HISTORIAS Y PERSONAJES DEL AZUL

HISTORIAS Y PERSONAJES DEL AZUL

Una gran obra...

El 1 de noviembre de 1924, con la presencia de autoridades provinciales y municipales, se realizó la bendición e inauguración del Hogar de Ancianos denominado años más tarde como "Ernestina Darhanpé de Malére" en homenaje a su gran impulsora.

Por: Eduardo Agüero Mielhuerry
21 de noviembre de 2021

Un grupo de damas que dirigía el padre César Antonio Cáneva, realizaba desde hacía algún tiempo la caridad domiciliaria, visitando preferentemente los hogares con ancianos de menos recursos. Entre ellas y los Vicentinos se repartieron la honrosa distinción de llevar el consuelo caritativo a muchas familias postergadas por la injusticia y las diferencias sociales.

En 1911 fue creada la "Unión Pía de San Antonio Pan de los Pobres", cuyo fin era el ejercicio de la caridad mediante el establecimiento de casas de beneficencia para los necesitados y socorrerlos en sus domicilios. Hacia marzo de 1921, tenía a su cargo una humilde vivienda cerca del antiguo y ya desaparecido Hotel Roma, en la Avenida Centenario (actual Av. Monseñor C. A. Cáneva), donde funcionaba el conocido como "Asilo de Rey" (por el dueño del edificio, don Constantino Rey -joyero, relojero y masón-) y donde las damas de la Comisión se turnaban para atender a la decena de ancianos que allí habitaban.

El número de ancianos socorridos se fue elevando, haciendo pensar en la necesidad de mejorar y ampliar las instalaciones para asistirlos. En consecuencia, el Padre Cáneva le encargó a la Comisión buscar un terreno donde poder edificar un digno hogar.

El 4 de agosto de 1922 se realizó una reunión -informal- de la Comisión en la cual se resolvió buscar un terreno lo suficientemente amplio como para edificar confortables instalaciones. Tenazmente, la maestra Ernestina Francisca María Darhanpé tomó las riendas del proyecto junto a su esposo, Pedro Malére.

La primera Acta formal data del 22 de diciembre de 1922 y en ella quedaron plasmadas todas las expectativas puestas en el flamante proyecto. Luego de barajar varias posibilidades, Ernestina comprometió su firma y sus bienes como garantía para obtener el crédito bancario que se necesitaba para adquirir las dos manzanas comprendidas por las calles Rivadavia, Coronel Pringles, General Alvear y General Sarmiento, en pleno corazón del popular barrio "La Tosquera" (hoy "Barrio Norte"). La Municipalidad decidió colaborar autorizando el cierre de la calle General Lamadrid, posibilitando de esta manera la unión de ambos lotes.

Gracias a una donación anónima ($ 2.000 m/n) y a la ayuda de la comunidad, se juntaron los $ 5.000 m/n necesarios para comprar el anhelado terreno. Sin embargo, nada fue sencillo y pronto quedó en evidencia que el trabajo recién comenzaba. Así pues, para juntar fondos se hicieron romerías, juegos, entretenimientos, remates de cosas usadas, etc.

El 7 de octubre de 1923, Día de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Azul, el padre Cáneva bendijo la Piedra Fundamental del monumental edificio proyectado ad honorem por Pedro Malére.

A poco más de un año de iniciada la tarea, trabajando sin pausa, bajo la estricta dirección de Malére, el pabellón principal del Asilo quedó concluido...

El gran día...

El viernes 31 de octubre de 1924, en el tren de las 13 horas, arribó a Azul monseñor Francisco Alberti. Su llegada fue muy bienvenida dado que tenía una serie importante de actividades a concretar en la ciudad. Sin embargo, una de las más importantes era la inauguración del Asilo de Ancianos organizada para el día siguiente.

En la ocasión se habilitaron el pabellón para hombres y las dependencias de las religiosas que atenderían el establecimiento. Las ancianas ocuparon temporalmente algunas habitaciones que serían destinadas a otro fin cuando la obra fuera completada.

El acto inaugural se realizó el 1 de noviembre de 1924, a las 15 horas. Mucho antes de la hora anunciada, una gran muchedumbre se había reunido allí para presenciar el acontecimiento. El cielo estaba nublado, amenazante, a punto de llover, pero a pesar de todo, la multitud no se amedrentó y asistió en gran número.

El Obispo acompañado del señor intendente municipal Pedro Guiraut, el padre Cáneva, el presidente de la Cámara de Apelación, doctor Armando Pessano, Francisco Pourtalé, Emilio Carreras, el representante del ministro de Hacienda de la Provincia, Antonio Solans y otros, partieron de la casa parroquial -junto a la actual Catedral- en automóvil, dándoles escolta de honor seis agentes de policía al mando de dos oficiales, montados a caballo y con uniformes de gala, cedidos gentilmente por el señor Jefe de Policía de la Provincia.

Al llegar al Asilo, la comitiva y sus acompañantes se dirigieron a la capilla provisoria donde celebraron la Santa Misa. Posteriormente recorrieron las dependencias de la casa.

Terminada la bendición, la plazoleta del Asilo quedó atestada de público, e inmediatamente monseñor Alberti, desde el pequeño atrio, dirigió la palabra a la multitud, empezando por felicitar a los azuleños por la gran obra de caridad llevada a cabo. Definió como la caridad para con los ancianos y niños débiles era debida únicamente al cristianismo, pues antes de él no se conocía esta forma de caridad. Recordó que los mismos filósofos y legisladores paganos, como Platón, Solón y Licurgo, defendían la inhumana teoría de que se debía matar a los ancianos y a los débiles.

En un momento destacado, tuvo palabras de elogio para la señora Ernestina Darhanpé de Malére, heredera del espíritu y virtudes de otra gran dama que también hizo mucho por los desvalidos como lo fuera María Rosalía Gómez de Enciso.

Posteriormente, habló Ernestina en su carácter de presidenta de la Sociedad Pan de los Pobres:

"Ilustrísimo y Reverendísimo Señor, Señor Intendente, Señores, Señoras:

Siempre he creído ver una imagen impresionante de los desvalidos y desheredados de la fortuna en aquel hombre de la parábola del Buen Samaritano que, habiendo sido asaltado por unos ladrones, yacía, cubierto de heridas y medio muerto, abandonado de todos, sobre el polvo del camino de Jerusalén a Jericó, cuando lo encontró el viajero samaritano que se compadeció de su infortunio, socorriéndolo.

Así también en la vida, encuentra el hombre horribles asaltantes, la enfermedad, la pobreza, los vacíos, las pasiones... que asechan cada uno de sus pasos y le hieren y despojan a mansalva...

Y a la vera del camino quedan tendidos los vencidos, ante la indiferencia de los que pasan de largo, tal vez distraídos... tal vez egoístas!

Pero, dijo Jesús: Id y haced lo mismo! Y el buen samaritano no tarda en presentarse nuevamente y enjuga lágrimas, cuida heridas, levanta a los caídos, y los hace conducir a sus expensas a la hospedería más próxima.

En el Azul, Ilustrísimo Señor, Señoras, Señores, ha tenido muchos imitadores el buen Samaritano del Evangelio, levantando, apenas en un año, este Asilo, donde la ancianidad desamparada y desvalida, sin familia, sin cariño, sin fuerzas para seguir luchando, hallará un hogar para sus últimos días y un lenitivo a la amargura de su triste condición.

Aquí vivirán al lado de Jesús que será su sostén en las tribulaciones y su recompensa en el Cielo; aquí estarán las beneméritas Hermanas, que tendrán para ellos el cariño y atenciones que sólo saben prodigar aquellas almas que sólo buscan en el Corazón de Cristo el aliento y fuerzas necesarias para cumplir su caritativa misión...

Gracias! Muchas gracias Ilustrísimo Señor, por el honor que nos dispensáis dando la bendición de la Santa Iglesia, sobre este edificio.

Sea ella presagio de nuevos rasgos de caridad cristiana y pueda ensancharse este hogar de los pobres y desheredados, a medida que las necesidades lo reclamen...

Gracias, muchas gracias R.P. Cáneva, por la cooperación prestada a esta obra y las palabras de aliento que para nosotras han sido un bálsamo en las tribulaciones y contratiempos, y un estímulo para seguir adelante obra tan meritoria.

Gracias, muchas gracias a todos los generosos donantes, pues dando para los pobres han colocado su dinero a un interés muy elevado.

Dios da, el ciento por uno, y la patria celestial, a los que en su nombre, se desprenden de los bienes terrenos en bien de sus hermanos necesitados...

Y estas gracias las hago extensivas a aquellas personas que nos han ayudado con sus oraciones. La oración ha sido como la lluvia bienhechora que ha hecho crecer y madurar la obra.

Dice Jesús: Pedid y recibiréis.

Habéis pedido un Asilo para nuestros queridos ancianos... pues ahí lo tenéis..."

Tras un caluroso y cerrado aplauso, Ernestina empezó a rematar unos almohadones de cuero repujado y seda, y otros objetos, obteniendo buenos precios a beneficio del Asilo.

Durante la ceremonia, una banda de música compuesta de 14 personas, improvisada por el maestro Juan Grillo, amenizó la celebración.

El día después...

La inauguración fue simplemente el punto de partida de una nueva etapa. Los proyectos eran muchos en la mente de la infatigable Ernestina...

Ella conocía los nombres de cada anciano, controlaba el almuerzo y conversaba con cada uno de ellos, pues consideraba que no sólo necesitaban cobijo material, sino también un sustento espiritual y compañía, sobre todo compañía. Cuando culminaba su jornada laboral como docente, acompañada por su esposo y sus hijos, Alejandro María, José María y Ernesto María (quien sería luego Intendente del Partido de Azul), pasaba varias horas en el Asilo colaborando y con sus propias manos acercaban el alimento, los medicamentos o cualquier cosa que los asistidos necesitaran.

El 11 de febrero de 1931, día de Nuestra Señora de Lourdes, fue inaugurado el pabellón de mujeres, idéntico al de hombres. La pequeña capilla proyectada por Malére, que se ubicaría en el centro de la parte posterior del edificio, no fue construida, por lo que la misa se oficiaba en el "salón de estar".

En breve, quedó concluido el complejo de pabellones y no pasó mucho tiempo para que en aquellas dos manzanas se incluyeran una huerta, una escuela, un templo, la casa parroquial y un comedor escolar...


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