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Martín Kremenchuzky participará del II Triatlón Olímpico Ciudad de Azul  

El triatleta de 42 años llegará a la ciudad para formar parte de los casi 250 atletas que darán forma a la prueba. Kremenchuzky padece una enfermedad genética denominada Síndrome de Usher, la cual le generó hipoacusia y ceguera. La singular circunstancia de un muchacho que pese a lo que se advierte como una cruenta adversidad dice: “La discapacidad me dio la posibilidad de vivenciar y aprender muchas cosas que me permiten valorar y disfrutar la vida de una manera diferente”.

Martín Kremenchuzky dixit: “La discapacidad me dio la posibilidad de vivenciar y aprender muchas cosas”. 
YT3.GGPHT.COM
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Martín Kremenchuzky dixit: “La discapacidad me dio la posibilidad de vivenciar y aprender muchas cosas”. YT3.GGPHT.COM

Azul será sede del II Triatlón Olímpico “Ciudad de Azul” el próximo domingo, una celebración atlética que promete disponer en la ciudad a notorios representantes de la disciplina, tal el caso de Mario de Elías y Flavio Morandini.

Una participación particular, por todo lo que encierra su circunstancia personal, es la de Martín Kremenchuzky, un Ingeniero en Sistemas que tiene una enfermedad genética denominada Síndrome de Usher, que produce hipoacusia y pérdida gradual de la visión.

Kremenchuzky (que es auspiciado por Bind Banco Industrial) ha logrado, en 2015, ser el primer triatleta argentino no vidente en completar un Ironman (en Brasil, año 2015), consiguiendo el primer puesto en su categoría. Es en este punto donde confluyen los aspectos que hacen de Kremenchuzky un atleta singular: su talento como triatleta y la voluntad para que su salud no sea carcelera, no lo recluya a la mera acción de lamento. Sobre esto, el propio Martín ha dicho: “No es que prefiera ser ciego, pero la discapacidad me dio la posibilidad de vivenciar y aprender muchas cosas que me permiten valorar y disfrutar la vida de una manera diferente”.

 “Cuando asumí la discapacidad, mi vida cambio para bien” 

El propio Kremenchuzky reconoce que su vida cambió hace unos años, el día que asumió la discapacidad y dejó de luchar contra ella. Salió a correr, a nadar, a remar, a andar en bicicleta de dos asientos, a bailar, a aprender teatro, percusión, a catar vinos y perfumes, a hacer masajes, a narrar historias y unas cuantas actividades más. Lejos de lo que pensaba, había un mundo de posibilidades para los no videntes.

Unos meses atrás, el atleta dio un discurso en el BIND, ocasión en la que convidó a los asistentes con muchos pareceres cuya contemplación sirve para saber de su esencia. Aquí algunos textuales:

–“Mucha gente cree que las personas con algún tipo de discapacidad no pueden tener una vida feliz y placentera”.

–“¿De qué quiero hablarles hoy? De cómo a partir de los obstáculos que me puso la vida, pude vencerlos y salir adelante, incluso superándome, llegando a ser una mejor persona”.

–“La pérdida de visión evolucionaba a tal punto que hace unos 6 años… ¡me quede ciego! Fue en ese momento cuando tuve una depresión profunda por primera vez en mi vida.  Para mí no existía ninguna posibilidad de ser feliz. Más allá de mi hijo Toto, nada tenía sentido”.

– “Si hubiera sido capaz de verme desde afuera, la imagen que habría obtenido de mí sería la del pobrecito que sólo puede inspirar lástima: el ciego triste que espera ayuda pero no se anima a pedirla”.

–“Me hice la pregunta: si yo fuera mi hijo, ¿cómo me gustaría que fuera mi padre? Me contesté que me gustaría que fuera alguien autónomo, apasionado, seguro de sí mismo. Fue entonces cuando tomé la decisión: por mi hijo debía salir adelante”.

– “Cuando asumí la discapacidad, mi vida cambió para bien. Lejos de lo que pensaba, había un mundo de posibilidades para los no videntes”.

 

 

 

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