JORGE SARRAUTE

“No me puedo quejar, soy un privilegiado”

En diálogo con EL TIEMPO, así opinó el músico azuleño que reside en España y que actualmente se encuentra en Argentina. Estará tocando el sábado en Casa Ronco, a las 21 horas, junto a Quique Ferrari y Nicolás Tigri.

Jorge Sarraute: “Hay canciones que te acompañan toda la vida y vaya uno a saber el motivo”.
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Jorge Sarraute: “Hay canciones que te acompañan toda la vida y vaya uno a saber el motivo”.

Jorge Sarraute, Nicolás Tigri y Quique Ferrari se presentarán en formato de trío, el próximo sábado en Casa Ronco a las 21 horas. Un trío de complicidad musical, que hace que cada nota, cada armonía, cada frase cantada, llegue con todo su sentido.

Para conocer más sobre esta presentación EL TIEMPO dialogó con el azuleño Sarraute, quien anticipó parte de lo que estarán haciendo junto a estos maestros de Azul y Olavarría, en una charla íntima.

“Disfruté mucho el año pasado y, simplemente, espero disfrutar mucho esta vez”

 

-La experiencia de tocar juntos el año pasado se reitera éste año, y en el mismo lugar la Casa Ronco, y que fuera recibida con tanto éxito, ¿qué significa para usted volver a tocar en Trío, reecontrarse con Quique y con Nicolás?.

-Quique y Nico tienen muchas virtudes, entre ellas la calidad humana y la inteligencia,  que hace que sea un  placer compartir con ellos cualquier momento y lugar, desde un escenario a una caminata, una mateada o una simple charla. Además, que es lo que nos ocupa en este encuentro, mucho oficio en lo musical, que hace que resulte fácil montar un repertorio bastante ecléctico y creo que nada fácil en un corto período de tiempo, y luego mucha musicalidad y un lenguaje propio, lo que hace que sea una gozada escucharlos en el diálogo que se produce en  el escenario. Disfruté mucho el año pasado y, simplemente, espero disfrutar mucho esta vez. Espero que igualmente disfrute la gente que acuda al concierto, como creo que ocurrió hace unos meses.

-¿Cómo comienza ésta idea de tocar juntos?

– Simplemente quería contar con gente a la que admiro y estimo. Pienso que enriquecen el trabajo que hago. Con Nico habíamos compartido ya el concierto que hicimos en el Teatro Español cuando vinimos con Tacún Lazarte, y me enamoré de su sonido sólido y de las ideas bellísimas que repartía generosamente cada vez que tenía oportunidad. Con Quique fue algo mas intempestivo, tuvimos un encuentro (casi no nos conocíamos) dos días antes del concierto en un asado que hizo Tetel Bageneta en su casa, yo pensaba que Quique era bajista de rock o fusion (me avergüenza decir que no conocía su magnífico trabajo) y que no tenía mucho que ver con lo que hacía o pretendía hacer yo que es mas de raíz tanguera. En aquel encuentro me di cuenta de que nos unían muchas cosas, que teníamos la misma vibración y amábamos las mismas músicas aunque veníamos de mundos aparentemente distintos, y no dudé en pedirle que se anotara a tocar dos días después con  nosotros, una locura porque prácticamente no había tiempo de nada. Pero para eso están los locos lindos, los que iluminan la vida y la hacen placentera. Cometió la locura de aceptar, así que me pasé el día anterior al concierto escribiendo  unas partituras  para que supiera por donde venían los tiros un par de horas antes del concierto hicimos un “ensayo” (en realidad una carrera contra reloj) y ahí salimos ya con el público a ver de que se trataba.  Fue un encuentro feliz a pesar de que Nico casi se desmaya de la tensión, se puso blanco y transpiraba, pero no por eso bajó la guardia. Fue magnífico.

-¿En que repertorio pensó a la hora de lo que vamos a escuchar el sábado…por qué “A los Poetas”?

– Hay canciones que te acompañan toda la vida y vaya uno a saber el motivo. Cuando era chico o adolescente, en casa de mi abuela, allá en Puan y Alvear, encontré unos libritos (leía todo lo que me caía en la mano, por suerte no existía aún la televisión)  de letras de tango, creo que se llamaban “El Alma que Canta”, seguramente de alguno de mis tíos que las coleccionaba (después descubrí que mi padre también era un amante y conocedor del tango).

Recuerdo la emoción que producían esos versos en aquella almita sensible que era yo de pibe, leía aquellas historias y lloraba: Chirusa la mas linda de las pebetas que  fue engañada por un Don Juan y abandonó a sus viejos cegada por el lujo, el Malevo que olvidó en los boliches los anhelos de su vieja, la que Nunca Tuvo Novio, la Cieguita, el Ultimo Organito, la Vecina Muerta, el que Fuma y fuma sentado en el umbral, el Turbio crimen pasional de Puente Alsina y el niño abandonado, Si los Pastos conversaran de esa Pampa le dirían, y tantas otras historias. Entonces no entendía bien las metáforas,  poco a poco me fui dando cuenta de la belleza de algunas de aquellas letras, hechas para acompañar aquellas músicas que la  gente bailaba en los clubes del Azul de entonces.  ¡Era simple música para bailar, sin más pretensiones, como el reggaeton ahora!,    ¡Cuanta poesía escondían… y cuanto oficio!

En estos conciertos no hago más que cantar una pequeña parte de esos tangos que me han conmovido (podría estar días enteros porque la producción fue enorme). Una especie de homenaje personal a aquellos poetas populares que embellecieron de alguna manera mi vida (y supongo que la de tantos rioplatenses).

También traigo algunas canciones que hicimos con poetas que fueron a recalar en Barcelona en los ’70, que fueron de alguna manera mi familia.

-Sabemos que en ésta estadía un poquito mas larga que las anteriores de varios medios nacionales y provinciales te han convocado para saber de vos de tu larga carrera de artista, de músico, de compositor, incluso como artista plástico, difundiendo tu obra como parte del Cuarteto Cedrón, y tantas otras realizaciones. ¿Cómo recibió ese interés?

-Con sorpresa, he estado más de cuarenta años viniendo a Argentina por motivos familiares, igual que esta vez. Desde hace poquísimos años tuve la suerte de poder mostrar parte de mi trabajo a los amigos azuleños, cantamos con Tacún Lazarte en el Español, antes con un enorme poeta, Antonio Tello (no vinieron a escucharnos ni los poetas locales) y el concierto del año pasado en la Ronco. Pensé que ahí quedaría todo y no aspiraba a más. En Buenos Aires no había hecho nada salvo cantar canciones que hice con Alberto Szpunberg cuando le dieron el Premio Nacional de las Artes o algo así, hace un año y pico, tal vez dos.

Esta vez fue distinto, en Buenos Aires hicieron entrevistas, me invitaron a cantar en una especie de centro cultural de Boedo llamado Nivangio y dentro de pocos días en un local de jazz cerca de la 9 de Julio que  se llama Blackman, y ahora vengo de La Plata donde las chicas de Fulanas Trío me invitaron a compartir escenario en Ciudad Vieja ante un público magnífico. No me puedo quejar, soy un privilegiado.

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