COMENTARIO SOBRE LA OBRA TEATRAL

“Mateo Banks, recortes de una crónica feroz”

El elenco de “Mateo Banks, recortes de una crónica feroz” integrado por (de pie de izq. a der.) Mauro Minvielle, Alicia Alfredo, Silvana Gusella, Edelmiro Menchaca Bernárdez, (sentados de izq. a der.), Florencia Saparrat, Natalia Martín y Daniel Navas.
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El elenco de “Mateo Banks, recortes de una crónica feroz” integrado por (de pie de izq. a der.) Mauro Minvielle, Alicia Alfredo, Silvana Gusella, Edelmiro Menchaca Bernárdez, (sentados de izq. a der.), Florencia Saparrat, Natalia Martín y Daniel Navas.

La obra teatral que fuera escrita por Edelmiro Menchaca Bernárdez y presentada en varias oportunidades en nuestra ciudad en “La Salita” (Vivero Cultural Otoño Azul) –estrenada el 8 de diciembre de 2016-, es una verdadera perla que desafía al espectador a reflexionar sobre las pasiones humanas y lo acaecido en nuestra historia lugareña. 

Por Eduardo Agüero Mielhuerry

Ya casi han pasado 95 años desde aquella fatídica jornada del 18 de abril de 1922. Ese día Mateo Banks se convirtió en el primer asesino múltiple de la historia de la Argentina tras ultimar a disparos de escopeta a ocho personas, seis de las cuales eran parte de su familia y los restantes dos peones.

El Equipo DeltaTrabajo Teatral, siguiendo el libro escrito por Edelmiro Menchaca Bernárdez, fue el encargado de representar la obra titulada “Mateo Banks, recortes de una crónica feroz”.

La obra fue presentada en “La Salita” (Vivero Cultural Otoño Azul), en Malére 567, pero nada debería impedirle a esta perla teatral recalar en el escenario del Teatro Español o en salas regionales o capitalinas, pues muestra soberbiamente un “recorte” de nuestra historia, tan pintoresca y al mismo tiempo “feroz”, absolutamente capaz de ser compartida en otros ámbitos.

El personaje encarnado por Alicia Alfredo, Adelfa, es el primero en salir a escena. Su relato se ocupa de dar un pintoresco pantallazo sobre la vida ajetreada que llevaba el “Padrecito” César Cáneva por aquellos años. Al mismo tiempo explica los nexos que tenía Mateo Banks con la iglesia, integrando distintos espacios, inclusive encabezando la procesión del Domingo de Pascua junto al sacerdote, pocos días antes de los homicidios.

Restituto, el personaje al que le da vida Mauro Minvielle, se presenta como “un anciano” que justamente nació el día de la tragedia. En varias intervenciones, el peculiar personaje harapiento y ayudado por un bastón, de rostro fantasmagórico y con una particular voz notoria y brillantemente trabajada por el actor, cuenta linealmente la historia de los campos “La Buena Suerte” y “El Trébol” desde sus primeros propietarios hasta el arribo de la familia Banks. Asimismo, cerca del final de la obra, él destaca que “la historia se ha escrito hasta en los diarios, pero no son más que recortes”, siendo un punto a considerar para aquellos que gustamos de la historia y sobre todo la de un hombre tan intrincado y complejo como el mismísimo Banks, quien proclamó hasta su muerte su inocencia y se refugió en un rosario de botones, ganándose en la cárcel el mote de “El Místico”.

Pintoresco a la par de Adelfa, resulta el personaje ficticio llamado Recuerdo. Edelmiro Menchaca Bernárdez, quien le pone cuerpo y voz al personaje, se ocupa también de brindarnos algunos detalles del Azul de los años ’20, subrayando la presencia en esos días en nuestra ciudad de Carlos Gardel, noticia que por entonces se viera opacada por los que fueran los sangrientos sucesos. Amante del tango, aspirante a cantante, Recuerdo le imprime una cuota de picardía y cierto humor a lo que es sin dudas una desgracia, “cantando” inclusive el tango “Doctor Carús” que se popularizara por entonces en referencia a los sucesos.

Sin lugar a dudas, la escena más fuerte de toda la obra está desarrollada magistralmente por Florencia Saparrat y Natalia Martín, quienes encarnan respectivamente a María Ercilia Gaitán y Ana Banks, las únicas dos niñas que sobrevivieron a la faena que desató Mateo Banks. Después de varios actos, ambas entraron a escena detrás de un pequeño teatrillo negro, tan negro como el resto de los telones que demostraron que no era necesaria ninguna escenografía para impactar al espectador. Saparrat, como niña, juega a ser Mateo, y a la par, Martín va presentando a través de títeres a cada una de las víctimas de la “Sierpe humana” (como se nombrara a Banks luego de los hechos). Es evidentemente un juego de niñas, un juego que se torna macabro sin siquiera mostrar un arma ni caer en golpes bajos como simular sangre. Simplemente un “¡PUM!”, pronunciado secamente, alcanza para marcar lo que fue el disparo que puso fin a una vida. “Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis; seis y dos… seis y dos…” cantaban sin poder pronunciar “seis y dos son ocho” (ocho víctimas)… se miran, repiten la estrofa, vuelven a dudar y sin decirla, continúan “Ánimas benditas, me arrodillo yo…”. En escena ambas actrices se desenvuelven de manera impactante…

Por su parte, Silvana Gusella juega impecablemente en el escenario encarnando a Sarah Kearney Keena de Banks, la cuñada de Mateo, que por entonces se hallaba internada en el hospital psiquiátrico conocido popularmente como ”Melchor Romero”. Sin caer en la sobreactuación, Gusella repite al pie de la letra una carta que Sarah le escribiera a su esposo Dionisio en agosto de 1922, cuando ya habían pasado cuatro meses de la tragedia, valiendo la pena resaltar como escalofriante el comienzo de la misma: “Querido Denis: Sólo algunas palabras esperando que estés bien, mientras yo estoy aquí, deseando recibir una carta tuya, o ver tu rostro viniendo por mí, mientras yo estoy aquí desde hace tanto sin recibir una palabra de noticias tuyas, teniéndote dependiendo de gente de afuera. Deberías venir y hablar conmigo vos mismo, y así yo no escucharía tantas mentiras de todos ellos aquí, diciéndome que todos ustedes están muertos. Los doctores entraron y me dijeron que todos ustedes están muertos. Nunca dependas de nadie, simplemente vení y mirame vos mismo y decime como están las nenas y vos…”.

El monólogo que realiza Silvana Gusella sigue correctamente el texto de la carta en inglés que fuera traducida por Georgina Degano, coautora con quien estas líneas escribe de la nota “La Suerte juega con cartas sin marcar” en la que apareciera publicada por primera vez dicha carta. Sus palabras desgarradoras dejaron el frío papel para ser pronunciadas con peso y dolor en la boca de la actriz que, sin mostrar ninguna fisura en su actuación, alcanza el cénit de su personaje en el instante mismo en que llega a masticar las cartas presa del dolor y la locura, incrédula de lo que había sucedido con su familia.

“Obsesión” es la palabra que marcó el trabajo actoral de Daniel Navas. Una libretita y una máquina de escribir Remington son los principales –casi únicos- elementos que acompañan al actor al momento de desarrollar a un personaje ficticio que, tras involucrarse enfermizamente con el caso judicial, llega al punto de ser presa de un desdoblamiento de la personalidad -excepcionalmente encarado desde lo actoral-, que lo pone en la piel del homicida. Buscar el más mínimo detalle que lo lleve a descubrir la verdad de los hechos –verdad evidente a la luz de la historia-, impulsado por una intrínseca razón que sin dudas es entender los motivos que empujaron a Mateo Banks a hacer lo que hizo, hace que el Periodista al que le da vida y carácter Navas se convierta en un personaje delicioso a los ojos del espectador.

Años atrás, luego de un arduo trabajo llevado a cabo estudiando al detalle el expediente judicial que Georgina Degano encontrara “perdido” en Buenos Aires, con ella tuve la oportunidad de publicar en “El Tiempo” dos artículos (“La Muerte es sólo la Suerte con una letra cambiada” y “La Suerte juega con cartas sin marcar”) y posteriormente, junto a un tercer artículo (“Y la vida siguió…”), los mismos fueron publicados en el libro “Proceso de Mateo Banks” editado por Editorial Azul en el año 2014. Dicha labor, que incluyó trabajar sobre más de mil quinientas fojas y reconstruir también la historia de las sobrevivientes (Ercilia y Anita) y haber conocido a sus descendientes, nos llevaron con Degano a conocer infinitos detalles de la historia. Sin embargo, tras haber asistido a la representación de “Mateo Banks, recortes de una crónica feroz”, debo admitir gustosamente que el grupo teatral llevó a escena una historia cruenta a la que sin dudas le dieron un nuevo enfoque y un tinte propio e indeleble. Han logrado un producto de excelente calidad, digno y brillante, brutal y atrapante, capaz de sorprender magníficamente aún a quienes hemos estudiado el caso o a quienes sólo lo hayan leído. Y, además, no deja de ser amargamente vigente en estos tiempos, pues el trasfondo de la historia entreteje los más diversos hilos de la sociedad de comienzos del siglo XX que no distan demasiado de los entramados que subyacen en la actualidad.

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1 Comment

  1. Edelmiro Menchaca B

    Febrero 12, 2017 at 1:47 pm

    Gracias por el aporte investigativo de Eduardo y Georgina que junto con otras generosas contribuciones de material hicieron posible llevar este tema a un escenario. Orgulloso de que todos hayamos logrado un producto artístico que llevado a Cabo por los propios azuleños esté dejando su huella humilde pero nítida en la página de la historia cultural local.

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