VERÓNICA CESTAC

“Me emociona que digan que superé a mi abuela”

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Verónica Cestac no es una simple tejedora. Según ella, “para tejer hay que aprender a vivir primero observando el entorno, observarse, corregirse”.
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FACEBOOK VERÓNICA CESTAC Verónica Cestac no es una simple tejedora. Según ella, “para tejer hay que aprender a vivir primero observando el entorno, observarse, corregirse”.

Lo expresó la nieta de Ercilla Moreira de Cestac, patrimonio histórico provincial y una de las primeras teleras de nuestra ciudad, en diálogo con EL TIEMPO. Habló de su rol de nieta y alumna, en el marco de la Fiesta Provincial del Telar Pampa que se realizará el sábado 22 y domingo 23 de octubre.

Con la organización de la Dirección de Cultura se realizará la Fiesta Provincial del Telar Pampa que cuenta con el apoyo de la Dirección de Derechos Culturales de la provincia de Buenos Aires. Esta fiesta será un homenaje a Ercilia Moreira de Cestac, patrimonio histórico provincial y una de las primeras teleras de nuestra ciudad.

Acerca del programa se informó que el sábado 22 a las 18 en la Escuela de Platería Verónica Cestac, nieta de la homenajeada, ofrecerá una charla, acompañada por Julio Juárez, Osvaldo Urbina, Alfredo Galloso en la parte musical y un payador local.

En tanto, el domingo a partir de las 10 en la Plaza Ameghino estarán los artesanos de Azul y la zona y se presentará la licenciada en folclore Mabel Ladaga. Asimismo, teleras de Olavarría traerán la réplica del poncho de Catriel hecho por Liliana Ballota; el Museo Squirru expondrá piezas de Ercilia Cestac; estarán Juan Carlos Maddío con el payador Pablo Solo Díaz y el cierre estará a cargo de la cantora sureña Lucía Ceresani.

En relación a su ponencia destacó que se mostrará la técnica y contará la historia de Villa Fidelidad. Para conocer más sobre esta importante propuesta este diario dialogó con la nieta de la Ercilla, Verónica quien en una emotiva charla contó aspectos de esta muestra y sus vivencias junto a su abuela.

En principio emocionada dijo que “aprendí a tejer con mi abuela, es un importantísimo legado y un hermoso regalo que me dejó: la hermosa oportunidad de convivir diariamente con ella doce años que me llevó el proceso de aprendizaje”.

Recordó que “yo estaba en Brasil y cuando regresé estuve casi conviviendo con mi abuela porque así se debe aprender telar. No es solo una técnica sino aprender a hablar a través del tejido, de su simbología, los colores, es un aprendizaje que necesita una convivencia. El hecho de haberme venido a vivir a Azul de Brasil es algo de lo que me siento orgullosa; si no, me hubiera arrepentido toda mi vida. Hubo un llamado”.

Aclaró, aunque estuvo a la vista, “me emociona mucho hablar de mi abuela, la tengo todos los días presente con el telar y en muchas otras cosas más”.

Además continuó explicando que “al telar hay que interpretarlo: es como contar una poesía”.

Verónica puntualizó que “generalmente una faja pampa habla del alma de quién la va a usar. Es como una protección, un pedido de abundancia, una orientación para vivir. Son muchos mensajes y son individuales. No es brujería sino una conexión y la sensación que uno tiene es que la faja se hace sola. Ellos me guían el color que les gusta que también habla mucho de su persona”.

Además agregó que “no es una producción masiva; no trabajo así, sino por encargue. Las dimensiones varían entre 2,80 o 3 metros con los flecos y de 5 a 10 centímetros de ancho en una faja. En cuanto a una liga para bota de potro que se protege de caminar son otras las medidas”.

Consultada sobre las tintas explicó que “es un mestizaje que se produjo pero que no alteró la técnica original. Mi tatarabuela empezó a usar hilo mercerizado y ahora utilizamos el perle que viene de Brasil. Es una calidad impresionante ese algodón, no altera nada de la faja, y la consigo en Buenos Aires”.

Cuando se le preguntó si siente que la superó a su abuela en cuanto al trabajo, expresó. “Me emociona que me digan que superé a mi abuela; es lo mínimo que puedo hacer”. Destacó que “eso siento, porque soy la quinta generación de tejedoras. Mi tatarabuela aprendió de su mamá, después pasó a su hija, mi bisabuela, mi abuela y yo. Es como una obligación hacerlo bien. Si lo hago lo hago bien; si no, no lo hago (risas). Pero también para llegar a superarlas es porque ellas estuvieron, de no haber estado no podría tejer. Las tejedoras de Villa Fidelidad que se asentaron cuando el general Escalada brindó las tierras y se fundó Villa Fidelidad son Pascuala Calderón, Viviana Calderón, la hermana de mi abuela Ercilia y Plácida Bardas, que era concuñada de Viviana. Después está Juliana Calderón, nieta de Viviana y mi abuela, quien arrancó a los 13 años a tejer”.

Gracias a ellas, a su labor de haberme transmitido todo, tengo un compromiso muy grande y un agradecimiento infinito. Además no es el único regalo que le dejó su abuela sino que ella considera que “tengo dos hijas mujeres: ese fue el regalito de mi abuela, tengo dos tejedoras, Luz de 1 año y medio y Paz, de casi 4 años. Ellas están mamando esto del telar, me ayudan a urdir, las tengo a upa y les despierta curiosidad. Ojala les guste. Es una técnica que se mantuvo en la familia, que muchos aprendieron a tejer, a hablar a través del tejido. Porque yo puedo enseñar la técnica, pero enseñar a hablar lleva tiempo”.

 

No es sólo tejer…

En segundo término detalladamente dijo que “para tejer hay que aprender a vivir primero observando el entorno, observarse, corregirse, no es un trabajo que solo implica sentarse a tejer, sino que si bien es una salida laboral por los tiempos que vivimos, pero siempre con respeto y sin perder su esencia”.

Asimismo puntualizó que “con cariño, con dedicación, tiene sus tiempos, cuando hay humedad no se puede tejer porque el hilo absorbe. Cada trabajo me lleva un promedio

 -ahora que soy mamá- de 20 días a un mes, un cinto una semana y una liga dos semanas”.

En cambio contó que su abuela hacía lo mismo pero con tiempos tranquilos, distintos a lo que uno está acostumbrado hoy en día que te exigen todo. “En realidad mi tatarabuela falleció en 1950 y mi abuela tejió hasta el año 48, dejó de tejer por 20 años criando a su hijo y cuando mi papá se fue a Buenos Aires retomó todo ese saber. Porque hay que tener en cuenta que si uno sabe el significado del diseño no se lo olvida más y ella hizo eso”.

En cuanto a si enseña Verónica especificó que “yo enseño a mi marido y a mis hijas, sino se pierde la esencia del tejido. Para mi tejer una técnica originaria sin saber como están los pueblos originarios hoy, no tiene sentido. Hay distintos tipos de tejido, algunos desvirtuados, inventando diseños, textil de proyección, pero ello no es textil originario, es telar pampa. Este último se hace en un telar tubular horizontal porque yo le estoy pidiendo a los cielos. Ambos telares tienen su propia simbología, hay fajas mapuches que tienen mucho sentido. Cuando mi abuela me enseñó a tejer me enseñó a tener otra concepción del tiempo y de la vida, como que se retroalimenta el aprendizaje entre el maestro y el alumno”, culminó.

 

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