No repetir errores

El 1 de abril de 1982 se intentó recuperar las Islas Malvinas que están ocupadas por los ingleses. Aparte del hundimiento del crucero General Belgrano, aviones derribados, y pérdidas materiales, lo más importante, lo más dramático, fueron las pérdidas humanas. Algunas producidas en batallas, otras por suicidios.

Fueron 323 personas durante el hundimiento del crucero General Belgrano y 326 en el archipiélago. El Estado no tiene cifras oficiales sobre los muertos voluntariamente en la posguerra, pero entre los veteranos algunos hablan de más de 350 casos, otros afirman que suman 454 los ex combatientes que se inmolaron.

Desde hace 34 años a la fecha imágenes de mucho dolor sobrevuelan en aquellas personas que estuvieron involucradas en esta guerra inútil por los momentos vividos. Las escenas de heroísmo, patriotismo, valentía y de recibir ingratitudes, manoseos y desprecio, aún perduran en sus mentes.

Es un lapso de sensaciones encontradas, donde las muestras de heroísmo quedan solapadas por la cantidad de vidas que se perdieron en el inhóspito territorio. Fue mucha la sangre derramada y tantísimos los corazones de ex combatientes que se rompieron al regreso, cuando buena parte de la sociedad, incluyendo a los militares que estaban a cargo del gobierno y a los que no actuaron directamente, lisa y llanamente “borraron” a los héroes. Hubo menosprecio y manoseo del que muchos “damnificados” nunca se pudieron recuperar, con un daño que se hizo extensivo al círculo íntimo y que se mantiene a pesar de los años transcurridos.

Mientras que algunos ex combatientes no lograron superar el duro trance de la guerra y terminaron suicidándose o con problemas de adicción al alcohol y las drogas, alejados de sus seres queridos, otros tantos tuvieron que volver a “pelear” para tener trabajo, discriminados por su condición de veterano de guerra.

Existió un caso de un cabo primero de Infantería de Marina que cuando regresó contrajo enlace y empezó a buscar trabajo, ofreciéndose en varias empresas diciendo que era veterano de guerra. Golpeo puertas y nadie lo tomaba. Un amigo le dijo que no tenía que decir que era ex combatiente y enseguida lo llamaron para trabajar. Al poco tiempo lo ascendieron. Al enterarse que era ex combatiente le dijeron que no necesitaban más de sus servicios.

En Malvinas estuvieron los integrantes de las fuerzas armadas por vocación, que se diferenciaron claramente de aquellos soldados clase 63 que fueron enviados a participar del conflicto bélico con una escasa instrucción militar y psicológica. De hecho muchos de esos jóvenes perdieron la vida en suelo isleño.

Los 34 ex combatientes de Azul, soldados o de carrera, participan de las distintas actividades y que, al menos orgánicamente, se los respeta a todos por igual por parte del Centro de Veteranos de Guerra “Callvú Leovú”. Es fundamental mantener un equilibrio para entender los distintos estados de ánimo que pueden tener los que tuvieron distintos grados de participación (sea o no en combate) en la gesta.

Ofrecieron su vida, su heroísmo, su sacrificio, y cuando arribaron al país venían derrotados, Es un sello que llevan en el alma. Los transportaron en un colectivo con las ventanillas tapadas para que no los vean como castigados, recibieron la orden de no hablar, a los heridos los tiraron en una cama y sea lo que Dios quiera.

Estos errores que se cometieron no se deben repetir. Porque a estos jóvenes que arriesgaron su vida cumpliendo una orden, se los tuvo que recibir como héroes, como lo son, y darles contención psíquica y física, así se hubieran evitado tantas muertas, producto de la autodestrucción.

 

 

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