TURISMO EN DOS RUEDAS

“Mi proyecto era cruzar los andes en bicicleta y lo logré”

 

Lo consideró el profesor de Educación Física, Juan Carlos Mingarro; quien hizo el recorrido del Cruce de los Andes en un día. Recorrió más de 120 kilómetros en este vehículo circulando por precipicios y caminos peligrosos. Un asombroso relato.

 

Juan Carlos Mingarro: “si uno tiene proyectos tiene expectativas en la vida”. Realizó el Cruce de los Andes en bicicleta en un día. Partió desde Villa La Angostura el 5 de enero hasta llegar a Entre Lagos, y posteriormente a Osorno. Ya en colectivo fue hasta el océano pacífico.

NACHO CORREA “Yo iba con cuatro alforjas (bolsos conteniendo ropa, comida, carpa, elementos de limpieza, bolsa de dormir, ollas, cocina, entre otros elementos que va al costado de las ruedas) y una mochila que llevaba un camel que es un recipiente de agua con un chupador a la altura de la boca con el cual iba tomando mientras pedaleaba”, contó Mingarro en diálogo con este medio. 
GENTILEZA JUAN CARLOS MINGARRO
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“Yo iba con cuatro alforjas (bolsos conteniendo ropa, comida, carpa, elementos de limpieza, bolsa de dormir, ollas, cocina, entre otros elementos que va al costado de las ruedas) y una mochila que llevaba un camel que es un recipiente de agua con un chupador a la altura de la boca con el cual iba tomando mientras pedaleaba”, contó Mingarro en diálogo con este medio. GENTILEZA JUAN CARLOS MINGARRO

Juan Carlos Mingarro realizó el Cruce de los Andes en bicicleta. Salió de Azul en vehículo el 2 y regresó el 15 de enero. Así que partió desde Villa La Angostura, en bicicleta, el 5 de enero hasta llegar a Entre Lagos, y posteriormente a Osorno. Ya en colectivo fue hasta el océano pacífico, donde se quedó un día más.

Recorrió más de 120 kilómetros en el vehículo de 2 ruedas circulando por precipicios, paró la marcha 8 veces, 1 de ellas porque una nube se estacionó en una curva y no se visualizaba lo que había del otro lado.

En las subidas Mingarro pedaleó a 6 kilómetros por hora y en bajada llegó a un total de 63 kilómetros por hora.

Cabe señalar que el aventurero azuleño cumple 56 años en marzo y hace 34 que se desempeña como profesor de Educación Física. Actualmente trabaja en la Escuela Nro. 503 y en el Instituto Lugones, en tanto que en julio se jubila.

También hace algunos años que se está dedicando a la fotografía y el pasado año compró la bicicleta con posibilidad de realizar entrenamientos importantes con el objetivo de ejecutar propósitos, por un lado por la salud y, por otro, de tener proyectos. De esta manera es que se dio esta aventura inolvidable y de la que está escribiendo para transmitirla al mundo.

Entrenamiento

 

De esta manera Mingarro recordó que “el año pasado en marzo compré la bicicleta y me propuse un objetivo que era como un proyecto para el año”. Y continuó “si uno tiene proyectos tiene expectativas en la vida. Así que el mío fue organizar el Cruce de los Andes, desde Villa La Angostura hasta Osorno, y durante 9 meses me entrené con esta bicicleta. Iba 2 ó 3 veces por semana a la Boca de las Sierras. Es decir viajaba en vehículo hasta el Parador Municipal y de allí arrancaba para la Ruta Nacional 226. Así que pasaba por Pablo Acosta, entre otros lugares. En total, hacía 35 kilómetros y otros 70 por día. Además salía en el llano pasando La Colorada y Estación Nievas”, pero destacó que “por lo que me encontré en el Cruce nada que ver con lo que me imaginé”.

La aventura

 

En segundo término, el ciclista contó que “me fui de Azul el 2 y volví el 15 de enero. Salí a las 7.30 de la mañana de Villa La Angostura, anduve por las subidas y bajadas propias de la geografía de dicha ciudad y el miércoles 5 emprendí la pedaleada hacia la aduana argentina y al pueblo chileno que se llama Entre Lagos. Hasta este último lugar hice más o menos 90 kilómetros y posteriormente seguí 57 kilómetros más hacia Osorno. En total fueron más de 120 kilómetros, es zona montañosa con subidas y bajadas muy largas, además de que en 8 oportunidades me tuve que bajar de la bicicleta para caminar porque era imposible seguir pedaleando, no por agotamiento, sino que porque no daban las revoluciones de la bicicleta. Yo iba con cuatro alforjas (bolsos conteniendo ropa, comida, carpa, elementos de limpieza, bolsa de dormir, ollas, cocina, entre otros elementos que va al costado de las ruedas) y una mochila que llevaba un camel que es un recipiente de agua con un chupador a la altura de la boca con el cual iba tomando mientras pedaleaba”.

Aseguró que el cruce lo hizo en un día, en 14 horas corridas parando cada 3 horas para alimentarse. Llegó a la medianoche del otro día, es decir habían pasado 14 horas desde que salió a pedalear, se instaló en un camping en Entre Lagos, que fue su primer destino.

Reconoció que “donde está el punto fronterizo me quedé sin agua porque no repuse en Argentina y unos japoneses que venían de excursión me proporcionaron tres botellitas, preparé sales porque hacía mucho calor y si bien corría aire fresco, uno no se da cuenta de cómo se deshidrata. Entonces tenía una alarma en el teléfono que me iba avisando cuándo tenía que tomar agua y cuándo comer. Así que seguí hasta la aduana chilena. Allí la gente fue muy cordial, un poco se asombraban, no por el cruce que hice, sino por cómo venía de cargado porque parecía que llevaba una casa encima (risas).

En cuanto a la altura sostuvo que “estuve a más de 1400 metros de altura, cuando bajé al Pacífico va todo en bajada pero tuve una subida bastante importante y muy larga de 2 ó 3 kilómetros. Pero fue 50 y 50 físico y espíritu”.

Subrayó que “además del objetivo cumplido, este viaje significó seguirle dándole importancia a esto de tener proyectos ya que durante todo estuve entrenándome, ingresando a foros de gente que ya había realizado este recorrido y por otro lado descubrí, por lo menos en la zona de los lagos, un pueblo chileno genial, súper servicial, con una marcada diferencia social, gente muy pudiente y otros muy humildes. Pero en general muy predispuestos a ayudarte, a charlar de sus problemas; porque a veces se ocultan ciertas cuestiones pero en este caso contaron sobre la gente que ya había pasado la etapa laboral y se jubilaba y me sirvió para llenarme de un montón de situaciones humanas que fue un poco también otro de los propósitos”.

Conociendo el pacífico

 

En otro tramo de la charla que mantuvo con este medio el profesor de educación física especificó que “si bien yo ya conocía nuestra zona y había ido a Entre Lagos, siempre fui manejando y no se aprecia lo que de pronto hacés con una bicicleta y, en general creo que fue una experiencia súper positiva y fue un viaje interior porque uno hasta descubre un montón de cualidades que ante la exigencia que antes no había tenido afloran ahí y te sirven para seguir”. Después “continué al Pacífico hasta una caleta de pescadores que se llama Bahía Mansa y una playa chilena; y realmente ahí la pasé muy bien. Hay pescadores artesanales, es decir que no pescan con red, sino que se sumergen para sacar mariscos y sus señoras arman los puestos para comercializarlos a los turistas cocinados o crudos”.

“Así que también fue una experiencia muy linda porque conocí el pacífico. No pude ir en bicicleta por las características de la ruta, me fui en colectivo y pude conocer ello”.

“Cuando volví a Azul lo hice en colectivo y con mucho entusiasmo, realmente había cumplido el sueño y no había mucho más para hacer, o sea quizás quedarse, pero ya estaba muy cansado”.

Por último anticipó que “ahora resta lo que estoy escribiendo sobre el viaje haciendo un pequeño relato, tomé muchos apuntes sobre cuestiones propias de los chilenos y ahora estoy armándolo para tener un recuerdo de lo que fue esta actividad. Mi proyecto era cruzar los andes en bicicleta y lo logré”.

 

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