ENFOQUE

María Elena Walsh, una mujer imprescindible


Por Estela Cerone (*)
En un mes de enero como este que se nos está yendo, pero de 2011, nos conmocionó la noticia de que María Elena Walsh había partido. Y seguramente muchos, por no decir todos, recuperamos internamente imágenes, melodías, versos, que en algún momento de nuestra vida, nos fueron significativos. La imagen que más fuertemente aparece es la que está ligada al mundo infantil; y no es para menos. Innovó, cambió los parámetros de lo que en la década el 60’ se consideraba “bueno” para los niños. Ella hablaba de otro modo, (recreando el sin sentido de los versos de Lewis Carroll en “Alicia”), tal vez pensando en niños capaces de superar lo obvio, y dispuestos a volar con ideas locas. Pero sería injusto quedarse solamente en esa María Elena. Están tantas otras vertientes en su obra, donde interpeló una y otra vez al mundo adulto, cuando la realidad le dolía, como escribe en la Serenata para la tierra de uno…:
Porque me duele si me quedo,
pero me muero si me voy
con todo y a pesar de todo
mi amor yo quiero vivir en vos.
Junto a Leda Valladares, ya en París como en nuestra tierra, abrevó en las raíces profundas de la música popular, y la rescató para destacar su belleza originaria. Vidalas, baguales, chacareras, pero también ritmos del Japón milenario, como la Princesa Suki Muki. Cada una de sus obras, minuciosas, detallistas, precisas, traen letra y también música, y es bueno analizar cómo fondo y forma van de la mano.
Sus artículos en medios nacionales siempre eran disparadores de opinión, de esos que es muy difícil, al leerlos, quedarse al margen. Uno de ellos, memorable e irónico surgió cuando en los teclados de las computadoras, no aparecía la Ñ…Entonces, en un texto extenso, decía:
“No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta el apócope […] Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece […] La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera donde se debate nuestro discriminado signo […] La eñe también es gente”.
No hay ingenuidad en sus letras, hay un modo de ver la vida que no suele ser el habitual, como entender que el tortugo esperaría igual a Manuelita, aunque volviera de Francia, tal como se había ido, sin todos los afeites que le realizaran; sí, volvió “vieja como se marchó, a buscar a su tortugo que la espera en Pehuajó”. Tan necesaria esta idea de amor y belleza, en los tiempos que corren!!!
Tampoco hay ingenuidad en la Canción de Cuna para Gobernantes, o cuando interpela a la Justicia y le pide: “Señora de ojos vendados, que estás en los tribunales…quítate la venda y mira”.
Una obra tan enorme, tan diversa, tan presente. María Elena, tan necesaria, tan simple y tan profunda.  Bueno recordarla, para que no nos ocurra como en el país el Nomeacuerdo, que “doy dos pasitos y me pierdo…”
Que no se nos pierda. Traigamos a  María Elena en la voz de maestros, padres, abuelos, narradores, contando y cantando la historia “de un valiente Mono Liso”, un cazador cazado, por ejemplo, que nos recuerda a la famosa Monalisa. Pero este es nuestro, y como su inspiradora, ya es un clásico, y sonará por siempre junto a “Doña Disparate”, a “nuestro elefante Dailan Kifki”, “al último tranvía” y a tantos otros de lectura reconfortante que siguen logrando sonrisas, sorpresas y reflexiones.
(*) Profesora, ex directora de la Escuela de Estética de Azul

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