3 de noviembre de 2016
Es sencillo intuir el terror que habrá experimentado el familiar del futbolista Blas Cáceres cuando barras le rodearon y golpearon el auto porque Vélez perdió, o la desesperación de familias en pleno paso por salir del atolladero de la avenida General Paz cuando la horda de barras de Tigre bajaron de los micros.
Ni que hablar de los que intentaban pasar una tarde soleada a la vera de esa autopista para exponer sus autos y la patota avanzó a pura fuerza, golpeando y arrebatando comida, como impunemente muestra uno de los pesados por la red social.
Pocas semanas atrás los barras de Boca, con su cúpula unificada, fue a “hablar” con los futbolistas de Boca.
El presidente de Boca, el abogado Daniel Angelici, salió del brete diciendo que iba a derivar el tratamiento del hecho al departamento de legales pero al fin admitió que eso pasa en otros clubes.
Pensar que tres años atrás seguidores de Mauro Martín y de Rafael Di Zeo, en tiempos de antagonía se enfrentaron a sangre y fuego en el bajo Flores con dos muertos: el Feco Díaz (una bandera en su homenaje suele flamear en La Bombonera) y Marcelo Carnevale. El primero respondía a Di Zeo, que negó haber participado de aquella batalla. El segundo era de la barra oficial alineada Fido Debaux, sucesor de Mauro Martín, entonces preso por una causa de homicidio en la que salió exculpado.
Ese hecho marcó la política de veda de visitantes en las canchas.
Boca tiene un régimen especial mientras muchos hinchas y socios desean asistir a un partido en La Bombonera. Los capos de la barra no solo entran a los partidos, también tienen acceso a “hablar” con los jugadores.
Los barras tienen accesos franqueables que otros no tienen. La banda de Independiente liderada por Pablo “Bebote” Álvarez hizo un asado en el club cuando ya Hugo Moyano había asumido como presidente. También aquel día hubo picadito en el césped del Libertadores de América. Cristian Ritondo no era aún ministro de Seguridad bonaerense, pero sí vocal de Independiente.
Pasó mucho tiempo hasta que a Álvarez se le impuso una restricción.
Los dirigentes de River no se quieren hacer cargo de vender entradas para sus hinchas por temor a que aticen el conflicto interno entre los barras.
La interna de Racing fue la que llevó a los funcionarios de la APREVIDE a que no haya visitantes en el partido ante Estudiantes en La Plata.
La violencia de las barras bravas no solo se llevó cientos de vidas y la amenaza no se detiene.
Tampoco es que recién ahora le afecta a un jugador, como el caso de Cáceres.
Pasaron casi dos décadas: el 8 de mayo de 1988 Claudio Zacarías, defensor de San Lorenzo e hijo de un gestor de campeones de boxeo, se preparaba para jugar un partido de fútbol en Córdoba. Barras de Instituto lanzaron una bomba en el vestuario visitante. Un vidrio se quebró y le partió una arteria de la axila. Casi muere desangrado. “El brazo no me sirve para nada”, fue una cruda declaración de Zacarías años después.
Hoy Cristian Nasuti, compañero de Blas Cáceres, intentó una explicación: “una sociedad bastante podrida”.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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