RELATOS DESDE EL ENCIERRO

Martín

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Por Matías Verna  (*)

Lo invisible existe sólo porque no se ve

(Entre la espada y la Pared – Fito Cabrales – Músico español)

Martín tenía 23 años cuando entró a la celda G a convivir con ocho presos más en la Unidad Nº 7 de Azul. Era de Tapalqué. Tenía la voz callada y mucho miedo. Amaba las drogas y por eso salió a robar y por eso tenía un revolver y por eso casi mata.

Una noche, cuando no pasaba nada, con el Negro Irala estábamos desvelados y decidimos dejar de tomar mate para recorrer los pabellones y planear un asado el fin de semana con la guardia completa.

En el primer piso donde estaban los pabellones 1 y 2 dormían todos menos Tersagui que siempre vomitaba con el cóctel de medicamentos que ingería por el HIV y le costaba volver a la cama de cemento.

En el segundo piso estaban los pabellones 3 y 4 y la redonda con celdas colectivas discriminadas por letras B, C, D y G. Celdas A y E eran para internos en proceso de admisión. La F estaba deshabitada y la usaban de peluquería de internos.

Los trabajadores de panadería en un rato se despertarían y los limpiezas de oficinas un poco más tarde.

El silencio era tenebroso y los pasos nuestros con los grifos rotos eran melodía en la tumba. A lo lejos, por los barrotes, el viento traía mensajes del Callvú Leovú y el relincho del único caballo que rondaba la zona.

De repente, desde la celda G, el rostro desencajado de Martín se asomó reclamando por sus pescaditos y con un vaso de agua nos mojaba pidiendo por favor que no los fritáramos en el desayuno. La escena graciosa con el correr del tiempo dolía un poco.

Martín no podía vivir sin drogas. Las entrevistas semanales con la psicóloga y los ansiolíticos nocturnos no lograban calmarlo.

En sus momentos estables pedía hablar con Irala o conmigo. Era gracioso, le gustaba el fútbol y hacía artesanías en parsec.

Costó un año más o menos, pero Martín logró olvidarse de las drogas y del encierro y después pudo dormir y no tomar pastillas.

Se fue rápido y no volvió más. Recuperó la libertad mientras estábamos de franco, pero le dejó encargado al Peladito Rosas que nos entregara un llavero de parsec al Negro Irala y otro a mí con nuestras iniciales.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría y se encuentra trabajando en la publicación de su séptimo libro titulado “Crudo”, el cual será editado en el mes de abril. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos

 

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