Mateo Banks con magia y compromiso

La obra de Mateo Banks de Edelmiro Menchaca Bernárdez en el Vivero Cultural Otoño Azul.

ARCHIVO EL TIEMPO
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La obra de Mateo Banks de Edelmiro Menchaca Bernárdez en el Vivero Cultural Otoño Azul. ARCHIVO EL TIEMPO

Por Héctor Nebbia – Especial para EL TIEMPO

Gran expectativa tenía yo respecto de la puesta en escena sobre la tragedia de Mateo Banks realizada por el Equipo Delta Trabajo Teatral. Quizá porque hace muchos años me tocó encarar una investigación sobre el tema junto a Hugo Hohl y Oscar Toscano como base de lo que sería una película que luego por costos de producción no prosperó. Mi avidez crecía pensando cómo Edelmiro Menchaca Bernárdez habría encarado el traslado de tan enorme tema al ámbito teatral. Obviamente una manera era el realismo pero conociendo la obra del autor desde los tiempos que dirigía el Taller Teatral Municipal no creía que tomara ese camino tal como un pintor abstracto no puede volver a un pasado figurativo sino volcarse siempre a nuevos rumbos.

Con esa inquietud y entusiasmo me senté y esperé hasta que se extinguieron  las luces de “La Salita” para comenzar la función.

Y así, sin concesiones, se desarrolló ante mí, ¡oh, divina sorpresa!, una obra plena, vasta, compleja, intensa, total.

Hay muchos puntos que sustentan mi capacidad de asombro. Primero, la dramaturgia de Menchaca Bernárdez que parte honestamente de una investigación profunda del tema para darle un tratamiento original y creativo y después desde la dirección que el autor comparte con Daniel Navas, dos talentos que entre ambos potencian sus creatividades. Logran, así, una puesta con líneas expresionistas a través de un juego espacial de apariencia minimalista pero donde cada escena está elaborada hondamente.

Me sorprendió también la construcción de la atmósfera. Si bien el relato está centrado en la historia, los crímenes y la condena de M. Banks, afloran las costumbres rurales y ciudadanas del Azul de 1922. Una sociedad clasista donde las pautas para ser “persona de bien” las marcaban la iglesia y el entorno de la alta sociedad, situación que empezó a modificarse paulatinamente avanzados los años 60.

Y en este “ambiente” aparecen recursos estéticos altamente expresivos que tienen que ver con lo que la época marcaba. El cine era mudo y exageradamente elocuente en la expresividad, no se avizoraba la televisión, la radio comenzaba a desplegar sus dones, un público ingenuo consumía zarzuelas o los melodramas rurales que las compañías teatrales o el circo criollo ofrecía. Escenarios primarios donde tallaba el Juan Moreira y otros personajes populares que generalmente derivaban en caricatos dentro de una trama lineal. Sumemos a ello las publicaciones de la época como Caras y Caretas que recurría a la caricatura para satirizar costumbres y temas importantes de interés nacional.

“Mateo Banks, recortes de una crónica feroz”, tal es el nombre completo de la obra de Menchaca B., se nutre de toda esa suma de elementos culturales de raigambre popular, sabiamente macerados y reelaborados en los personajes elegidos para contar la historia, en el estilo y la caracterización de los mismos y en las referencias elegidas para pintar esos años.

En el rubro actoral no hay un solo actor que haya estado por debajo de la excelencia. Todos y cada uno (Alicia Alfredo, Mauro Minvielle, Natalia Martín, Florencia Saparrat, Daniel Navas, Silvana Gusella y Edelmiro Menchaca), con el equilibrio y la gracia de lo coral dieron vida a sus criaturas sostenidos desde la dirección en la creatividad y la búsqueda para contar en definitiva una historia única. Tampoco quedó por fuera de estas virtudes el aporte musical y lumínico.

Elementos que se complementan labrados con adorno expresivo y estético, sólidas actuaciones y un hilo conductor vigoroso e inquebrantable se necesitaron para plasmar magistralmente en el escenario los ocho crímenes cometidos por Banks, uno de los casos judiciales más resonantes de la historia policial nacional y sobre todo de la historia local.

Esto no se logra solamente con el talento demostrado si no se tiene detrás una larga trayectoria que desde 1984 a la actualidad está jalonada por muchos trabajos y éxitos inolvidables.

Cuando un Fellini o Bergman logra las genialidades alcanzadas uno se pregunta. “¿Y ahora qué vendrá? Lo mismo me pasa con esta obra que es uno de los puntos más altos del grupo teatral azuleño.  Cabe la pregunta: “¿Y ahora qué, Menchaca? ¿Y ahora qué, Navas? Superar las propias marcas tal vez sea el mayor desafío.

Como azuleño pienso que la prensa de nuestra ciudad, a la hora de hacer un balance sobre los hechos culturales destacados del año pasado, no puede omitir, entre otros acontecimientos locales, que en el 2016 tuvo lugar el nacimiento del Vivero Cultural Otoño Azul como espacio independiente. El Equipo Delta llevó a ese lugar “La Salita”, espacio escénico propio que antes funcionaba en dependencias municipales. Allí consolidó la labor del Taller Imaginario Soldenoche, un estudio teatral que reafirma su vocación formativa. Presentó, además, obras como “En Vías de Extinción”, “Abrir la puerta…” (exposición escénica de alumnos iniciales) y “Mateo Banks” para culminar el año. Por otra parte, extendió sus brazos a un elenco de Chile que inauguró la sede, un magnífico grupo de Mendoza y amplió su acción a otras actividades culturales como la danza, la literatura, etc. a nivel local, nacional e internacional.

Todo esto no puede quedar en la penumbra. Tiene tanto peso como Ricky Martin o Pimpinela o tal vez más porque lejos de lo masivo no deja de ser popular y sobre todo tiene que ver con la trayectoria y el compromiso de nuestros propios hacedores de la cultura.

De todos modos, lo hecho, hecho está. Y seguramente “lo mejor está por venir”.

 

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