RELATOS DESDE EL ENCIERRO

Mario

Escribe Matías Verna (*)

“El había puesto tres puntos suspensivos a la historia…Ella borró dos”.

Anónimo

Mario Cortez Alonso hablaba poco. Saludaba como cabeceando hacia el lateral y agachaba la cabeza. Cuando lo conocí llevaba diez años y unos meses preso por violar a su hijastra. Él no quería salir en libertad porque se consideraba hombre muerto.

Vivía en el tercer piso de la Unidad 7 de Azul, en una celda colectiva con 5 o 6 presos con causas similares a la suya.

Por las mañanas trabajaba en la quinta y a la tarde limpiaba las habitaciones de los jefes de turno que se quedaban a la noche a cargo de la cárcel.

Nadie lo visitaba. Sólo recibía cartas de Mabel, su esposa, que ya lo había perdonado, pero su hijastra, Nancy, no sabía de esta comunicación epistolar.

Mario Cortez Alonso lloraba antes de abrir el sobre, se golpeaba la cabeza con los puños cerrados y se masturbaba pensando en Nancy, nunca en Mabel.

Una guardia de mucha lluvia, entre las goteras y el agua que entraba por las ventanas sin vidrios cuando la lluvia pegaba de costado, encontré a Mario sentado contra las rejas tomando mate con un termo de San Lorenzo y un paquete de galletitas secas.

“¿Gusta uno encargado?”, y por los barrotes me tendió un mate caliente que se perdía entre sus manos agrietadas con uñas sucias casi obligándome a tomar.

Acepté y demás está decir que lo único que se puede exclamar cuando no hay mucha conversación es -llueve mucho- Nos quedamos el agua que se perdía no sé dónde y cuando volví a la realidad me sentí incómodo. El silencio se cortó con el ruido del mate vacío.

Apreté sus manos y lo miré fijo sin dejarle secar las lágrimas desprendidas del temporal “Usted es un hijo de puta -le dije pero- estoy trabando y si necesita algo acá estoy”. “Tiene razón encargado”, dijo y se levantó juntando sus pertenencias.

“Espere”, le ordené, “Déme otro mate”.

Nunca más hablé con Mario Cortez Alonso. Antes de irme hacia otro destino todavía seguía preso. Creo que alguna vez gozó de libertades transitorias pero su culpa lo envió otra vez al encierro.

Algunos dicen que se fue a trabajar al campo solo y que duerme en una casilla lejos de la casa de los patrones. Muy de vez en cuando llora, sigue pensando en Nancy y un poquito en Mabel que incondicionalmente le sigue escribiendo una carta.

Para el resto, es hombre muerto.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría: Recientemente publicó su séptimo libro, titulado “Crudo”. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos.

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