DE PRÓXIMA APARICIÓN

Marcial Luna editará un libro sobre el periodista Juan Miguel Oyhanarte

 

La obra lleva por título “Salpicones de madrugada”  y recupera los valiosos aportes a la historia local, regional y nacional realizados por Oyhanarte, a través de sus columnas en el diario EL TIEMPO en el período 1943-2003. Si bien el trabajo se enfoca en la sección “Baldosas Flojas”, también incluye otras publicaciones anteriores, firmadas bajo los pseudónimos Nina Stick y Juan Pisacalle.

La portada del libro “Salpicones de madrugada”.
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La portada del libro “Salpicones de madrugada”.

Los valiosos aportes a la historia local, regional y nacional realizados por el periodista Juan Miguel Oyhanarte, a través de sus columnas en el diario EL TIEMPO en el período 1943-2003, son tema central del nuevo libro de Marcial Luna, de próxima aparición. La obra lleva por título “Salpicones de madrugada”.

Si bien el estudio se enfoca en la sección “Baldosas Flojas”, también incluye las anteriores columnas que escribió Oyhanarte, entre ellas las que firmó con el pseudónimo Nina Stick o el que perduró más tiempo, hasta el cambio de siglo: Juan Pisacalle.

Desde el año 1943, en que aparece la primera columna escrita por Oyhanarte en su sección “Refunfuñando”, hasta el año 2003 -la última etapa de “Baldosas Flojas”- son más de 22 mil páginas de periódico que tienen la impronta del periodista azuleño.

Este libro tiene una doble función”, explicó a este diario Marcial Luna, puesto que “por un lado recupera valiosas columnas, en función de su aporte a la historia local, o inclusive a menudo regional y nacional; y por otro es un homenaje a Juan Miguel Oyhanarte. Quienes hemos trabajado a su lado durante mucho tiempo apreciamos esta posibilidad que nos dio la vida, de compartir un espacio de trabajo con un ser fuera de serie, además de un periodista ejemplar y un redactor implacable”.

Luna explicó que “para Oyhanarte, ser periodista, era ser precisamente eso: Juan Pisacalle. Es decir, alguien que sale, que recorre la ciudad, observando y registrando, hablando con la gente, sin perder el contacto, porque eso implicaría perder el rumbo. Recuerdo que Oyhanarte siempre nos decía en la Redacción del diario: ‘Escriban para la gente’. Es así y él lo venía cumpliendo desde los años 40, nada menos. Toda una vida realmente consagrada al periodismo, pero un periodismo en función de la gente”.

Un aspecto fundamental que se ve reflejado en este nuevo libro es “el contexto histórico en el que ‘el Viejo’ (como afectivamente lo llamaban los redactores de El Tiempo a Oyhanarte) escribe sus columnas, no sólo las ‘Baldosas Flojas’ sino todas las de su autoría: Oyhanarte empezó a escribir a fines de la Segunda Guerra Mundial y comienzos de la Guerra Fría, en un mundo dividido y en el que colisionaban capitalismo y comunismo. En cuanto al marco nacional, se trata de un largo período atravesado por unos pocos gobiernos democráticos, algunos que no lo eran tanto, y varias dictaduras militares. Todo esto influye notoriamente en la pluma de Miguel Oyhanarte. Y va desgajando ese mundo como si fuese una fruta podrida, porque tampoco va a dejar de exponer las contradicciones de la sociedad: en una de sus columnas, por ejemplo, ocurrido el golpe militar del 16 de septiembre de 1955, Oyhanarte plantea que eran muchas las banderas argentinas que flameaban entonces por las calles céntricas de Azul, incluso unas cuantas portadas por personas que hasta hacía unos pocos días se identificaban férreamente con el peronismo, aunque ahora gritaban ‘¡Viva la Revolución Libertadora!’. Y lo está escribiendo en ese mismo momento, porque tiene su atención bien centrada en el momento, no se distrae, tal cual es la función periodística, pero tampoco distrae al lector. Por el contrario, lo convoca a interpretar la realidad desde sus columnas, todos los días, durante sesenta años. ¿Qué más se le puede pedir a un periodista?”.

El autor del libro “Salpicones de madrugada” explicó que “ese título es también un homenaje o un agradecimiento a Oyhanarte. Era el subtítulo que utilizaba en sus ‘Baldosas Fojas’. Miguel comenzó haciéndose cargo del turno noche del diario ya en 1943; es decir, tenía a cargo el cierre. Desde entonces, llegaba primero y se iba prácticamente último de la Redacción. Y lo hizo hasta bien avanzado los años 90. Para él, el diario era sinónimo de pueblo, pero también de nocturnidad. Esas horas eran las que mejor lo transportaban, donde más jugo le sacaba a su máquina de escribir. Por eso, casi siempre lo último que dejaba para escribir cada día eran las ‘Baldosas Flojas’. Era su lugar de resistencia”.

En tal sentido, fundamentó: “Un ejemplo claro de esa resistencia es que, en plena época de la última dictadura en Argentina, Oyhanarte jamás utilizó el concepto ‘delincuentes subversivos’ para referirse a los jóvenes azuleños de la JP que comenzaban a ser detenidos, desde 1974 y procesados, primero durante el régimen peronista de Perón-Isabel y López Rega, y luego directamente por la justicia que funcionó en pleno gobierno de facto. Para Oyhanarte, como también para monseñor Manuel Marengo, con quien a diario desde 1976, cotejaban las listas de detenidos en las puertas del Juzgado Federal de Azul, para ver si sabían algo o se podía obtener alguna noticia, por mínima que fuese, para llevar algo de información a las familias… Para Oyhanarte, digo, aunque les hubiese marcado en su momento que se equivocaban en la lectura de la realidad política, fueron siempre los  jóvenes peronistas  o directamente los muchachos de la JP”.

Por último, Marcial Luna puntualizó que “con este libro, con el reflejo de lo que escribía Miguel Oyhanarte en sus columnas, tenemos un buen panorama de la historia azuleña de los últimos sesenta años, sin perder de vista los contextos nacional y mundial. Los dos ejemplos que he mencionado, el de la movilización durante la ‘Revolución Libertadora’ y el de los jóvenes militantes de los años setenta, son un elocuente ejemplo. Pero no son los únicos. Cada ‘Baldosa’ va dejando su propia huella, refiere a algo en particular, algo que a los ojos de Oyhanarte, no podía dejar de ser publicado, ni olvidado. Es decir, escribió como una forma de perdurar: lo que le parecía importante, lo registraba en esa memoria colectiva que para Oyhanarte era el diario”.

 

 

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