UNA HISTORIA CON FINAL FELIZ

“Me devolvió la vida y él arriesgó la suya”

 

El pasado martes 18 de julio Carlos Alberto Sequeira fue rescatado por el policía Matías Hoffer de una muerte segura, en medio de un voraz incendio que destruyó la casa donde el hombre de 71 años vivía. Dos semanas después, ambos volvieron a encontrarse ayer en la Redacción de EL TIEMPO. “Es una persona que arriesgó su vida para salvarme. Y voy a agradecérselo toda mi vida”, dijo Sequeira en presencia del oficial perteneciente al Comando de Patrullas local.

Carlos Sequeira y el policía Matías Hoffer. Se reencontraron ayer, dos semanas después a que el efectivo de seguridad rescatara al hombre de un voraz incendio.

NACHO CORREA
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Carlos Sequeira y el policía Matías Hoffer. Se reencontraron ayer, dos semanas después a que el efectivo de seguridad rescatara al hombre de un voraz incendio. NACHO CORREA

En tiempos donde las historias con final feliz suelen no abundar, hay una que empezó días atrás con un incendio y tiene ahora un desenlace en formato de buena noticia.

Está relacionada con un hombre y un policía. A ambos, las circunstancias hicieron que sus vidas se cruzaran en horas de la tarde del pasado 18 de julio.

Aquel día, el policía rescató al hombre de un voraz incendio que destruyó todo.

Dos semanas después de eso que pasó en una precaria vivienda situada en España y Calle 8 de esta ciudad, el hombre y el policía volvieron a encontrarse.

Y ayer, en su sede, EL TIEMPO fue testigo de ese reencuentro, que estuvo cargado de emoción y tuvo sabor a final feliz. A un desenlace donde -por sobre todas las cosas- a modo de mensaje para contar lo que queda es una hermosa lección de apuesta por la vida.

“Mi nombre es Carlos Alberto Sequeira Mendoza, le dijo ayer a EL TIEMPO el hombre al que el policía Matías Hoffer, un oficial de la Bonaerense que trabaja en el Comando de Patrullas de Azul, rescató en horas de la tarde de aquel ya referido 18 de julio pasado.

A Sequeira su vida lo tiene ahora transitando por su año 71, después de que nació en Montevideo -Uruguay-; luego de que décadas atrás se radicó en Argentina y de que llegara a vivir a Azul hace ya unos diez años.

“Yo no me quería suicidar”

De lo que pasó aquella tarde en que perdió todo en el incendio, cuando de no ser por el policía que lo rescató eso hubiese implicado que también muriera, Sequeira primero aclaró: “Yo no me quería suicidar. La vida es muy linda. Todos tenemos problemas, pero eso no quiere decir que me quiera suicidar. Esto fue accidental”.

Esa versión, ahora desmentida, había sido la que en principio circuló sobre ese siniestro ocurrido en su casa de España y Calle 8, mismo lugar donde hoy no hay absolutamente nada en pie a causa de lo que fue la voracidad de las llamas.

Sequeira recordó que “había puesto una pava para tomar mate” en momentos que estaba en la cocina. También, que como “estaba juntando ropa y adentro tenía bolsas de consorcio con ropa que la gente me da para ayudarme”, eso se convirtió después en uno de los principales elementos que hicieron más grande y voraz al incendio.

Según él cree, “una ráfaga de viento” fue lo que hizo que aquella tarde se prendiera fuego todo.

El hombre es cartonero. Y esas bolsas de consorcio con ropa que tenía acumuladas, al igual que otros materiales de fácil combustión, convirtieron en pocos minutos a la vivienda en una inmensa fogata.

En medio de ese panorama y ante lo desesperante de la situación, Sequeira contó que adentro de la casa se tropezó con esas bolsas de consorcio y que se cayó al piso.

“Tenía como cuarenta bolsas de consorcio llenas de ropa que me dio la gente. Sacando la ropa que me servía a mí, lo demás lo quería donar para los inundados. Mi casa estaba llena de cosas, por lo que el fuego agarró enseguida. Yo me caí al tropezarme con las bolsas. Desde el piso veía que se me venían las llamas encima y no me podía mover porque estaba boca abajo”, recordó ayer el hombre.

En esas circunstancias, con la casa ya prendida fuego, apareció el policía Hoffer a rescatarlo.

“Ahí sentí un tirón, que era de alguien que me sacaba, aunque sólo ví una sombra y estaba como noqueado. Cuando me desperté no entendía nada porque estaba desnudo en el hospital”.

El oficial Hoffer y un compañero suyo habían estado desde momentos antes en la casa. Y el efectivo de seguridad, incluso, se entrevistó ese día con Sequeira, quien en principio le dijo que estaba todo bien.

Después, cuando la vivienda de planchones y techo de chapa se prendió fuego, ambos efectivos de seguridad regresaron. Y el oficial que rescató a Sequeira – según había contado en una entrevista días atrás publicada por EL TIEMPO- después de patear una puerta de chapa ingresó rápidamente a la propiedad, en medio de una escena donde lo que predominaba “era todo humo y fuego”.

“Cuando me metí, había mucha chatarra y el fuego ya había agarrado el techo. Este señor estaba tirado y desvanecido en el suelo. Cuando lo saqué estaba inconsciente. Lo tomé del cuello y de la pierna derecha. Y como pude lo saqué hasta unos veinte metros de la casa aproximadamente, para que no le llegara el humo”, dijo Hoffer.

“Después me quedé con él. Le sostuve la cabeza para que pudiera respirar. Ahí ví que pestañaba y que se movía. No alcanzó a quemarse. Pero sí había inhalado el humo. Me quedé a resguardo de él hasta que llegó la ambulancia y lo trasladaron al hospital. Gracias a Dios no tuvo ninguna quemadura ni nada grave”, señaló también el policía del Comando de Patrullas en aquella entrevista.

Pero ese día, una vez en el hospital, Sequeira ni se enteró que había perdido todo y que estaba vivo gracias al policía. Lo supo después, mientras permanecía internado y por lo que la gente que lo iba a ver le contaba.

“Ahí me di cuenta que se había quemado todo”, recordó ayer el hombre de 71 años. “También, que todo eso que tenía lo había perdido”.

Ahora, mientras permanece en un hogar de ancianos, ayer Sequeira tuvo ganas de agradecerle a ese policía que le salvó la vida. Y vino a EL TIEMPO para dar cuenta de ello a través de lo que hoy es esta nota.

“Yo le diría que lo que hizo me causó mucha impresión. Es una persona que arriesgó su vida para salvarme. Y voy a agradecérselo toda mi vida. Por eso lo quiero ver y saludarlo. Se lo merece. A mí me devolvió la vida y él arriesgó la suya”, dijo el hombre antes de que a la Redacción de EL TIEMPO llegara el oficial Hoffer.

En medio de una escena cargada de emoción, hubo abrazos entre ambos. También, lágrimas por parte del hombre al que el joven policía azuleño rescató.

“¡Carlitos, estás irreconocible…!”, le dijo el efectivo de seguridad del Comando de Patrullas ni bien lo vio.

Al hombre se le dibujó una sonrisa. Era el sinónimo de un agradecimiento que para él será eterno, teniendo en cuenta lo que el oficial del Comando de Patrullas hizo aquella tarde en que lo salvó de morir quemado a causa de un voraz incendio.

FITO Y EL MATE

Carlos Alberto Sequeira recién volvió a su casa días atrás. Y según contó, allá donde estaba su vivienda y ahora no hay nada había alguien que todavía lo seguía esperando: su perro.

“Yo tengo un perro que se llama Fito. Lo crié con mamadera. Me afligía saber si estaba. Hace tres días, cuando iba llegando y estaba como a una cuadra, él me miraba. Cuando lo llamé, vino hacia mí, se paró en dos patas y me empujó. Me pasaba la lengua por todos lados y me abrazaba con las patas. No sé quién lloraba más de los dos, el perro o yo. Nos reencontramos, pero ahora sigue solo porque yo estoy en un hogar”.

La intervención en el hecho del Estado Municipal y de la Justicia le posibilitó al hombre, después de que le dieran el alta en el Hospital Pintos, estar ahora alojado en el geriátrico “Laura Vicuña”, hogar situado en una de las esquinas de Rivadavia y Bolívar.

Pero a pesar de que está muy bien en el geriátrico, Sequeira quiere volver a su lugar.

Jubilado gastronómico, contó que sólo le hicieron aportes durante 18 años, ya que sus circunstanciales empleadores le pagaban en negro el resto de lo que cobraba.

A pesar de eso, durante la gestión de Cristina Kirchner como presidenta pudo acceder a una jubilación, lo cual significa que actualmente cobra 2.800 pesos, dinero que casi en su totalidad ahora se le va con lo que paga en el geriátrico.

“En el hogar estoy bien, pero el problema es que ahora no tengo nada. Hasta los calzoncillos que tengo puestos son prestados. La gente me está ayudando. Yo no pido, pero cada vez que salgo voy visitando amigos para ir rescatando algo”, recordó.

Un uruguayo que se precia de tal no puede estar sin tener un mate a mano. Y el hombre quería conseguir uno, algo que ayer finalmente se hizo realidad.

En la Redacción de EL TIEMPO, una colecta entre los trabajadores de este diario sirvió para que se llevara un termo, un mate y una bombilla.

También, un recipiente para la yerba y el azúcar, algo en lo que colaboró el comercio “Super Shop”, el bazar, regalería y juguetería situado en Yrigoyen al 515.

Los responsables del local, al enterarse de quién iba a ser el destinatario del regalo, también se sumaron con el aporte de ese recipiente que ahora está en manos de este uruguayo, que vuelve a contar así con algo tan significativo para él como lo es un mate.

 

 

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