ENFOQUE

ENFOQUE

El shock en la modernidad

28 de junio: a 106 años del asesinato de al archiduque Francisco Fernando y a su esposa, el cual desataría la Gran Guerra.

28 de junio de 2020

Por Francisco Bariffi

A principios del siglo XX, una generación que, en palabras de Walter Benjamin, "había ido a la escuela en tranvía tirado por caballos", se encontró de pronto en un campo de batalla por el que sobrevolaban máquinas de las que se desprendían objetos explosivos. En esos campos de batalla, como en los mares y en el cielo, el horror era producido por los más nuevos inventos del hombre: el tanque, la ametralladora, el lanzallamas, el gas venenoso que provocaba largas agonías en los hombres, las posteriores máscaras anti-gas, los portaaviones, las radios para el control aéreo, los nuevos submarinos y las bombas subacuáticas.

Es ese el horror del que los soldados volvieron mudos. Sin pudor, la Gran Guerra les había exhibido una serie de innovaciones técnicas en la producción de instrumentos militares y máquinas de matar. Innovaciones bélicas que fueron parte de un cambio tecnológico brusco y sin precedentes, el cual venía gestando sus potencialidades destructivas desde el siglo IXX.

Sin previo aviso, los cuerpos de toda la generación a la que Benjamin se refiere habían sido expuestos a un choque, o shock, de múltiples estímulos para el que no se encontraban preparados. Es ese bombardeo de estímulos que el cuerpo sufre en las trincheras, ese shock, producido por las mencionadas transformaciones tecnológicas en la Modernidad, lo que deja mudos a los soldados cuando regresan de la guerra a sus hogares. ¿Pero qué indica este mutismo?

El shock y la crisis de la experiencia

El choque perceptivo que sufren los cuerpos deja mudos a los hombres porque, según Benjamin, produce una crisis de la elaboración de la experiencia y de su comunicabilidad. En la obra de Benjamin, una experiencia no es cualquier vivencia del cuerpo (la cual nombra bajo el término Erlebnis, y la cual no se encontraría en crisis), sino una elaboración de sentido por medio del lenguaje, en base a las vivencias pasadas, que se vuelve transmisible a un otro (Erfahrung). Este último sentido de experiencia es el que estaría en crisis. Cada vez más inusual es, según el autor, encontrar individuos (soldados o no) que sean capaces de articular sus vivencias en palabras para así formular experiencia. Cada vez más inusual es, entonces, encontrar individuos que logren comunicar esas vivencias, es decir, narrarlas a alguien más. Siguiendo esta lógica, Benjamin llegar a señalar el riesgo en que se encuentra en la Modernidad lo que él considera una de las facultades humanas fundamentales: la de intercambiar experiencias, el arte de narrarlas.

El shock en la Modernidad

Pero los importantes cambios que ocurrieron a principios del siglo XX en Europa, gracias a las innovaciones de la técnica, no sólo pueden observarse en la guerra, sino también en las ciudades, el arte (el cine y la fotografía) y los medios de comunicación (la prensa, con su difusión de información). En estas distintas inflexiones de la Modernidad también se fija Benjamin para rastrear, entre otras cosas, la causa de la gran pobreza en cuanto a experiencias comunicables, porque ellas también producen la mencionada sobreestimulación perceptiva. El "campo de fuerza de corrientes devastadoras y explosiones" en que el cuerpo humano se encuentra, puede leerse no sólo como el campo de batalla, sino como una metáfora de la forma en que viven los cuerpos en nuestros tiempos.

Es por eso que a Benjamin interesa, por ejemplo, la figura del flâneur. La ciudad por la que ese sujeto antes paseaba ya no existe. Rápidamente sufrió transformaciones que tomaron al cuerpo y sus capacidades de percepción por sorpresa. Es ahora una ciudad en donde ese cuerpo está expuesto a un bombardeo perceptivo, en donde prima el ritmo de lo rápido, lo violento, entre los miles de cuerpos que conforman la masa (y eso que Benjamin escribió mucho antes del surgimiento de celulares y computadoras).

Nos referimos a una situación como la que podemos leer, por ejemplo, en el cuento "Consolación por la baratija", del escritor argentino Marcelo Cohen. En él, el narrador-personaje transita las calles del barrio de Once casi a ciegas, después de haberse sometido a un examen de fondo de ojo. El hombre oye, huele, y, como si se tratase de la sucesión de escenas en una película, logra ver cosas que rápidamente se superponen con otras nuevas: colectivos, carteles, chinelas de felpa, celulares a mitad de precio, tortillas de maíz, metros de tela imitación leopardo, iglesias, falsificaciones de perfumes caros, libros de Anatomía, entre otros miles de objetos diversos y proliferantes (además de la muchedumbre consumista) que se cruzan por los confundidos ojos del personaje en una "apabullante acumulación de instantáneas", o en una corriente para la que es difícil encontrar palabras. Los aspectos de la Modernidad en que se fija Benjamin provocarían un nuevo tipo de sujeto enmudecido. Un cuerpo al que se desafía a nuevos escenarios y percepciones. Un sujeto para el que la experiencia ya no es la misma.

Comparte tu opinión, dejanos tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

ALLANARON UNA CHACRA

Investigan a un hombre por "curanderismo"

10/07/2020

Según lo informado, para curar el coronavirus ofrecía clorito de sodio, un compuesto químico altamente tóxico en caso de ser ingerido. leer mas