9 de julio de 2013
No puede hablarse de Patria sino en el idioma de la Patria, ese idioma invariable a través de los tiempos y de las generaciones y de las circunstancias y de la evolución y de los fenómenos políticos y sociales que se suceden como una consecuencia natural de la vida misma de las colectividades.
Y hablar de la Patria en el idioma de la Patria es limitar los vocablos y los conceptos a los únicos que admiten el fervor libertario, el sentido de la dignidad, el cariño y el respeto a sus símbolos y la veneración a sus próceres.
Este aniversario de hoy, este 9 de Julio que señala el transcurso del tiempo desde aquel de 1816 cuando los congresales de Tucumán declararon la independencia.
Por eso resulta propicio para la evocación emocionada de esa jornada histórica de extraordinario valor civil.
La Patria naciente vivía la angustia tremenda de la derrota militar, de la anarquía anterior y del cansancio y el desaliento de muchos de sus hombres dirigentes.
Abandonar la lucha, dejar caer los brazos, someterse de nuevo o sustituir una dominación extranjera por otra terminando así en ese fracaso la revolución libertadora de Mayo, estaba en el pensamiento honrado de figuras talentosas que analizaban los acontecimientos mundiales y llegaban a conclusiones lógicas.
En la vieja Europa, la caída del imperio de Napoleón y el restablecimiento de las monarquías reaccionarias hacían pensar en el fracaso del ideal sublime de la Revolución Francesa y en la verdad del concepto oscuro que admitía como natural el sometimiento de los pueblos.
La distancia y las demoradas comunicaciones no impedían entonces la información suficiente que gravitaba en el espíritu de la generación de julio. La historia, que siempre es piadosa, ha querido ocultar a las generaciones argentinas esa momentánea claudicación de aquel entonces para que la jornada del 9 de julio brillase esplendorosa a través de la Eternidad.
No era necesaria esa piedad porque precisamente el mérito del valor moral y de la integridad de espíritu y de las firmezas de las convicciones libertarias resalta más y mejor en el contraste de la ausencia de esas virtudes.
Está en la naturaleza humana la debilidad. La hubo entonces, la hubo después, la hay en el presente y la habrá en el futuro.
Porque había hombres que se inclinaban al renunciamiento, que hacían cálculos materiales y se disponían a arrodillarse de nuevo, por eso mismo aquellos que comprendieron su responsabilidad ante la historia y decidieron correr el riesgo definitivo de la máxima heroicidad proclamando la independencia de nuestra Patria son merecedores del cariño, de la gratitud y de la admiración con que los veneramos.
El 9 de julio tiene una fisonomía propia y un significado particular. No caben comparaciones pero es indudable que los argentinos, cuando llegamos a sentir vergüenza de las claudicaciones espirituales y dejemos que el sensualismo y el cálculo nos aparte de la senda de la virtud, de la libertad, de la democracia y de la dignidad, habrá de ser en la jornada de Tucumán que encontraremos las fuerzas morales necesarias para reivindicar el sentido inmutable de la argentinidad.
Por eso el homenaje al 9 de julio tiene el valor infinito del refugio de las esperanzas definitivas de la Patria.
Goldenhörn, quien es Directora Ejecutiva de la Eternal Library Foundation participó de la décima edición de la Escuela Argentina de Gobernanza de Internet, realizada en la Universidad Tecnológica Nacional, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Junto a la doctora Mailín Herrera, de La Plata, presentó aplicaciones de blockchain y algunos de los usos concretos que plantea su encuentro con la inteligencia artificial.
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026