LOS BELGRANO Y EL AZUL

LOS BELGRANO Y EL AZUL

Epidemia, cuarentena y oportunidades...

Un episodio singular surge de la correspondencia que mantenían los descendientes del creador de nuestra bandera, quienes vivían o mantenían estrechas vinculaciones con esta ciudad.

Por: Eduardo Agüero Mielhuerry
11 de julio de 2020

En el "Año de General Manuel Belgrano", durante el transcurso de una pandemia que trastocó las costumbres de todo el mundo y, obviamente, las de ciudades como Azul.

Un episodio singular surge de la correspondencia que mantenían los descendientes del general Manuel Belgrano quienes vivían o mantenían estrechas vinculaciones con Azul.

Como ya había ocurrido en años anteriores, la fiebre amarilla volvió a azotar Buenos Aires en 1871. Transmitida por el mosquito Aedes aegypti, provocó unos 14.000 muertos sólo en la ciudad porteña, siendo la mayoría de las víctimas inmigrantes italianos, españoles, franceses y de otras partes de Europa.

Anteriormente, la enfermedad había llegado a Buenos Aires en los barcos que arribaban desde Brasil, donde era endémica. Sin embargo, en el año en cuestión, se estima que habría arribado de Asunción del Paraguay, transportada por los soldados que retornaban de la Guerra de la Triple Alianza.

La propagación de la enfermedad por toda la ciudad y en otras localidades del interior, pronto alertó a las autoridades del Azul, donde también se registraron casos.

El presidente de la Corporación Municipal y juez de Paz, José Botana, frente a la epidemia refrendó la disposición Nº 116 que determinaba:

"La municipalidad en sesión de la fecha, acuerda y ordena:

Art. 1º Los pasajeros de las galeras y toda persona procedente de puntos infestados, harán en San Benito cuarentena de seis días a contar desde el de la salida de la Capital.

Las galeras pasarán a dicho punto por entre las chacras de Pastor López y Baseros.

Art. 2º Las personas que pretendan bajo cualquier forma o pretexto eludir la cuarentena, se les impondrá una multa discrecional y seis días de cuarentena en el Lazareto.

Art. 3º La empresa de mensajerías pasará una planilla de todos los pasajeros que traiga y lleve con sus nombres, edad, procedencia y destino. Azul, 19 de Marzo de 1871.".

En este contexto, pero sin conocer lo que sucedía en el pueblo, Manuel Vega Belgrano y su hijo mayor, "Manuelito", yerno y nieto respectivamente del Creador de la Bandera, viajaron en tren hasta los pagos azuleños.

El ferrocarril recién arribó a Azul el 9 de julio de 1876; sin embargo, previamente, la punta de riel estaba a unos 35 kilómetros del pueblo, aproximadamente en lo que hoy es la zona de Parish. Allí se habían instalado varias galeras a través de las cuales los viajeros completaban el recorrido al punto que requirieran.

A pesar de la cuarentena establecida por el gobierno azuleño, muchos vecinos decidieron por cuenta propia cerrar las puertas de sus comercios o cancelar los servicios que brindaban, tal como sucedió con el sistema de galeras.

Manuel y su hijo llegaron a la punta de riel el 25 de marzo de 1871 y allí descubrieron que no tenían ningún medio de transporte para completar el viaje hasta el pueblo. Conocedor de la zona, Manuel decidió que debían caminar hasta la posta que se hallaba a unos cinco kilómetros. Pero las sorpresas para los desafortunados viajeros no concluirían allí... Al rato de iniciada la caminata, la amenazante tormenta que cubría el cielo se desató en una copiosa lluvia... Los Vega Belgrano llegaron a la posta empapados y, para completar el panorama, nadie los atendió; los dueños habían cerrado sus puertas por temor al contagio. Padre e hijo pernoctaron en el corredor de la casa, con la única fortuna de haber encontrado unos cueros de carnero para abrigarse. Temprano, por la mañana, bajo mejores condiciones, continuaron caminando rumbo al Azul.

Tres días después de los episodios, "Manuelito" le escribió con entusiasmo a su hermana "Florita" contándole la experiencia vivida y resaltó que el pueblo continuaba trabajando arduamente en una incesante vorágine productiva y comercial.

El curandero oportunista

No se sabe cuándo ni dónde nació, pero lo cierto es que Jerónimo Solané, tras breves estadías en Santa Fe y Rosario, se radicó en Azul, en unos campos limítrofes con Tapalqué. Con una figura desgarbada, el cabello canoso y desarreglado, y una larga barba blanca, pese a no alcanzar los 50 años de edad, en su rol de sanador y profeta era conocido como "Tata Dios".

Su popularidad no dejaba de crecer, principalmente entre aquellos "crédulos" que buscaban una cura a los males que azotaban a los vecinos entre las pócimas que indiscriminadamente proporcionaba como curandero. Repentinamente, sin tapujos, anunció que el 15 de noviembre de 1871 el mismísimo San Francisco de Asís aparecería en el pueblo del Azul. Semejante noticia causó un gran revuelo y logró la movilización de al menos cuatro centenares de vecinos de la región, poniendo en alerta a las autoridades municipales.

El médico de Policía, Alejandro Brid, completamente alarmado, hizo una denuncia ante el comisario Reginaldo Ferreyra, exigiéndole que lo hiciera comparecer por "ejercicio ilegal de la medicina".

En su comparecencia ante el Comisario y el Doctor, Solané reconoció que les brindaba remedios y algunos brebajes a las personas que se los solicitaban. Inmediatamente, quedó detenido. Aunque no por mucho tiempo... El juez de Paz, José Botana, aunque el interrogado confesó su delito, lo dejó en libertad. Sin saberlo, Botana marcó el destino de un pueblo vecino...

A los pocos días, Solané se dirigió a la ciudad de Tandil para continuar con sus actividades. Y allí, en la madrugada del 1 de enero de 1872, encabezó las hordas que atacaron la ciudad serrana al grito de "¡Viva la Patria!", "¡Viva la religión!" y "¡Mueran los gringos y masones!". El saldo trágico fue de casi medio centenar de personas asesinadas a sangre fría.

El "Tata Dios" y varios de sus cómplices fueron detenidos. Finalmente, en la madrugada del 6 de enero, Jerónimo Solané murió en el calabozo baleado por un desconocido.

Saliendo adelante...

La historia de todos los pueblos golpeados por alguna desgracia, cualquiera sea su origen, deja en evidencia que sólo saldrán adelante aquellos que busquen el camino en conjunto, basados en la solidaridad y la empatía. Siempre hay "vivillos", pero como dice el dicho: "Hay que separar la paja del trigo".

A principios del siglo XX, Azul sufrió, puntualmente en Villa Fidelidad, los embates de la viruela. Surgen como ejemplo de aquellos episodios las figuras del médico Ángel Pintos y el joven sacerdote César Antonio Cáneva. Ellos le demostraron al pueblo que, juntos un religioso y un hombre de ciencia, podían ayudar a los enfermos y necesitados.

Los Belgrano fueron parte de la lucha dada en Azul posteriormente a la epidemia. Pero no fueron los únicos. El pueblo en su plenitud entendió que sólo a través del esfuerzo se puede salir de cualquier situación y aunque no se puede establecer irrefutablemente un vínculo entre la epidemia y el posterior crecimiento del pueblo-ciudad, si se puede establecer que la superación de aquellos complejos sucesos se da mancomunadamente.


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