31 de enero de 2016
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El 30 de enero de 1976 nacía el AMCA y Oscar Mauricio Franco resultaba electo como el primer presidente de su historia. Ahora, el que comenzó el camino y quien hoy lo sigue demarcando fueron entrevistados por EL TIEMPO. Una reciente mañana, en el flamante autódromo del club, “Cacho” e Ignacio Laborda volvieron por un rato a aquella génesis, surcaron por algunos recovecos de estas cuatro décadas y atravesaron la meta en este presente de obras y motivos profundos de celebración. Eso sí: no dejaron de acelerar, pues el camino tiene mucho por delante.
“Creció con voluntad y con el ánimo de todos aquellos muchachos jóvenes que éramos casi todos”. Oscar “Cacho” Franco dirá esa frase como al pasar, parado en uno de los extremos de la recta principal de “su” autódromo, pero por simple no es una referencia cualquiera. Porque algo hubo en ese germen de 40 años atrás, un impulso vital cuya ola expansiva actúa sobre el presente y multiplica ánimos, decisiones arriesgadas y amor por el Auto Moto Club Azul, el meollo de toda esta nota. Y como las instituciones son las personas que la integran, que le dan carácter, inserción social, prestigio, en fin, las que insuflan viento en sus velas, un nuevo aniversario del AMCA fue un pretexto valioso para dialogar con dos de las muchas personas significativas que hicieron, con lo bueno y lo malo, de esta institución lo que es hoy.
A la cita en el nuevo circuito, invadido actualmente por máquinas viales y camiones que poco descansan en el desarrollo de obras de infraestructura (los que no descansan son los trabajadores, desde ya), asistieron de mañana don “Cacho” –acompañado por su ladera inseparable, María, su compañera– e Ignacio Laborda, presidente del AMCA.
Con la particular música de fondo que interpreta una máquina que remueve el suelo del futuro playón de boxes, la charla fluye ante el mínimo estímulo del periodista; Franco rápidamente se internará en aquellos días veraniegos de 1976 y como un curador que guía el recorrido por una galería de cuadros, irá soltando referencias y pareceres entre recuerdos y nuevas miradas sobre el nacimiento del club. A su turno, Laborda tomará la posta en el diálogo (como lo hizo en la vida institucional) y además de ubicar su gestión en la historia de cuatro décadas fierreras de la institución, mirará hacia delante desde el asfalto que determina la recta del OMF, pues considera que “si nos quedamos únicamente viviendo de los recuerdos, nos quedamos estancados en el tiempo”.
–Cuando, 40 años atrás, tuvieron aquel primer atrevimiento –fundacional–, ¿era tal el entusiasmo y optimismo como para proyectar este nuevo autódromo (otro atrevimiento), que encima lleva su nombre?
–CF: Te diría que casi imposible, porque el nacimiento como organizadores y proyecto de traer a Azul algo tuerca era un espejismo, cuando en aquel entonces se conformó aquella subcomisión en el club Boca Juniors. ¿Por qué eso? Porque teníamos conocimiento de que si no había Personería Jurídica, por supuesto esto no tenía la importancia ni la seguridad que debía.
Nació ahí, creció con voluntad y con el ánimo de todos aquellos muchachos jóvenes que éramos casi todos, lo que también de la mano nació lo que se llamó Promocional 850. La categoría tuvo su primera presencia en sociedad como complemento del Ford T, que en aquella época era una figura importante dentro del ámbito zonal. Y dentro de esa categoría Promocional, que era Renault, Fiat 600 y Citroën, se presentó con cinco autos y el Ford T como hoy el Turismo Carretera. Así nace todo, y así crece todo.
–¿Los primeros desafíos que tuvieron ustedes pasaban más por lo deportivo o lo dirigencial?
–CF: Necesitábamos conocer los medios, las formas y, por qué no, las fórmulas de ir haciendo algo que supuestamente uno anhela. Sin pensar entonces lo que hoy estamos pisando –ustedes, nosotros y que lo harán, si Dios quiere, muy pronto aquellos que lo merecen en función de competencia de autos–.
Pasados tres años tuvimos el atrevimiento de querer organizar y hacer nacer un club que se llamó Auto Moto Club Azul, con las mismas personas, las mismas ganas, el mismo ánimo pero, por supuesto, con más conocimiento de lo legal. Eso nos permitió en el tiempo hacer muchas cosas: de poder alquilar un terreno para poder hacer pistas, también ayudar a los clubes de Azul en función de lo que era ser dirigente, casualmente también como una vocación del Automóvil Club Argentino, porque formamos parte a través de la Federación Nº 3, la que corresponde a Azul y todo el partido.
–¿Usted recuerda hoy cuál era el contexto regional automovilístico en el cual ustedes comenzaron con el AMCA? ¿Tenían donde buscar referencias?
–CF: Siempre hubo clubes fuertes, como el AMCO en Olavarría, que toda la vida hizo Turismo Carretera, y otros que clubes que también fueron importantes. Teníamos donde aprender, de lo nacional de aquella época pasarlo a lo zonal de hoy. Preguntamos, consultamos, viajaron amigos de Olavarría, amigos de Las Flores; el AMCO siempre estuvo cerca nuestro. Nunca nos dio vergüenza consultar y que nos orienten. ¿Y cuál fue el resultado nuestro? De los distintos dirigentes que pasaron, presidentes que tuvieron la oportunidad de poner en práctica sus ocurrencias (fueron todas, por supuesto, nobles, con ánimo de progreso), llegamos a que hoy por hoy tenemos una comisión muy bien formada, con un Auto Moto Club Azul debidamente reconocido en el orden nacional y tenemos lo que estamos pisando en este momento. Es un club que logró, con gente nueva, joven, con ánimo de hacer cosas, un sueño cumplido: estamos ahora pisando un piso reglamentado, reglamentario, con todas las exigencias propias que requiere un autódromo. Azul tiene que saber que lo prometido dejó de ser deuda, es casi cumplido, por eso es necesario el apoyo de toda una ciudad para ver cumplido totalmente este orgullo que uno tiene como azuleño y deportista.
–Este autódromo es un mojón fundamental en la historia del AMCA. ¿Usted podría traer a la charla algunos otros momentos de igual o mayor importancia del club a lo largo de las cuatro décadas de vida?
–CF: Te voy a comentar algo que fue antes de un pensamiento nuestro de un futuro club: el primer ejercicio de algo tuerca en Azul, las famosas picadas que se hicieron en el Camino Viejo a Tandil. Dijimos entonces que algo teníamos que hacer. ¿Qué teníamos? Teníamos ganas, no teníamos plata, entonces se nos ocurrió correr picadas con gente de Azul, gente vecina, gente amiga. Ahí pudimos ver que el azuleño se entusiasmaba viendo algo así. Eso lo cito como una semilla de algo que después, como Subcomisión de Boca Juniors, hizo que nacieran las ganas de hacer algo más por Azul, se hizo; de ahí surgió el Auto Moto Club Azul. Después vino esa Personería Jurídica que nos dijo que podíamos hacer algo más, como por ejemplo, alquilar una chacra donde hicimos el circuito. Más adelante comprar un predio donde tuvimos el Panorámico en el Paso Mandagarán, que se alquiló y después se compró. De ese entonces a ahora fijate cuántas cosas se hicieron. Hoy decimos “lo hicimos”… ¡lo hicieron!, yo como azuleño digo “lo hicimos”, pero en realidad lo hicieron ellos, con un patrimonio propio del AMCA. Te podría nombrar un sinfín de cosas más, momentos importantes, pero hoy es tiempo de dejar lugar a los nuevos dirigentes, las nuevas ideas, la juventud. Así que te diría que como azuleño estoy orgulloso, como fundador del Auto Moto Club Azul, más que contento y como…tener un autódromo propio, ¿no te parece que es demasiado ya?.
A la Presidencia del legislativo local se elevó un informe por parte de la concejal representante del Concejo Deliberante en el EMTUR (Ente Mixto de Turismo). La edil Natalia Colomé, de esa manera, dio cumplimiento a lo establecido en la Ordenanza N° 5286 del 2026.
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