ANABELLA ARRUBIA

ANABELLA ARRUBIA

"Creo que la pandemia está sacando lo mejor y peor de cada uno de nosotros"

Lo aseguró la médica emergentóloga que es azuleña, tiene 30 años y reside en Buenos Aires. Trabaja en el Hospital Santojanni, donde hizo la residencia. Además de estar en el sanatorio Antártida (centro de derivación de pacientes COVID-19 exclusivamente). Un repaso por la vida de una heroína que pone en riesgo su vida para salvar la de los demás.

29 de julio de 2020

Como todos los miércoles "presentamos" a un azuleño/a destacado. Este es el caso de Anabella Arrubia que con 30 años lleva ya algunos años de trayectoria como emergentóloga en Buenos Aires.

Está trabajando en el shock room del Hospital Santojanni, en Swiss Medical y comenzó un nuevo desafío en el sanatorio Antártica, centro de derivación de pacientes COVID-19 exclusivamente. A veces Anabella trabaja más de 72 horas seguidas y atiende tanto a gente herida por armas de fuego o contagiados de COVID-19. Cuenta cómo es trabajar atendiendo casos en medio de una pandemia mundial cuando es totalmente conciente que está arriesgando su vida a cada segundo.

Por otra parte la joven no solo se destaca por su desempeño laboral, sino que jugó desde que era adolescente al vóley, llegando a competir 3 años en Ciudad de Buenos Aires en las inferiores y el equipo de división de honor.

Esta joven profesional nos representa donde vaya.

Primero llegó el vóley

-¿Cuándo se fue de Azul y qué sueños se llevó en la valija?

-Me fui a los 18 años, cuando terminé el secundario. En ese momento me fui con el objetivo de una carrera universitaria ligada a la salud, comencé el CBC para nutrición y en muy poco tiempo cambié para medicina. Me interesaba la medicina, pero en un principio le temía un poco a una carrera tan larga y demandante como me comentaban.

Por otro lado jugué al vóley durante toda mi adolescencia, inicié en Azul Vóley y luego seguí por Pueblo Nuevo de Olavarría desde los 14 años, pasando por selecciones provinciales y nacionales. Jugar en un club de la liga metropolitana también era otro objetivo. Tuve propuestas de Ciudad de Buenos Aires y San Lorenzo. Jugué 3 años en Ciudad de Buenos Aires, en las inferiores y el equipo de división de honor (es como se lo llama al equipo de primera división), luego tuve una lesión que requirió cirugía y la carrera universitaria me demandaba cada vez más por lo que tuve que plantearme prioridades y pasé a jugar al equipo de la UBA. Jugué de manera federada hasta los 26 años, luego me dediqué enteramente a la medicina.

"Con dedicación todo se puede"

-¿Cuando se despertó su vocación?

-Desde muy chica me llamó la atención las ciencias médicas. Por mi relación con el deporte estuve mucho tiempo ligada a médicos (traumatólogos, deportólogos, kinesiólogos y nutricionistas). Eso favoreció mucho a terminar de definir mi vocación.

-¿Recuerda algún momento en especial?

-¿Un momento especial?, el día que me recibí: La peor tormenta en Buenos Aires y el examen más largo de mi vida. Otro fue el día de la jura y entrega de diplomas, un momento que creí intrascendente pero sucedió todo lo contrario, muy emocionante.

-¿Cómo fue el proceso de adaptación de sus estudios? ¿le costó?, digo ¿ser del interior ?

-Me vine a Buenos Aires sin conocer, habíamos alquilado una habitación compartida en una pensión por medio de un conocido de mi mamá. Llegué preguntando y de a poco me fui haciendo, independencia nunca me faltó!.

Durante el primer cuatrismestre falleció mi mamá, el peor golpe de mi vida. Pero continué porque estudiar era lo que se me había inculcado y era mi objetivo.

La transición entre el secundario y el CBC, luego entre este y la carrera universitaria es difícil, pero con dedicación todo se puede.

Hay ciertos rasgos distintivos que tenemos los del interior con respecto a la gente criada en Capital, otra forma de vida. Pero siempre me fue muy fácil hacer amigos, en la pensión éramos 4 estudiantes todos del interior. ¡Eso ayudó y mucho!.

-¿Dónde hizo la residencia?, ¿qué es ser emergentóloga?

-Me formé y me sigo formando en el Hospital Santojanni (Hospital Público de CABA, ubicado en el Barrio de Mataderos).

Ser emergentólogo es una especialidad que si no la amas no la resistís. Nos ocupamos de tratar la emergencia de cualquier patología y cualquier especialidad. Siempre digo que son los primeros 15 minutos, y los más importantes de cualquier especialidad. Muchos nos catalogan con que VIVIMOS de guardia, pero la aclaración es que nuestro trabajo es generalmente en una guardia. (Aunque los más jóvenes no escapamos a esa regla y trabajamos mucho, pero mucho!. Personalmente he estado más de 72 horas seguidas entre trabajo y trabajo).

Es una especialidad que ahora es básica, eso significa que no necesariamente tenes que tener otra previa. Emergentólogos formados con sistema de residencia hay pocos y muy necesarios para el sistema de salud. Es una residencia en constante crecimiento que te brinda una oferta laboral muy amplia porque estamos capacitados para atender a pacientes adultos o pediátricos y trabajar en una guardia, shock room, ambulancia, aeroevacuación, etc.

"Veo morir gente todos los días"

-¿Dónde está trabajando y de que manera lo está haciendo en plena pandemia?

-Actualmente trabajo en el shock room del hospital Santojanni, en swiss medical y con la pandemia comencé un nuevo desafío en el sanatorio Antártida (centro de derivación de pacientes COVID exclusivamente).

Estoy acostumbrada a atender patologías muy variadas, sobre todo en el hospital donde la población es muy heterogénea. El hospital Santojanni está ubicado en un lugar estratégico, abarca la atención de la Avenida General Paz, autopistas, barrios vulnerables y viene mucha gente de Provincia también. Tiene helipuerto habilitado constantemente, por lo que cada vez que interviene el helicóptero de SAME aéreo lo atendemos nosotros en el shock room. Recibo desde heridas por arma de fuego o arma blanca, A.C.V., accidentes de tránsito graves, patologías cardíacas, quemados, todo tipo de accidentes, etc.

En swiss medical mi actividad es un poco más tranquila, las patologías mayormente son consultas menores pero también hay alguna que otra emergencia.

En el sanatorio Antártida me desempeño en el sector de shock room, donde recibimos los ingresos que son derivados generalmente desde hospitales públicos del Gran Buenos Aires. Es un sanatorio abocado exclusivamente a la pandemia, donde la utilización del equipo de protección personal es constante y cada vez la ocupación es mayor. Recibimos a los pacientes, los controlamos, estabilizamos si es necesario y decidimos si se internan en piso de clínica médica o terapia intensiva. Últimamente con el aumento de contagios trabajamos mucho, y la mayoría de los pacientes necesitan de una terapia intensiva, por lo que generalmente realizamos procedimientos de urgencia en la guardia como conexión a asistencia respiratoria mecánica. Con el aumento de la demanda ya tenemos camas de internación en mi sector. En este trabajo veo lo peor de la pandemia, porque al ser exclusivo los pacientes de mayor gravedad son derivados a esa institución.

-Me imagino que está estresada. ¿Cuáles son las sensaciones que le provoca todo esto, más precisamente el COVID -19?. ¿Vió morir gente? ¿uno se acostumbra a eso?. Me imagino que son experiencias traumáticas, pero usted de alguna manera está "preparada", ¿no?

-Creo que la pandemia está sacando lo mejor y peor de cada uno de nosotros. En un principio todo era mucha ansiedad, un sistema no preparado, que aseguraban que iba a colapsarse y abundaba la incertidumbre. Faltaban insumos, todos tenían miedo y a los que ya estábamos acostumbrados a utilizar protección personal, diariamente nos desviaban los mismos hacia otros servicios que los solicitaban.

Sensaciones miles, pasamos continuamente y varias veces al día por la angustia, ansiedad, miedo, incertidumbre y hasta la felicidad de ver recuperarse a los pacientes.

Sostengo firmemente que solo los que vemos esta cara de la situación entendemos la gravedad, por eso muchas veces me enoja ver gente que no respeta la situación y de esa manera pone en riesgo a todos.

Tengo varios compañeros que se han contagiado, y además de ser pacientes, no dejan de ser colegas y muchos amigos. Las sensaciones se mezclan y nunca dejo de pensar de que en cualquier momento me puede pasar a mí.

Por otro lado esta emergencia sanitaria obligó a capacitarnos, a todo el personal de salud, en varios temas y en poco tiempo. Se necesitan muchos médicos que sepan manejar un respirador o hacer una intubación, enfermeros especializados en cuidados críticos. Varias veces me pasó de tener que trabajar haciendo de médica, enfermera y kinesióloga respiratoria, eso también desgasta.

Cambiamos nuestra forma de trabajar y probablemente esto genere muchos cambios a futuro. Ya me acostumbré a utilizar el equipo de protección personal varias veces al día, a que se me lastime la cara, las manos, etc.

Personalmente aumenté mis horas de trabajo, me había tomado vacaciones en marzo y las tuve que concluir anticipada y obligatoriamente. Trabajo todos los días de la semana en diferentes horarios, 4 noches a la semana estoy de guardia y muchas veces trabajo más de 24 horas seguidas. Lamentablemente en Argentina nuestros sueldos no son suficientes por lo que debemos recurrir al politrabajo.

El cansancio está a la orden del día, no sólo físico sino también mental. Cuando vuelvo a casa intento poner la mente en blanco y tratar de dormir.

Veo morir gente todos los días, y hago todo lo que esté a mi alcance para evitarlo. Convivimos con fallecimientos entendibles y otros inexplicables, de gente de todas las edades. Lamentablemente es algo habitual en mi profesión, hay que saber sobrellevarlo porque sino te juega en contra. Si cuando terminó tu turno, te llevaste en la cabeza el paciente que no pudiste estabilizar o falleció, perdiste. Cuando termina el día de trabajo hay que intentar cambiar "el chip", aunque muchas veces cuesta, y mucho.

-Cuénteme proyectos que tenga. ¿Viene a Azul con frecuencia? ¿Tiene familia acá? ¿Qué es Azul para usted?, ¿Le gustaría trabajar y vivir definitivamente en Azul?

-¿Proyectos? Muchos. Crecer profesionalmente es mi mayor objetivo en este momento, me estoy capacitando para obtener la especialidad de medicina del deporte (ya en mitad del trayecto).

Tengo a mi familia en Azul y uno de mis hermanos en Tandil. Trato de viajar lo más que puedo, pero lamentablemente no son más de 3 o 4 veces al año.

Me ofrecieron trabajo en Azul, por ahora no es mi objetivo, tampoco volver e instalarme definitivamente. Si bien hay situaciones de vida del interior que se extrañan, pero ya luego de 12 años en Capital me siento cómoda, me adapté muy bien y si bien es otro el estilo de vida, creo que en la vida personal se vive más tranquilo que en una ciudad chica.

Igualmente mi especialidad tiene mayor desempeño en las grandes ciudades, aún me gusta la acción y la adrenalina de pacientes que seguramente no tendría en Azul, o serían esporádicos.

Creo que no se puede comparar ninguna ciudad del interior con Capital Federal como para pensar en qué es lo que le falta a Azul, porque a nivel infraestructura y sociedad son muy diferentes, están preparadas para distintas situaciones. Sólo deseo lo mejor para mi ciudad natal, que cada uno se ocupe de su progreso y sea buena persona.

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