“No dejemos que EL TIEMPO calle su voz”

LECTORES QUE SE EXPRESAN 

Como desprendimiento de la publicación que se realizara el domingo 2 de febrero en la página 2 de este matutino www.diarioeltiempo.com.ar/caricia.html, lectores de EL TIEMPO aceptaron la propuesta de expresarse respecto de la difícil situación por la que atraviesa esta empresa. Lo hicieron libremente. He aquí algunas de esas consideraciones.

El ritual  de leer un diario 

He crecido en el seno de una familia que siempre se informó con la lectura del diario EL TIEMPO, entre otros medios de comunicación locales.

Desde lo personal, ser suscriptores del diario significa esperar, todas las mañanas, que la versión papel aparezca debajo de la puerta de casa, y con el entran a nuestras vidas las noticias locales, regionales, nacionales y las del mundo, a través del suplemento “EXTRA”. A uno le permite saber desde el estado meteorológico del ambiente hasta las necrológicas, edictos judiciales, las noticias policiales, sociales, los resultados deportivos, y los tan apreciados avisos clasificados de los días miércoles.

Los tiempos corren, la tecnología avanza y hoy es fácil acceder a estas noticias desde una computadora o un dispositivo móvil, pero el ritual  de leer un diario  con olor a papel, no se compara con nada.

No dejemos que EL TIEMPO calle su voz, porque callarían las voces  culturales, artísticas, populares, las de las instituciones, que difunden sus actividades.

Cecilia M.N. Blando

 

Nuestra propia voz

Quienes nos dedicamos a la investigación científica sabemos que una parte importante de nuestro tiempo debe dedicarse a la escritura de los resultados de nuestros experimentos, ensayos o simples observaciones. De allí que el proceso de completar matrices de datos, analizarlas e interpretarlas, culmina en la redacción detallada y minuciosa de todos los pasos seguidos desde el planteamiento de la pregunta que originó la investigación, hasta la respuesta obtenida y las conclusiones formuladas.

Esa escritura se lleva a cabo en un formato particular, el formato propio de los artículos científicos que luego son puestos a la consideración de colegas evaluadores para su posterior publicación en revistas especializadas. Esos artículos posteriormente serán leídos por otros científicos, que aprovecharán esos enunciados para discutirlos, ponerlos a prueba, ratificarlos o rechazarlos. Y así avanza la ciencia.

Pero, para los investigadores que llevamos a cabo nuestra tarea en el ámbito estatal, ya sea en universidades públicas o en institutos dependientes de organismos dedicados a la promoción de la ciencia y la tecnología (CONICET, CIC, INTA, etc.), eso no debiera ser suficiente. Los procesos comunicativos deben darse al interior de la comunidad científica y, además, entre ésta y la sociedad. Es que si pretendemos que el resto de los actores sociales valore nuestro trabajo, primero debemos darlo a conocer. Nadie que no se dedique a la ciencia (aunque siempre hay excepciones) va a leer un artículo científico publicado en un journal,, pero hay otros soportes que ayudan eficazmente a que los conocimientos científicos se divulguen y popularicen. Las revistas de difusión y los periódicos, son buenos ejemplos de ello.

En Azul hay un Campus Universitario en el cual diariamente desarrollan su labor numerosos investigadores. En Azul hay miles de habitantes que tienen el derecho de conocer acerca de los proyectos científicos que se desarrollan en la región. En Azul hay un periódico que siempre estuvo dispuesto a colaborar desinteresadamente con la difusión de los conocimientos. No cualquier ciudad del interior tiene todo eso.

A través del diario EL TIEMPO se escucha la voz de los habitantes de Azul, de todos, incluso la de quienes con profunda pasión ejercemos una profesión un tanto silenciosa. Por eso me manifiesto en favor de este instrumento que es mucho más que letras impresas en papel o digitalizadas en pantalla. Porque no importa el soporte. Lo que importa es que es una voz que replica las voces de todo un pueblo. De nuestro pueblo. ES NUESTRA PROPIA VOZ.

Dra. Ilda Entraigas.

Investigadora del Instituto de Hidrología de Llanuras “Dr. Eduardo Usunoff”

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