Magro

Por Luis Tarullo/Agencia DyN

BUENOS AIRES – Ruidos previos, inmensas expectativas intermedias y magro saldo posterior en la negociación gobierno-CGT. Gobierno: modesto bono compensatorio de 1.000 pesos solo para un sector de ciudadanos, la exención del Impuesto a las Ganancias para el medio aguinaldo de diciembre (medida nada novedosa, que ya supo otorgar Cristina Fernández) y la alternativa de que los empresarios den algo según sus posibilidades para los asalariados del sector privado (se verá en los próximos días).

CGT: suspensión de un paro nacional que se agitó largamente y que se blandió como amenaza concreta, postergación que, además, deja secuelas dentro de la central, por más que sus dirigentes lo nieguen o traten de disimularlo.

En otra época, como reconocen algunos dirigentes en voz baja y desde el anonimato para no echar más leña al fuego, no hubiera ocurrido lo que ocurrió estos días y no hubieran sucedido muchas otras cosas, como el estado de atomización inédita al que llegó el sindicalismo y que lo puso en la actual situación de incertidumbre y conformismo. Pero al gobierno no le va mejor, y pese a sus expresiones de deseo cargadas de optimismo y encuentros festivos como el coloquio de IDEA, donde se escucharon puras loas para Macri y su gente, la inflación, las suspensiones y la caída de los empleos no cesan.

Justamente parte de los responsables de esas circunstancias estaban entre los asistentes a esa reunión empresarial. Igual desde la administración hubo alguno que llevó “tranquilidad” a la población al considerar que estaba bueno suspender gente o adelantar vacaciones, porque ello quería decir que se preservaban las fuentes laborales. Toda una revolución interpretativa de la doctrina del trabajo. Ford, Taylor, Keynes y tantos otros deben estar revolviéndose en sus tumbas, preguntándose qué hicieron mal para merecer esto.

De todas maneras, hay que salir del andarivel del gobierno y la CGT peronista por ahora unificada y bucear un poco más allá, porque hay otro sector sindical que no se banca lo que está ocurriendo y anunció que va a realizar su propio plan de lucha.

Se trata de las CTA y las organizaciones sociales más combativas inclinadas hacia la izquierda, quienes prevén accionar a mediados de noviembre.

En ese segmento se ubican los estatales de todas las jurisdicciones y los docentes, con lo cual se espera un fin de año caldeado a nivel nacional, provincial y hasta municipal en todo el país, de acuerdo con lo que vienen anticipando los dirigentes del sector.

Y más aún cuando los funcionarios del interior, especialmente los gobernadores, están advirtiendo que si no reciben auxilio desde el poder central no podrán afrontar ningún bono o compensación similar.

En paralelo, las autoridades que aseguran promover una reactivación de la economía, están impulsando medidas que en algunos rubros parecen ir en el camino contrario, por ejemplo en ciertas áreas de la importación, en desmedro de la producción nacional.

O alentando mayor flexibilidad laboral en determinados sectores o -especialmente algunos funcionarios formados en escuelas monetaristas a los que les gusta agradar al capitalismo más puro- tratando de limitar las paritarias y mostrar que los salarios siguen siendo un costo oneroso en la producción.

Esto y mucho más aún queda al desnudo en esta negociación entre gobierno y CGT, que tuvo todos los lugares comunes de otras negociaciones pero también un magro resultado pocas veces visto después de tanto ruido y tanta expectativa.

 

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