INVESTIGACIÓN EXCLUSIVA PARA EL TIEMPO

Nigoul, el amigo azuleño de Roberto Arlt

 

 

Era profesor del Colegio Nacional de Azul. Escribió artículos sobre el autor de El juguete rabioso y Los siete locos que representan un hallazgo dentro de otro, si se parte de las notas arltianas publicadas en El Régimen. “Este muchacho interesante ha creado una literatura argentina sin haber salido de ningún movimiento intelectual privativo del país”, afirmó en una nota de 1929.

Víctor A. Nigoul (indicado con un circulo), en una antigua foto (circa 1930). Los primeros profesores del Colegio Nacional. De izquierda a derecha, sentados: vice-rector Santiago Cámpora, rector Víctor M. Herrera, secretario Rafael Furcate. Parados: Lisando Salas, Francisco Yanzi, Federico Remondeau, Alberto López Claro y Víctor A. Nigoul.
ARCHIVO HEMEROTECA JUAN MIGUEL OYHANARTE
Uno de los artículos biográficos escritos por Nigoul en El Régimen de Azul, incluido en la primera plana. ARCHIVO DEL AUTOR
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Víctor A. Nigoul (indicado con un circulo), en una antigua foto (circa 1930). Los primeros profesores del Colegio Nacional. De izquierda a derecha, sentados: vice-rector Santiago Cámpora, rector Víctor M. Herrera, secretario Rafael Furcate. Parados: Lisando Salas, Francisco Yanzi, Federico Remondeau, Alberto López Claro y Víctor A. Nigoul. ARCHIVO HEMEROTECA JUAN MIGUEL OYHANARTE

Escribe: Marcial Luna.

lunasche@yahoo.com

Si el hallazgo principal está constituido por la serie de artículos que Roberto Arlt publicó en Azul en 1927, las notas del profesor Víctor A. Nigoul -que lo tienen al periodista y escritor porteño como sujeto de análisis y eje de los comentarios-, pueden considerarse como un “hallazgo dentro del hallazgo”.

Las notas de Nigoul que referimos son significativas, por varios motivos; pero, esencialmente, porque ningún diario del país le había dedicado, hasta ese momento, tanto centimetraje –mucho menos en series prácticamente consecutivas– al autor de El juguete rabioso y Los siete locos, novela que salió a la luz por esos mismos días. Ni siquiera Crítica y El Mundo, los rotativos capitalinos donde se desempeñó Arlt.

Arlt, seriado   

Nigoul escribió tres series y se publicaron en El Régimen de Azul, diario en el que Arlt había sido redactor en 1927 y donde continuó publicando esporádicamente.

La primera –de por sí reveladora– fue una crítica de El juguete rabioso y apareció en el vespertino azuleño entre el 21 y 26 de marzo de 1929. La segunda, “Para una biografía de Roberto Arlt”, se inició el sábado 7 de diciembre de 1929, en primera plana, y concluyó el miércoles 11 de ese mes. La tercera, y final, se denominó “Los siete locos de Roberto Arlt” y apareció entre el jueves 19 y el sábado 21 de diciembre de 1929.

Existe un elemento significativo y es que Nigoul accedió a la novela Los siete locos antes de su publicación, aspecto que demuestra la cercanía del azuleño con el escritor porteño.

“Hablemos de él mientras prepara un trabajo sobre Los siete locos, film formidable de la angustia, que su actividad incesante ofrece a la novela nacional para enriquecer su no muy nutrido acervo”, afirmó Nigoul en El Régimen, anticipando lo que ratificó Ricardo Piglia hace pocos años.

Las notas del profesor Nigoul, si bien se publicaron en diciembre de 1929, fueron firmadas en La Plata el día 9 de octubre de 1929. Pocos días después, la Editorial Latina lanzó a la calle la primera edición de Los siete locos.

Anticipación    

Resulta sumamente interesante la percepción de Nigoul. Visualizó el valor de la obra de Roberto Arlt de manera inmediata; y al autor, específicamente, como una figura que trascendería en las letras argentinas.

Los apuntes de Nigoul –“Para una biografía…”– están revelando al lector, ya en 1929 y muy claramente, la existencia de una “categoría arltiana” en la literatura nacional. Y todo esto adquiere aún mayor trascendencia si se tiene en cuenta que la revalorización del autor de Los siete locos llegó, sobre todo desde el ámbito la “crítica literaria”, a partir de la década del cincuenta. Es decir, bastante después de la muerte de Arlt, ocurrida en 1942 (Al respecto, el lector podrá ampliar con el libro de Omar Borré, Roberto Arlt Y La Critica (1926-1990), Bs. As., Editorial América Libre, 1996).

La primera serie     

Compendiamos a continuación la serie escrita por Víctor A. Nigoul, “Para una biografía de Roberto Arlt”, que incluye expresiones del escritor y periodista recabadas para ese artículo.

Escribió el azuleño, en 1929:

“Me complace sobremanera hablar de los hombres fuertes. Pensar en ellos, cuando pugnan silenciosa o fieramente en pos de una personalidad […] Todo hombre fuerte –espíritu en vigor– es una reforma en función. Anda con su ideario fervoroso caminando la dichosa realidad de ‘ver’. No le importan los juicios interesados. No le detienen las estupideces del gremio que lo vio destacarse. Una firme autoconciencia del propio valor, apoya su instinto. Mira y ‘ve’. Comprende que tiene mucho que decir y lo dice. El diario, la revista, la tertulia jugosa, el libro de aliento, son su camino, su pedestal, su arma. Fustiga las costumbres, ríe del error desprecia la vileza, crea el tipo literario del sujeto vivo, lo viste, le pone su poco de diaria virtud y le encaja con fuerza de vicio de toda su vida. Y ese tipo que nadie ve, el ser torcido, el hombre recto que están en el mundo con una tonelada de miseria o con su poco de simpatía humana, trepa a su pluma, juguetea en la tinta –depósito azul de verdades– y llena las páginas del diario, de la revista o del libro con su existencia emocionada de realidad. Así fueron Dante, Cervantes, Voltaire, Schopenhauer, Dickens, Moliére, Dostoievski, Nietzsche, Gorki y Kollontay. La reciedumbre de sus creaciones llenará la vida de la humanidad. Por eso me complace pensar en ellos. Por eso también admiro a ese muchacho de treinta años escasos, autor de El juguete rabioso. Conocí a Roberto Arlt poco tiempo después de la aparición de su primer libro. Éste me pareció enorme […] Nació en Buenos Aires. No tiene ningún título universitario. Tampoco es bachiller. Hablemos de él mientras prepara un trabajo sobre Los siete locos, film formidable de la angustia, que su actividad incesante ofrece a la novela nacional para enriquecer su no muy nutrido acervo.

“[…] Porque Arlt es un instintivo. Escudriña los tipos y, psicólogo certero, sabe ya con mirarlos y cambiar las primeras palabras el espíritu que los anima. Medita y crea con una subconciencia aguda, fluida, que jamás se fatiga. El personaje le hace como nació a la vida. Escuchémoslo cuando lo dice con su palabra tarda, sonante. Ligeramente amanerada de provincialismo, de puro querer ser clara: ‘Yo no me esfuerzo buscando el personaje. Está en mí, en mi subconciencia, listo para ser utilizado. La vida es muy ancha y muy honda. Hay que mirar y más que eso, saber mirar’. Y sus ojos que no se ven detrás de la muralla negra del más alto “Croons”, se adivinan en toda su penetrante movilidad: ‘Cuando necesito el sujeto, yo sé que lo tengo. Está en mí, gestándose como el hijo en el vientre de la madre. Le siento. Por eso es que mi esfuerzo es mínimo. Lo he visto ya. Y lo desnudo y lo visto y lo hago hablar con sus mismas palabras. Lo angustio, lo alegro, lo arrastro, lo levanto, lo mato, sin que en realidad se resienta’. Y luego: ‘Hay un instinto en mí –es curioso– pero tengo un instinto claro, que lleva mi pluma reproduciendo el tipo sin literatura, con su chaqueta de obrero, sus manos sucias, sus dientes negros de mugre. Y nadie puede argumentar pose en mis personajes, porque los saco de la vida, y si mirara lo vería solazarse en el café, andar en la calle, entrar al cinematógrafo’.

“[…] Este muchacho interesante ha creado una literatura argentina sin haber salido de ningún movimiento intelectual privativo del país. Es un captador admirable de emociones. Ha creado para el arte la angustia argentina. Ese dolor nacional que está en el alma del sujeto cosmopolita de nuestras grandes ciudades especialmente en Buenos Aires, y que, con toda su harapienta miseria moral, no había sino descubierto todavía. Arlt lo encontró, lo estudió y volvió a crearlo para que no muera ya. Toda su obra persigue una belleza y sus mismos sujetos gestados en ese laboratorio vigoroso de su subconsciencia, con una permanente nostalgia de belleza.

“La vida misma de Arlt, justifica esta tendencia ya definitiva en Los siete locos, próximo a aparecer. Buscó siempre el fondo de las cosas y de los seres. Despreció, casi, la forma. […] Anduvo todos los caminos del Buenos Aires nocturno y nos dio a la claridad meridiana de su obra, una latente sensación de realismo. Trabó conocimiento con los tipos de la canalla, como con los otros que están cargados de esa locura quemante que es la angustia, y les hizo hablar su idioma desesperado escuchándolos con una unción de discípulo curioso de vida. Así nacieron Erdosain y el Astrólogo, dos personajes de su novela próxima a salir.

“Recorrió los diarios. Hizo periodismo en el más amplio sentido. Lo hace aún [el artículo es de 1929]. Desde la calidad imperiosa de repórter y cronista de sucesos espeluznantes de robos y crímenes, hasta la nota humorista y la jefatura cinematográfica de alguna hoja vespertina, su talento de excepción afincó anhelos y acrecentó experiencia. Llegó así incansablemente consolado de renovadas esperanzas a la nota diaria de casi dos años ininterrumpidos de sus Aguafuertes porteñas. Todos los seres de nuestro mundo grande, adecuaron sus defectos en la prosa llana y profunda de su observación. No hizo en ellas concesiones. Sus admirables aguafuertes constituyen una galería soberbia de cuadros vividos. […] ¿Qué no piensa hacer Arlt? También el teatro lo contará en breve entre sus cultores. Tiene dos obras en preparación, en cuyas tesituras alienta la seguridad de teatralizar algunos de los personajes de fuerte psicología de sus obras, que tanta fama le han valido. Y este muchacho nuestro, que no ha nacido en Rusia, ni ha estado en París, y a quien el jurado municipal parece no conocer, sigue trabajando laboriosamente. Sigue trabajando con un grande olvido de sí mismo, afanoso de perseverante superación. Así, es posible verlo barbado, con visible desaliño en desgano y el lacio cabello rebelde al peine y a su voluntad, descansar fatigosas vigilias creadoras, en un bar del centro, de Boedo o de la Boca. No importa dónde. Allí donde la vida –río revuelto– haga hondas y espuma a su mirada avizora sin pereza. La contempla pasar y desliza en su corriente, mansamente, la suya propia para empaparla de emociones y extraer de ella el oro en palabras de sus verdades.

“Roberto Arlt es un hombre sencillo, de costumbres llanas. Tiene la aspiración de todos los hombres fuertes. De esos mismos hombres fuertes a quienes me refiriera en los comienzos de estas líneas. Él es de esa idéntica índole curiosa, activa, emprendedora, enérgica. Porque es valiente. Y ello, porque es preciso serlo cuando se ha[ce] menester decir lo que se ve, lo que se oye. En una palabra, cuando necesita llevar al papel un trozo de la vida, cuando no la vida entera”, aseguró finalmente el azuleño Nigoul, en 1929, en su artículo de El Régimen sobre el escritor Roberto Arlt.

 

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