólo productos primarios. Hay muchos productos industriales con alta participación de mano de obra local que tienen vedado su facilidad de ingreso a la economía más importante del planeta.

Esto dinamizaría notablemente la economía argentina, impulsaría las exportaciones y transformaría el rojo comercial en superávit, lo que redundaría en una mejora de la cuenta corriente del país.

Barajar y dar de nuevo 

A partir de ahora, habrá que negociar con el duro secretario de Comercio, Wilbur Ross, quien ya amenazó a Canadá y a México con destruir el NAFTA si es que ambos gobiernos no renegocian los términos del acuerdo comercial norteamericano.

Sin embargo, un aspecto es la relación amistosa con un país y otro tópico bien distinto es la negociación comercial que requiere no sólo de una mejora de la situación macroeconómica local sino también de una habilidad diplomática que hoy está ausente en el Palacio San Martín y en la Casa Rosada.

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