“No dejemos que EL TIEMPO calle su voz”

LECTORES QUE SE EXPRESAN

Como desprendimiento de la publicación que se realizara el domingo 2 de febrero en la página 2 de este matutino www.diarioeltiempo.com.ar/caricia.html, lectores de EL TIEMPO aceptaron la propuesta de expresarse respecto de la difícil situación por la que atraviesa esta empresa. Lo hicieron libremente. He aquí algunas de esas consideraciones.

 

La importancia de “mantener la voz”

Para quienes conformamos la “familia tiempista”, la sola posibilidad de que el diario se quede sin voz es un acontecimiento funesto. Pero ese es sólo un aspecto. Veamos otros igualmente significativos y vitales.

Múltiples variables afectan a los medios gráficos, en menor o mayor medida. Ello depende de cada caso en particular; pero está a la vista que, más tarde o más temprano, el fenómeno va tumbando a todos los rotativos como si fuesen fichas de dominó.

Para colmo de males, puesto que dificulta la visualización clara y unánime de “una solución”, ocurre en todo el mundo. Es decir, no es un hecho aislado ni exclusivo de El Tiempo.

El desarrollo de redes sociales y de medios digitales en general es vertiginoso y una consecuencia de la revolución tecnológica. Se da, por cierto, en el marco de una “megasociedad de consumo” (si se la compara, por ejemplo, con la que fue objeto de crítica durante el Mayo Francés, en 1968).

A principios de los 90 en el diario detectamos lo que constituyó un antecedente. Fue poco después de que, en la Redacción, se reemplazaran las máquinas de escribir mecánicas por las Macintosh II. La adaptación al sistema informático fue muy rápida (en la dinámica de los diarios, no hay demasiado tiempo para distenderse). Pero lo más llamativo del caso fue el hecho de descubrir que estas computadoras traían tarjeta de video color aun cuando esa tecnología no se consolidaría sino muchos años después.

Evidentemente, las empresas del rubro planificaban (y lo siguen haciendo) sin dejar de calcular movimientos futuros, tal como ocurre en el ajedrez.

Sin embargo, en el diario nunca creímos que ese desarrollo tecnológico iba a aniquilar a los medios impresos como si fuera una pandemia. Por el contrario, algunos (me incluyo, porque recuerdo aquel momento) creímos que serviría para fortalecer y mejorar nuestra experiencia como diario.

La cuestión requiere mayor extensión que estas líneas, pero al menos se pueden dejar planteados algunos interrogantes: aunque la mayoría de las personas, desde temprana edad, participan de las redes sociales, ¿están realmente informados? Se interactúa, se opina (con mayor o menor seriedad), y hasta se llega a pensar que es el edén de la libertad y de lo que se considera que es la libertad de expresión. Pero también la red es vulnerable al anonimato y a la imprudencia. Además, ¿opinar es informar?

El trabajo periodístico requiere archivo, sin dudas. ¿Cuál es el archivo de las nuevas redes? ¿Wikipedia? ¿Una mesa de trolls artillando propaganda como si fuesen las fauces de Goebbels? ¿Ser tuitero es lo mismo que ser periodista?

No faltan quienes consideran que ya no hacen falta reporteros ni diarios, puesto que las redes reemplazan perfectamente esa función en la sociedad mundial.

Precisamente, por esas cosas que tienen las redes, después de un año alguien colocó “me gusta” a un artículo de investigación de mi autoría en El Tiempo que se “compartió”. Era el caso del atentado con bombas al abogado laboralista Claudio Minellono, a manos de la Triple A en el Azul de 1975. Minutos después alguien preguntó: ¿Y quiénes eran de la Triple A en Azul? Comenté que estoy trabajando en el tema desde hace un año (en el caso del intento de copamiento de Azul, chequear una fuente que incluí en el libro me demandó prácticamente una década). El tema siguió cuando alguien dijo que era una buena pregunta y “estaría bueno saber” qué azuleños participaron de aquella organización criminal. Sin dudas, respondí, en algo se ha avanzado y ya se ha publicado en el diario (2017) una serie de artículos sobre el tema, inclusive identificando a algunos responsables y sumando el descubrimiento de los panfletos arrojados, luego de las bombas, por el Comando Libertadores de América. Lo hallé en un expediente que es la causa central de la Triple A. También corroboré en el archivo que ya se había publicado información de excelencia en El Tiempo de fines de 1975.

En las redes se continuó interactuando sobre el hecho y cuando, con insistencia, se punzó sobre la “nómina” completa, a dos de los más “fogosos” cibernautas, que casualmente participaban por aquellos años de actividades sociales y políticas, sinceramente les pregunté por qué ellos, que vivían cerca de la experiencia, no se habían preocupado por indagar sobre quiénes eran los que colocaban bombas, secuestraban y torturaban en Azul, en pleno gobierno municipal del doctor Peralta Reyes (1973-76). La respuesta que obtuve me sirve, en buena medida, para cerrar estos apuntes y demostrar que el caso de El Tiempo no sólo se trata de una cuestión de puestos laborales y una empresa menos en Azul. Esa respuesta fue: “¿Investigar nosotros? ¡No! Para eso está el periodismo”.

Marcial Luna
Periodista, actual colaborador externo, integró la redacción de El Tiempo hasta mediados de 2003.

 

Azul necesita de El Tiempo

Desde el 9 de julio de 1933 Azul ha recibido diariamente la información, la opinión y la ayuda solidaria del diario El Tiempo.

En la Editorial de su 1º edición se expresó: “Sin otra pretensión que la de ser útil, aparece EL TIEMPO. Un sentimiento localista ha de guiar nuestros propósitos en la áspera senda periodística que hoy iniciamos.

Sin compromisos y sin banderías, una absoluta independencia que será nuestra norma.

Rendimos culto a la moral y hemos de seguir una línea recta que nada ni nadie hará torcer.

Conscientes de la misión del periodismo en la sociedad, consagraremos todas las energías en cumplirla dentro del marco digno y serio que corresponde  a la cultura que puede pretender una sociedad como Azul”.

Indudablemente el objetivo ha sido cumplido y el mismo, imperiosamente, debe continuar por muchos años más.

Azul necesita de El Tiempo y por ello anhelamos su permanencia como medio de comunicación local. En su extensa y fecunda trayectoria ha sido un puntal básico y esencial de la comunidad azuleña. Con objetividad, independencia y claridad conceptual nos brindó la información cotidiana de nuestra ciudad, la región, el país y el mundo.

La Hemeroteca de Azul, que lleva el nombre del ilustre periodista azuleño Juan Miguel Oyhanarte -quien durante seis décadas enalteció la labor periodística en El Tiempo-,  ha recibido gratuitamente durante años el generoso aporte de sus ejemplares encuadernados, lo que fue, es y será motivo de reconocimiento y gratitud por parte de ésta Sección de la Biblioteca Popular de Azul “Bartolomé J. Ronco”. Por ello, podemos contar con la colección de El Tiempo desde su primera edición, lo que permite a los azuleños conocer la historia de nuestro terruño a través de sus páginas. Y es éste, uno de los tantos gestos de generosidad y solidaridad del decano de nuestros periódicos en beneficio de la comunidad.

Ante esta difícil etapa que atraviesa EL Tiempo, reciban sus directivos y todos sus integrantes nuestra solidaridad y nuestro más sincero deseo de superación de la misma. Los azuleños nos merecemos seguir leyendo diariamente su ejemplar impreso. ¡Por siempre EL TIEMPO!

Hemeroteca de Azul “Juan Miguel Oyhanarte”

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